¿Cómo se lee un libro que se deshace al intentar abrirlo? Un equipo de investigadores ha encontrado una posible ayuda para los papiros carbonizados de Herculano, sepultados por el Vesubio en el año 79, al comprobar que el plomo de la tinta permite distinguir mejor las letras mediante rayos X.
El trabajo, encabezado por Douglas Seiler, vinculado a la Universidad de California en Berkeley, se ha probado con réplicas modernas. Su propuesta es buscar primero qué rollos antiguos contienen plomo para elegir los candidatos con más posibilidades de lectura, aunque todavía falta demostrar cómo funciona esta selección sobre los originales.
Una biblioteca convertida en carbón
Los papiros aparecieron durante las excavaciones del siglo XVIII en una villa de Herculano, cerca de Nápoles. El calor volcánico los había convertido en objetos negros y quebradizos, pero conservaban en su interior textos de la Antigüedad.
Intentar desenrollarlos tuvo un coste muy alto, porque muchos se rompieron durante las primeras intervenciones. El proyecto Desafío Vesubio recuerda que más de 600 quedaron sin abrir, con palabras que durante siglos parecían fuera de nuestro alcance.
Leerlos resulta difícil incluso con tecnología moderna. Buena parte de la tinta contiene carbono, igual que el papiro carbonizado, de modo que distinguir las letras mediante rayos X se parece a buscar un dibujo negro sobre una hoja también negra.
La pista está en la tinta
El plomo cambia esa situación porque absorbe los rayos X con mucha más intensidad y hace que la escritura destaque. La idea parte de una pista real, ya que una investigación de 2016 detectó este metal en las letras de dos fragmentos de Herculano.
Eso no significa que todos los rollos tengan la misma composición. Tampoco está completamente aclarado por qué algunas tintas contenían plomo, que pudo formar parte de sus ingredientes o de un producto añadido para facilitar el secado.
Quemar para aprender a leer
Para ensayar sin arriesgar piezas antiguas, los investigadores utilizaron papiro egipcio moderno y tinta negra a la que añadieron distintas cantidades de nitrato de plomo. Unos estudiantes escribieron pasajes de la Biblia y frases de Star Wars, entre otros textos, con instrumentos de caña.

Después carbonizaron el material en un horno con muy poco oxígeno para aproximarse al estado de los papiros antiguos. En las pruebas con fragmentos, las imágenes permitieron detectar escritura con 25 microgramos de plomo por centímetro cuadrado, la concentración más baja que ensayaron.
«Si miras las imágenes, las letras se iluminan como un árbol de Navidad», explicó Seiler en la información difundida por Berkeley. La comparación describe el contraste que observaron en sus muestras, pero no garantiza que cualquier manuscrito antiguo pueda leerse igual.
De las baterías a los papiros
El siguiente paso consistió en obtener imágenes del rollo desde distintos ángulos para reconstruir su interior en tres dimensiones. Este trabajo se realizó en el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST), con participación del físico Jacob LaManna.
Aquí apareció una conexión inesperada con las baterías de iones de litio. Michael Cyrus Daugherty adaptó un programa desarrollado para desplegar digitalmente sus capas enrolladas y lo aplicó al papiro, siguiendo sus curvas hasta convertirlas en una superficie donde leer el texto.
Elegir antes de escanear
El equipo también detectó plomo con un aparato portátil de fluorescencia de rayos X (XRF), colocado cerca de la réplica sin tocarla. Este dispositivo identifica elementos químicos, pero recuperar las palabras exige después otras imágenes y un trabajo informático.

¿Qué cambiaría esto en la práctica? Si funciona en los originales, los conservadores podrían seleccionar los rollos más prometedores antes de enviarlos a instalaciones especializadas para obtener tomografías, una especie de radiografía en tres dimensiones.
La propuesta podría complementar al Desafío Vesubio, que combina imágenes e inteligencia artificial y ya ha anunciado la lectura completa del papiro PHerc. 1667 en 2026. Pero el NIST aclaró el 17 de septiembre que el proyecto conocía el estudio y todavía no había decidido incorporar sus resultados.
Lo que queda por comprobar
El resultado abre una vía de trabajo, aunque sigue siendo una demostración con material fabricado en laboratorio. Además de localizar la tinta, hay que reconstruir las capas del rollo, una tarea que se complica cuando están muy pegadas o rotas.
Las réplicas ofrecen además una ventaja muy concreta, porque se sabe qué palabras tenían antes de carbonizarlas. Así pueden servir para comprobar cuánto aciertan los programas de lectura y mejorarlos sin experimentar directamente con un patrimonio irreemplazable.
La pregunta pendiente es cuántos papiros antiguos podrán beneficiarse de esta ayuda. El estudio completo se publicó el 16 de septiembre de 2026 en la revista PLOS ONE.
Foto: Douglas Seiler / UC Berkeley









