Noruega ha completado la primera gran campaña del UNN 6000, un vehículo submarino autónomo del modelo HUGIN Superior capaz de trabajar a profundidades de hasta 6.000 metros. Durante cuatro semanas, el equipo recorrió zonas de la dorsal de Mohns y reunió información de alta resolución sobre la geología, los ecosistemas y las aguas cercanas al fondo marino.
Hay un matiz importante. El robot está preparado para alcanzar los 6.000 metros, aunque en esta primera expedición funcionó de forma estable hasta los 3.600 metros. Su misión tampoco era buscar ciudades perdidas, sino observar con mucho más detalle un territorio que desde un barco solo puede verse como un dibujo bastante más borroso.
Un nuevo ojo bajo el mar
El HUGIN Superior fue bautizado como UNN 6000 el 4 de junio en Bergen. El nombre procede de Unn, una figura de la mitología marina nórdica, y también alude a su tarea principal, cartografiar la naturaleza submarina de las aguas profundas de Noruega.
La Universidad de Bergen posee y opera el vehículo mediante NORMAR, su infraestructura nacional de robótica marina. La compra fue posible gracias a la financiación del Ministerio de Energía, canalizada a través de la Dirección Noruega de Alta Mar, mientras que Kongsberg Discovery se encargó de fabricar el sistema.
Primera prueba en profundidad
La campaña se extendió desde el entorno de Jan Mayen hasta las aguas situadas al oeste de la isla del Oso (Bjørnøya), siguiendo la dorsal de Mohns. Los investigadores trabajaron en 38 estaciones y completaron 30 inmersiones con el UNN 6000 y el vehículo dirigido desde superficie Ægir 6000.
La combinación tiene sentido. El UNN 6000 puede recorrer grandes áreas sin cable y siguiendo una ruta programada, mientras el Ægir permite acercarse después a los puntos más interesantes, grabarlos y recoger muestras con precisión. Es como pasar primero un mapa detallado y después enviar a alguien a comprobar qué hay exactamente sobre el terreno.
«Con UNN 6000 podemos cartografiar grandes áreas con un detalle al que antes no teníamos acceso», explicó Rolf Birger Pedersen, responsable de la campaña. No es poca cosa, sobre todo en un entorno oscuro, frío y sometido a una presión capaz de convertir cualquier fallo técnico en un problema serio.
Cómo ve en la oscuridad
A esas profundidades no llega la luz solar, por lo que el vehículo utiliza principalmente el sonido. Sus sonares emiten ondas y analizan el eco que regresa, un sistema que la Dirección Noruega de Alta Mar compara con la forma en la que un murciélago se orienta en la oscuridad.
El equipo incorpora sonar de apertura sintética, ecosonda multihaz, cámara, perfilador láser, un instrumento que examina las capas bajo el fondo y un magnetómetro. También puede medir metano, dióxido de carbono y oxígeno, mientras su micronavegación mantiene una precisión en tiempo real mejor que el 0,04 % de la distancia recorrida.
La gran ventaja está en la cercanía. Una ecosonda instalada en un barco debe enviar la señal a través de miles de metros de agua, pero el dron puede desplazarse mucho más cerca del lecho marino. En la práctica, eso permite distinguir relieves, grietas, depósitos y objetos que de otro modo quedarían mezclados en la imagen.
Minerales y volcanes
Una parte central de la expedición se dedicó a los sulfuros masivos polimetálicos, depósitos formados cuando fluidos calientes y cargados de metales atraviesan el fondo oceánico. Pueden contener cobre y zinc, además de cantidades menores de oro y plata, pero conocer su ubicación no significa que exista una autorización para explotarlos.
El UNN 6000 obtuvo datos geofísicos sobre depósitos activos e inactivos y probó nuevos sensores de potencial espontáneo. Estos aparatos detectan campos eléctricos muy débiles que podrían estar relacionados con acumulaciones de sulfuros situadas sobre el lecho o enterradas bajo él.
Los científicos también cartografiaron una parte activa de la zona de fractura de Jan Mayen y tomaron muestras de rocas volcánicas. El objetivo es comprender mejor los terremotos, el vulcanismo submarino y la evolución del mar de Noruega. El fondo no es una superficie quieta, aunque desde la costa lo parezca.
La vida deja pistas
La campaña no se centró únicamente en la geología. Los equipos recogieron alrededor de 150 muestras geológicas y 300 muestras biológicas y de ADN ambiental, además de grabar más de 100 horas de vídeo del fondo marino.
El ADN ambiental permite detectar organismos a partir del material genético que dejan en el agua y los sedimentos. Así se podrá estudiar qué especies viven alrededor de los depósitos minerales inactivos y si esas comunidades son distintas de las que aparecen en zonas cercanas. Para decidir cómo gestionar un espacio, primero hay que saber quién vive allí.
También se instalaron seis equipos oceanográficos y se soltaron tres boyas Argo. Medirán corrientes, temperatura, salinidad y otras propiedades del agua, datos esenciales para entender cómo se transportan el calor y las sustancias químicas y qué condiciones encuentran los organismos de las profundidades.
Qué cambia para Noruega
Noruega lleva cartografiando el fondo marino desde el siglo XIX, cuando se bajaban pesos desde los barcos para calcular la profundidad. Después llegaron las ecosondas multihaz y ahora se suma un vehículo propio capaz de trabajar cerca del terreno, sin depender siempre de empresas privadas para las campañas más detalladas.
«Ahora contamos con recursos avanzados propios para mejorar el conocimiento y gestionar las aguas profundas de forma responsable», señaló Hilde Braut, directora adjunta de Nuevas Industrias. La frase resume el fondo del proyecto, porque un mapa más preciso puede servir para estudiar hábitats, riesgos geológicos, recursos minerales y cambios ambientales antes de tomar decisiones.
Los datos serán procesados ahora por los centros científicos, las empresas y las administraciones que participaron en la campaña CDeepSea-2026.
La actualización oficial ha sido publicada por NORMAR, la infraestructura de robótica marina de la Universidad de Bergen.



