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Captan el momento en el que la corteza de la Tierra se parte en dos en pleno océano Índico; una fuente de magma ascendió desde 3,6 km de profundidad creando una nueva capa oceánica ante la mirada de los geofísicos

Geofísicos registran la ruptura del fondo del océano Índico y el ascenso de magma que terminó formando nueva corteza oceánica.

Captan el momento en el que la corteza de la Tierra se parte en dos en pleno océano Índico; una fuente de magma ascendió desde 3,6 km de profundidad creando una nueva capa oceánica ante la mirada de los geofísicos

¿Cómo se ve el nacimiento de un fragmento de fondo oceánico? Un equipo científico ha registrado por primera vez, según los autores, un episodio de expansión del lecho marino mientras ocurría, con un hundimiento de 4,2 metros y la salida de cerca de 160 millones de metros cúbicos de lava.

El fenómeno comenzó el 26 de abril de 2024 en la Dorsal del Sudeste Índico, cerca de la isla de Ámsterdam. Los datos indican que la separación de las placas no avanzó poco a poco, sino en un gran salto que liberó de golpe la deformación acumulada durante casi cuatro décadas.

Un observatorio bien situado

El trabajo está encabezado por Jean-Yves Royer, del laboratorio Geo-Ocean, y Jean-Arthur Olive, de la Escuela Normal Superior de París. En el proyecto también participaron el CNRS, la Universidad de Brest, Ifremer, la Universidad de La Rochelle y el Instituto de Física del Globo de París.

El equipo instaló el observatorio autónomo OHA-GEODAMS a finales de febrero de 2024. La red incluía cinco hidrófonos, aunque uno dejó de funcionar antes del episodio, además de 15 balizas acústicas y un sensor de presión capaz de detectar movimientos verticales del fondo.

El observatorio cruzaba el límite entre las placas australiana y antártica, que allí se separan unos seis centímetros al año. Los instrumentos siguieron terremotos, desplazamientos y cambios de temperatura casi al mismo tiempo, mientras los mapas realizados antes y después confirmaron dónde había aparecido nueva lava.

Cuarenta minutos de ruptura

A las 19 horas y 56 minutos del tiempo universal comenzó un enjambre de terremotos que avanzó por el valle central de la dorsal. El pulso más rápido arrancó a las 21 horas y 3 minutos. En los 37 minutos siguientes, el suelo descendió alrededor de 1,2 metros mientras el magma se propagaba bajo el lecho marino.

El hundimiento total alcanzó 4,2 metros en seis días y la mayor parte ocurrió durante las primeras 16 horas. Poco después de las 22 horas, el sensor detectó un aumento de la temperatura del agua, una señal de que la lava probablemente ya había llegado al fondo.

El equipo interpreta que un depósito de magma situado a unos 3,6 kilómetros bajo el lecho marino se vació y alimentó un dique magmático, una lámina de roca fundida que se abre paso por una grieta. Al perder volumen, el terreno de arriba cayó como la superficie de un globo que se desinfla.

Así nace nueva corteza

La expansión del fondo oceánico ocurre cuando dos placas tectónicas se alejan en una dorsal, una larga cordillera submarina. El magma asciende desde el interior terrestre y, al enfriarse, se solidifica y forma nueva corteza oceánica.

La erupción duró unos 16 días y dejó entre 148 y 160 millones de metros cúbicos de lava. Algunas coladas superaron los 90 metros de espesor y una acumulación circular levantó un relieve de 40 metros a solo 600 metros de una de las balizas.

No se trata de una grabación de vídeo del momento exacto. La escena se reconstruyó al combinar cambios de presión, distancias entre instrumentos, sonidos de terremotos y del contacto entre lava y agua, además de mapas del fondo realizados antes y después del episodio.

La corteza avanza a saltos

Los cálculos señalan que la dorsal se extendió horizontalmente entre 2,1 y 4 metros. Un modelo representativo estima unos 2,4 metros, una distancia equivalente a casi cuatro décadas de separación al ritmo habitual de la zona.

La sorpresa llegó al comparar ese movimiento con los terremotos registrados. Cerca del 76 por ciento del desplazamiento de las fallas habría ocurrido de forma asísmica, es decir, sin producir una sacudida detectable en los catálogos convencionales.

“La separación de las placas crea nuevo fondo oceánico de manera continua, pero nunca se había observado in situ hasta ahora”, escribieron los geofísicos Ingo Grevemeyer y Lars Rüpke en un análisis publicado en Nature. En la práctica, el estudio muestra que una parte importante del crecimiento del océano puede suceder casi en silencio.

Lo que cambia y lo que falta

El hallazgo importa porque aproximadamente dos tercios de la superficie terrestre se formaron en el sistema mundial de dorsales oceánicas. Aun así, observar estos procesos es muy difícil, ya que ocurren a gran profundidad y los episodios importantes pueden estar separados por décadas.

Hay límites, porque la profundidad del depósito de magma y el reparto del movimiento entre el dique y la falla proceden de modelos, mientras que los mapas tenían una resolución de 20 metros y un margen de error de hasta cinco metros. Otros observatorios ya habían seguido erupciones submarinas, como la del monte Axial en 2015, pero este trabajo combinó por primera vez todas esas mediciones a través de una frontera de placas activa.

El estudio oficial se ha publicado el 8 de julio de 2026 en Nature.

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