La cueva de Fingal, en la isla escocesa de Staffa, reúne columnas volcánicas de unos 60 millones de años y una acústica que envuelve al visitante con el sonido del mar. Su aspecto recuerda al interior de una catedral, aunque aquí las paredes las levantó la lava y el océano abrió el espacio.
¿Cómo puede una roca acabar convertida en algo parecido a una sala de conciertos? La explicación combina el enfriamiento del basalto, la erosión marina y los rebotes del sonido, tres procesos que ayudan a entender este rincón de las Hébridas y su relación con la música de Felix Mendelssohn.
Columnas nacidas del enfriamiento
El basalto es una roca volcánica que se forma al enfriarse la lava. En Staffa, las coladas se contrajeron mientras perdían calor y aparecieron grietas que avanzaron hacia el interior, separando la roca en largas columnas.
Muchas tienen seis lados, pero también las hay de cinco y siete, según el Scottish Geology Trust. Esa geometría tan ordenada puede parecer obra de un cantero, aunque responde a procesos naturales y presenta irregularidades.
Un estudio publicado en PNAS en 2009 investigó este mecanismo con un material sorprendente, el almidón de maíz. Al secarse, producía columnas mucho más pequeñas, pero con patrones comparables a los del basalto, lo que permitió estudiar cómo se relacionan la contracción y el tamaño de las fracturas.
El Atlántico abrió la cueva
Después entró en juego el mar. Según el National Trust for Scotland, encargado de conservar la isla, el oleaje aprovechó las grietas entre las columnas y fue desprendiendo bloques de basalto.
Los fragmentos arrancados también participaron en la excavación, porque las olas de temporal los lanzaban contra los acantilados. Así se fueron ampliando las cavidades, y Fingal es una de las 19 cuevas marinas que recoge la entidad en Staffa.
Conviene distinguir las edades de ambos elementos. Los aproximadamente 60 millones de años corresponden a las rocas volcánicas, mientras que la cueva se excavó después por la acción del océano.
Por qué resuena el oleaje
El nombre gaélico An Uamh Bhinn significa «la cueva melodiosa». La investigadora Shona Noble, de la Escuela de Arte de Glasgow, explica que las superficies duras y angulosas del basalto reflejan el sonido en múltiples direcciones.
Es lo que se conoce como reverberación, esa prolongación del sonido que también percibimos al hablar en una iglesia o un gimnasio vacío. En Fingal, las reflexiones se mezclan y el resultado puede ser agradable o inquietante según las condiciones meteorológicas.
Para recrear esa experiencia, Noble utilizó un registro acústico obtenido en 2014 por el proyecto HARPS. El equipo emitió una señal que recorría frecuencias de 20 a 20.000 hercios y registró la respuesta de la cueva, una técnica útil ante el ruido del viento y las olas.
Mendelssohn y su carta
El viaje de Mendelssohn por las Hébridas en 1829 quedó ligado a su célebre obertura Las Hébridas, pero hay un detalle que cambia la anécdota más repetida. La Universidad de Yale documenta que su carta del 7 de agosto ya incluía los primeros 21 compases, un día antes de visitar Fingal.

El compositor escribió sobre «lo extraordinariamente que me han impresionado las Hébridas». Por tanto, atribuir el nacimiento de aquellas primeras notas exclusivamente a lo que escuchó dentro de la cueva va más allá de lo que permite afirmar el documento.
Visitar también implica cuidar
Staffa es una reserva natural y llegar depende del estado del mar. El National Trust for Scotland advierte de que el tiempo puede cambiar rápidamente y de que las rocas son muy resbaladizas cuando están mojadas.
También pide mantener la distancia con las aves y sus nidos, además de respetar las zonas delimitadas. Conviene consultar sus avisos antes de viajar, porque disfrutar del paisaje exige adaptarse a un lugar donde conviven visitantes, fauna y un océano que sigue erosionando la costa.
Una historia que sigue afinándose
La investigación continúa ampliando el contexto volcánico de este paisaje atlántico. El 15 de junio de 2026, el British Geological Survey difundió nuevos resultados sobre las rocas volcánicas de Irlanda del Norte, incluida la Calzada del Gigante, otro conocido ejemplo de columnas de basalto.

El trabajo sitúa su formación regional en un intervalo de unos 5,5 millones de años, frente a los 13,5 millones estimados anteriormente, y la relaciona con el gran episodio volcánico del Atlántico Norte. Ese intervalo describe una sucesión de procesos geológicos, no el tiempo que tardó en excavarse la cueva de Fingal.
La actualización ayuda a reconstruir con más precisión aquella etapa de actividad volcánica de hace unos 60 millones de años. El comunicado oficial sobre estos resultados fue publicado por el British Geological Survey.
Foto: James Westland / Scottish Geology Trust









