Científicos españoles marcan un hito sin precedentes creando un material de nanopartículas de platino que cambia la lucha contra el cáncer

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Publicado el: 20 de mayo de 2026 a las 18:42
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Investigadora trabajando con nanopartículas de platino en un laboratorio para mejorar la radioterapia contra el cáncer.

Un equipo de la Universidad de Zaragoza en el Instituto de Nanociencia y Materiales de Aragón (INMA), centro mixto del CSIC y la Universidad de Zaragoza, ha desarrollado unas nanopartículas de platino capaces de aumentar la eficacia de la radioterapia contra el cáncer en ensayos preclínicos. El avance ha logrado frenar el crecimiento tumoral y mejorar la supervivencia en modelos animales, aunque todavía está lejos de convertirse en un tratamiento disponible para pacientes.

La clave está en algo que parece pequeño, pero no lo es. Estas partículas miden apenas entre 2 y 3 nanómetros y actúan dentro del tumor con un doble efecto. Por un lado, amplifican el daño de la radiación. Por otro, ayudan a generar oxígeno localmente, algo decisivo cuando el tumor vive en una especie de zona pobre en oxígeno. Y ahí empieza lo interesante.

Qué han creado

Los investigadores han diseñado nanopartículas de platino ultrapequeñas, miles de veces menores que el grosor de un cabello. En el estudio se probaron tanto mediante administración directa en el tumor como por vía intravenosa, dos caminos distintos para comprobar si podían potenciar la radioterapia.

El trabajo ha sido liderado en el INMA por Miguel Encinas, José Ignacio García-Peiró, José Luis Hueso y Jesús Santamaría. También han participado el Instituto de Salud Carlos III y el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y la Universidad de Elche. No es poca cosa.

El problema de la hipoxia

Uno de los grandes obstáculos de la radioterapia es la hipoxia tumoral. Dicho de forma sencilla, muchos tumores sólidos crecen tan deprisa que sus vasos sanguíneos no funcionan bien y algunas zonas se quedan con poco oxígeno.

¿Por qué importa esto? Porque la radioterapia daña el ADN de las células cancerosas, pero en un ambiente con poco oxígeno ese daño puede no quedar fijado de forma irreversible. En la práctica, algunas células tumorales tienen más margen para repararse y seguir adelante.

Cómo ayuda el platino

El platino tiene un número atómico alto, una característica que le permite absorber mejor la radiación. Cuando recibe rayos X, favorece la producción de electrones secundarios, pequeñas partículas que aumentan el daño directo sobre el ADN de las células tumorales.

Pero el avance no se queda ahí. Las nanopartículas también muestran una actividad parecida a la catalasa, una enzima capaz de transformar peróxido de hidrógeno en oxígeno. Ese oxígeno local ayuda a «reoxigenar» el tumor y dificulta que las células cancerosas reparen el daño causado por la radiación.

En el fondo, lo llamativo es que una misma partícula hace dos trabajos a la vez. Actúa como amplificador físico de la radiación y como generador químico de oxígeno. Dos golpes sobre el mismo problema.

Qué se vio en los ensayos

Los experimentos se hicieron en modelos celulares y animales. Según el estudio, las nanopartículas de platino por sí solas no mostraron un gran efecto antitumoral, pero combinadas con rayos X sí reforzaron la acción de la radioterapia.

En uno de los modelos animales, el tratamiento combinado produjo una detención del crecimiento tumoral hasta el final de las mediciones. Además, en el análisis de supervivencia realizado hasta el día 43, tres animales del grupo tratado con nanopartículas y radiación seguían vivos al terminar el ensayo, frente a peores resultados en los grupos de control o radioterapia sola.

Hay que leerlo con calma. Esto no significa que se haya descubierto una cura inmediata contra el cáncer. Significa que, en condiciones preclínicas muy controladas, el material consiguió mejorar el efecto de la radiación.

Por qué importa el tamaño

El tamaño de estas nanopartículas es una de sus ventajas potenciales. Al tener un núcleo de apenas 2 a 3 nanómetros, podrían eliminarse de forma progresiva por vía renal, algo importante cuando se piensa en reducir riesgos para el organismo.

El estudio también señala que no se detectó toxicidad sistémica bajo las condiciones ensayadas. Esa frase es importante tal como está escrita, porque no equivale a decir que ya sean seguras en humanos. Solo indica que, en esos modelos y con esas dosis, no se observaron señales sistémicas preocupantes.

Lo que falta por demostrar

Los propios investigadores subrayan que el trabajo está en fase de «prueba de concepto». Es decir, sirve para demostrar que la idea funciona en modelos experimentales, pero todavía queda mucho camino antes de pensar en un uso clínico real.

El gran reto será conseguir que una cantidad suficiente de nanopartículas llegue al tumor y no se acumule donde no debe. También harán falta estudios de biodistribución y ensayos con condiciones más parecidas a las de la radioterapia usada en hospitales, algo que el propio artículo científico menciona como necesario para avanzar hacia una posible traslación.

Un avance prometedor

La radioterapia es una herramienta fundamental contra muchos tumores, pero no siempre consigue el mismo resultado. Si en el futuro se pudiera hacer más eficaz con dosis ajustadas y menos daño fuera del tumor, el impacto para los pacientes sería enorme. Ese es el horizonte, aunque todavía no la realidad.

Por ahora, este avance abre una nueva vía en nanomedicina contra el cáncer. Pequeñísima en tamaño, pero grande en posibilidades. 

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Advanced Functional Materials.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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