Las supermanzanas de Barcelona rebajaron un 25 % el dióxido de nitrógeno (NO₂) en el cruce de Comte Borrell y Tamarit, en Sant Antoni. Entre 2017 y 2018, el Ajuntament sacó los coches del cruce e hizo una plaza junto al mercado.
Las partículas PM10 cayeron un 17 % en el mismo punto. La Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB) adelantó los datos en septiembre de 2021, dentro del proyecto Salut als Carrers. Katherine Pérez, Carme Borrell, Mark Nieuwenhuijsen y otros seis autores los publicaron en BMC Public Health en febrero de 2025.
El modelo original agrupa nueve manzanas de la cuadrícula de Cerdà, tres por tres. El tráfico de paso rodea el conjunto por las calles del perímetro. En Poblenou, la primera, Sancho de Ávila y Roc Boronat ganaron mesas de pícnic, dos plazas grandes y zonas de juego.
Vecinos, servicios y reparto pueden seguir entrando, a poca velocidad. En Sant Antoni se pacificó Comte Borrell entre Floridablanca y Manso y Tamarit entre Viladomat y Comte d’Urgell. La ASPB evaluó tres supermanzanas: Poblenou (2016), Sant Antoni (2018) y Horta (2019).

Un 25 % menos de NO₂ en Sant Antoni
Un vehículo con equipos de medición del aire se quedó en la nueva plaza del 7 de septiembre al 23 de octubre de 2017. Volvió del 1 al 16 de octubre de 2018, con las obras ya terminadas.
El NO₂ bajó de media 14,6 microgramos por metro cúbico. Con un intervalo de confianza del 95 % entre 12,1 y 17,1, la caída es estadísticamente significativa. Como 14,6 es la cuarta parte, el cruce rondaba los 58 microgramos antes de la obra. Las PM10, partículas de menos de 10 micras, perdieron 4,1 microgramos por metro cúbico.
El equipo comparó cada dato con la estación fija del Eixample.
El dato sale de un solo punto, una plaza donde ya no pasan coches. No vale para todo Sant Antoni ni para toda Barcelona.
Según la nota del Ajuntament de Barcelona, la plaza recibió más de 900 personas por hora. El 94 % de las mujeres y el 89 % de los hombres observados iban andando.
Horta apenas cambió y Poblenou no midió el aire
Sant Antoni partía de niveles propios de tráfico denso. Horta tenía cifras de fondo urbano, mucho más bajas. Los técnicos midieron el NO₂ y el carbono negro en 20 puntos de Horta, en mayo y junio de 2018 y en septiembre y octubre de 2020. En conjunto, no hubo un cambio significativo.
Sí bajaron entre un 17 % y un 27 % en las calles donde se redujo el tráfico. La mitad de los residentes creyó que había menos contaminación en la zona. Solo el 10 % pensó lo mismo de las calles de alrededor. Más de la mitad usaba la supermanzana para pasear o comprar, y apenas un 6 % para hacer ejercicio intenso.
Poblenou se quedó sin medidas de aire.
La ASPB reunió seis grupos de discusión con 49 participantes, entre ellos alumnos de tercero de ESO y un grupo solo de mujeres. Hablaron de menos coches y menos ruido. Algunos se quejaron del tráfico del perímetro. Algunas mujeres veían la zona desierta y se sentían inseguras.
El tráfico cayó un 14,8 % en 11 calles reformadas
Samuel Nello-Deakin, del departamento de Geografía de la Universitat Autònoma de Barcelona, revisó los aforos públicos de 11 calles reformadas durante la covid. Eran obras de urbanismo táctico, distintas de las supermanzanas. En esas calles intervenidas, el tráfico bajó un 14,8 % frente al resto de la ciudad. En el entorno cayó un 0,9 %. Solo en las paralelas pegadas subió, un 0,7 %.
Nello-Deakin lo llama evaporación del tráfico. Parte de los viajes en coche deja de hacerse. El autor concluye que el miedo a los atascos «a menudo puede ser infundado». Finlandia ya ha abierto un puente solo para peatones, tranvías y bicicletas, y Estados Unidos prepara un túnel peatonal de 10 millones de dólares.
Familias de Sant Antoni con una falsa sensación de seguridad
Vecinos y trabajadores de los tres barrios contaron que dormían mejor. También hablaban más con la gente de la zona y notaban menos ruido. La encuesta de Horta usó una muestra de 1200 vecinos, antes y después de la obra. El 45 % de las mujeres y el 56 % de los hombres vio más bienestar en las calles reformadas.
La plaza de Sant Antoni atrajo sobre todo a personas mayores y a pocos jóvenes. Las familias con niños se movían cómodas, pero también con estrés. El espacio les daba «una falsa sensación de seguridad», porque los coches seguían pasando a cierta velocidad.
Según la ASPB, la mayoría de estos efectos puede contribuir a prevenir trastornos crónicos como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la obesidad, el cáncer, la depresión o la ansiedad.
Su nota concluye que las supermanzanas tienen «un gran potencial de impacto positivo en la salud» si se extienden.
Los ejes verdes del Eixample mejoran en ocho dimensiones
Los ejes verdes son calles del Eixample reconvertidas desde 2022. Un equipo de la ASPB encabezado por Ana M. Novoa las comparó con una calle cercana, antes (2022) y después (2024) de las obras. Mejoraron las ocho dimensiones de calidad del espacio público analizadas. La mayor ventaja estuvo en zonas naturales (4,94 puntos) y en mantenimiento y limpieza (2,55). El trabajo salió en agosto de 2026 en European Journal of Public Health. Esas notas valoran la calle, no las enfermedades evitadas. ISGlobal ya había estimado en 2020 el efecto en la salud de extender las supermanzanas a toda la ciudad.
El efecto en la salud de los vecinos sigue sin poder medirse
Los autores admiten que las zonas evaluadas son pequeñas. Los cambios de salud esperados también lo son, y eso los hace difíciles de detectar. Cuando arrancó la evaluación, Poblenou estaba terminado y Sant Antoni ya estaba en obras. Por eso la encuesta de salud con datos de antes y después solo se pudo hacer en Horta. Faltaron mediciones previas en algunos estudios y grupos de comparación en varios barrios. Aun así, el artículo concluye que la evaluación, «aunque a pequeña escala», respalda llevar el modelo a otras zonas.
El estudio completo se ha publicado en BMC Public Health.
Foto: Cataleirxs / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)











