Una proteína de los tardígrados, los diminutos animales conocidos como “osos de agua”, ha inspirado una estrategia experimental para proteger tejidos sanos frente a la radiación. Un estudio publicado en 2025 consiguió reducir el daño en el ADN de tejidos de ratones, un paso hacia tratamientos contra el cáncer con menos efectos secundarios. La utilidad en pacientes todavía debe demostrarse.
La historia conecta con un experimento espacial de 2007. Entonces, unos 3000 tardígrados viajaron a bordo de Foton-M3 y algunos resistieron condiciones que resultarían letales para la mayoría de los animales. Pero conviene mirar los resultados con lupa, porque sobrevivir al vacío y soportar la radiación ultravioleta fueron pruebas muy diferentes.
Diez días al descubierto
El experimento TARDIS utilizó la plataforma Biopan-6, situada en el exterior de la cápsula. La misión duró 12 días, según la ESA. La exposición de los animales al entorno espacial se prolongó durante diez, según el trabajo publicado en Current Biology en 2008.
Los ejemplares viajaron desecados, en un estado de reposo que les permite afrontar la falta de agua. Esa capacidad encaja con sus ambientes terrestres, entre ellos pequeñas acumulaciones de agua y superficies vegetales húmedas. Su resistencia ya existía mucho antes de que alguien decidiera ponerlos en órbita.
El matiz del 68 %
Los investigadores separaron los efectos del vacío y de la radiación solar. Los animales protegidos de la luz ultravioleta sobrevivieron al vacío con resultados similares a los controles que permanecieron en tierra.
En el grupo expuesto al vacío y a rayos UVA y UVB, el 68 % de los ejemplares de Milnesium tardigradum recuperó actividad durante los primeros 30 minutos tras recibir agua. Sin embargo, la mortalidad posterior fue elevada. Ese porcentaje describe una recuperación inicial dentro de un grupo concreto.
Cuando la exposición incluyó todo el intervalo ultravioleta ensayado, solo sobrevivieron tres ejemplares de esa especie. Por eso, aplicar el 68 % a todos los animales enviados al espacio daría una imagen equivocada de su resistencia.
Una pista en el ADN
En 2016, el equipo de Takuma Hashimoto identificó una proteína llamada Dsup al estudiar otra especie, Ramazzottius varieornatus. Su nombre abrevia “damage suppressor” (supresora de daños) y su asociación con el ADN despertó el interés de los investigadores.
Las células humanas cultivadas que producían Dsup sufrieron aproximadamente un 40 % menos de daño en el ADN provocado por rayos X. El resultado, publicado en Nature Communications, mostró una posible herramienta de protección celular. Aún quedaba por averiguar cómo llevarla hasta un tejido y controlar su efecto.
Instrucciones de corta duración
Ese fue el reto que abordaron investigadores del MIT, el Hospital Brigham and Women’s y la Universidad de Iowa en 2025. Introdujeron ARN mensajero con las instrucciones para fabricar Dsup dentro de nanopartículas compuestas por lípidos y polímeros. Las células podían producir así la proteína temporalmente.
El equipo inyectó esas partículas en tejidos de la boca o del recto de ratones antes de irradiarlos. Según la explicación del MIT, observaron una reducción cercana al 50 % en las roturas de doble cadena del ADN causadas por la radiación.
La duración también se midió. La producción de Dsup alcanzó su máximo alrededor de seis horas después de la inyección y, al cabo de cuatro días, apenas se detectaba proteína o ya había desaparecido. Esa ventana temporal permite estudiar una protección limitada al periodo de tratamiento.
Cuidar el tejido sano
¿Qué podría cambiar para una persona que recibe radioterapia? En los tratamientos de cabeza y cuello, las lesiones en la boca pueden hacer doloroso comer o beber, mientras que la irradiación de la próstata puede dañar el recto. Reducir esas lesiones es la necesidad que impulsa esta investigación.
Había otra cuestión fundamental que comprobar. En los ratones con cáncer oral estudiados, la protección local conservó la eficacia de la radioterapia contra el tumor. Es un resultado relevante, aunque su alcance corresponde a ese modelo experimental.
El camino hacia los pacientes
Queda por establecer la seguridad y la eficacia en personas. Entre los retos señalados por los investigadores figura la posible respuesta inmunitaria frente a una proteína procedente de otro animal. Por eso plantearon desarrollar versiones más adecuadas para su uso humano.
La investigación continuó en 2026 con resultados preliminares sobre la quimioterapia. Un resumen de congreso describió que Dsup reducía el daño en el ADN y la senescencia celular (un estado en el que las células dejan de dividirse) en células del epitelio respiratorio expuestas a bleomicina. Son ensayos de laboratorio y todavía no demuestran un beneficio clínico.
El estudio de radioprotección se publicó el 26 de febrero de 2025 en Nature Biomedical Engineering. La actualización sobre quimioterapia apareció en 2026 como resumen científico en Cancer Research
Imagen: Brandon Antonio Segura Torres y Priscilla Vieto Bonilla / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)







