Un 10 % de cáscara de huevo triturada bajó un 41 % la conductividad térmica de unos ladrillos de arcilla egipcia, y su resistencia a compresión cayó de 1,177 a 0,05 megapascales

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Publicado el 26 de octubre de 2026 a las 17:02
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Moldes de madera con la mezcla de arcilla y cáscara de huevo de los ladrillos de laboratorio del estudio egipcio

Un equipo de tres centros públicos egipcios coció ladrillos de arcilla con cáscara de huevo triturada a 1100 °C. Con un 10 % de cáscara, la conductividad térmica bajó de 0,6081 a 0,3562 vatios por metro y kelvin. Los resultados salieron el 27 de enero de 2025 en un estudio de Scientific Reports.

Esa misma pieza resultó mucho más frágil que el ladrillo de arcilla sola. Su resistencia a compresión cayó de 1,177 megapascales (MPa) a 0,05 MPa. Con esa cifra, hoy no sirve para muros que soporten peso.

Del 50 % anunciado al 41,4

En el resumen del artículo, los autores hablan de una caída del 50 % en la conductividad térmica. Ese valor mide la facilidad con la que el calor atraviesa un material. Con los datos del propio apartado de resultados, la bajada real es del 41,4 %.

Según esas cifras, el ladrillo con un 10 % de cáscara aísla bastante mejor que el de arcilla sola. Pero no deja pasar la mitad de calor, como sugiere la cifra redonda del resumen.

El valor de 0,3562 cumple el límite de 0,430 vatios por metro y kelvin de la norma europea UNE-EN 1745, según el equipo. La efusividad térmica, que indica cuánto calor intercambia una superficie, bajó un 30 % en esa muestra.

Arcilla de Jarga y horno eléctrico

La arcilla procede del oasis de Jarga, en el desierto occidental de Egipto. Las cáscaras se lavaron, se secaron al sol dos días y se molieron hasta hacerlas polvo. Después se hirvieron entre cinco y diez minutos.

Firman el trabajo investigadores de la Universidad de Sohag, del Instituto Central de Investigación y Desarrollo Metalúrgico y del Instituto Nacional de Investigación en Astronomía y Geofísica. Wafaa Soliman, del departamento de Geología de Sohag, figura entre los dos autores de contacto.

El equipo probó seis mezclas, con un 0, 1, 3, 5, 7 y 10 % de cáscara en peso. Cada pieza medía 4 por 4 por 2 centímetros y se moldeó a mano. Tras tres días de secado, pasó cuatro horas en una mufla, un horno eléctrico de laboratorio, a 1100 °C.

Proceso de fabricación de los ladrillos con cáscara de huevo: cáscaras, polvo triturado, mezcla con arcilla, moldes y piezas cocidas del 0 al 10 %
Las cáscaras se trituran, se mezclan con arcilla, se moldean y se secan y cuecen; abajo, las seis piezas, del 0 al 10 % de cáscara (Imagen: Soliman et al. / Scientific Reports, CC BY 4.0)

Por encima del 10 % de cáscara, las piezas aguantaban el secado pero se deshacían en el horno. Ahí se detuvo el ensayo.

Wollastonita y aire atrapado

Según el artículo, la cáscara de huevo contiene un 94 % de calcita, una forma de carbonato cálcico. Entre 600 y 850 °C ese carbonato se descompone y suelta CO2. El calcio que queda reacciona con los silicatos de la arcilla.

De esa reacción salen minerales nuevos, como la wollastonita. Este silicato de calcio se usa en aislantes cerámicos porque conduce poco el calor. Los rayos X detectaron también leucita y sanidina, dos fases que los autores ligan a la resistencia mecánica.

Al salir el CO2 quedan huecos en la pieza, y ese aire encerrado le pone las cosas difíciles al calor. Los autores midieron una porosidad aparente del 38,5 % en el ladrillo con un 10 % de cáscara, frente al 28,07 % del de arcilla sola. Cada centímetro cúbico pasó a pesar 1,56 gramos, cuando antes pesaba 1,81.

Con un 7 % pasó algo raro: la porosidad bajó al 13,28 % y los poros encogieron de 10,92 a 2,31 micras de media. El equipo apunta como posible causa a enlaces químicos nuevos entre el carbonato y la arcilla. Al llegar al 10 %, los dos valores volvieron a subir, hasta 38,5 % y 4,87 micras.

De 1,177 a 0,05 megapascales

En todas las mezclas, más cáscara supuso menos resistencia. La muestra del 7 % se quedó en 0,5 MPa, menos de la mitad que la de arcilla sola. La del 10 % bajó a 0,05 MPa.

Los autores colocan todas sus piezas con cáscara en la tercera categoría de la norma egipcia ESS-4763. Esa clase agrupa los ladrillos de menos de 10 MPa. Un ladrillo de primera, capaz de aguantar una intemperie severa, necesita al menos 20 MPa.

En las conclusiones, el equipo reconoce que «es importante señalar algunas limitaciones». La primera es la resistencia a compresión de las piezas con cáscara. También pide ensayos de durabilidad a largo plazo.

Una vía que Tailandia ya probó

Investigadores de las universidades Kasetsart y Chulalongkorn, en Tailandia, ya habían probado algo parecido. Su trabajo salió en 2019 en la revista Science of Sintering. Usaron un 20 % de polvo de cáscara, extrusión y cinco horas de cocción a 1000 °C.

Aquellos ladrillos alcanzaron 7,0 MPa y absorbieron menos del 15 % de agua. Cambiaban la arcilla, la técnica y el horno. El equipo egipcio admite que el contenido mineral de la arcilla pesa mucho en el resultado.

Otros residuos ya se han probado en la obra, como los posos de café que refuerzan el hormigón en Melbourne. En Canadá, un panel de arcilla aspira a sustituir al yeso de las paredes.

Ninguna pieza probada a tamaño real

El estudio parte de un problema concreto. Según el texto, «muchos edificios de Egipto se sobrecalientan a lo largo del día». El aire acondicionado se lleva la mayor parte de la electricidad de las viviendas.

Los edificios suponen cerca del 30 % del consumo final de energía mundial, según la Agencia Internacional de la Energía. Pero nadie ha medido cuánto ahorraría una casa con estos ladrillos. En una vivienda cuentan también las ventanas, los tejados que se calientan al sol y el clima.

Nadie ha hecho tampoco las cuentas del CO2. La cáscara suelta ese gas en el horno, y antes hay que molerla, hervirla y calentar la mufla a 1100 °C durante cuatro horas, así que el estudio no dice si el ladrillo emite menos que uno corriente.

El siguiente paso, según el texto, es probar otras dosis y otras cocciones para «mejorar la resistencia mecánica» sin perder aislamiento. Por ahora, lo que hay son cubos de cuatro centímetros en un laboratorio egipcio, no una pared.

Imagen: Soliman et al. / Scientific Reports, CC BY 4.0

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