Una campaña para estudiar el fondo marino frente a Gippsland, en el sureste de Australia, ha resuelto un misterio que llevaba casi 150 años abierto. Los datos geofísicos recogidos para el parque eólico marino Aurora Green condujeron hasta el City of Hobart, un vapor de hierro hundido en 1877 con 615 toneladas de carbón a bordo.
La coincidencia llama la atención. Un cargamento ligado a la primera era industrial descansa ahora bajo una zona donde se estudia producir electricidad con el viento, aunque conviene aclarar algo importante. Aurora Green sigue en fase de viabilidad y los 150 aerogeneradores son el máximo previsto, no una instalación ya aprobada.
Un viaje que terminó en el fondo
El City of Hobart salió de Newcastle el 21 de julio de 1877 con rumbo a Melbourne. Tres días después sufrió una avería frente a la costa de Gippsland y empezó a entrar agua en sus bodegas, lo que obligó a la tripulación a abandonar el barco en botes salvavidas.
La reconstrucción histórica apunta a la rotura del eje de la hélice. Los marineros fueron recogidos por el SS Barrabool y el vapor se hundió por la popa unos 15 minutos después de quedar vacío. El barco desapareció, pero todos pudieron contarlo.
El sonar encontró la pista
Las campañas geofísicas realizadas a comienzos de 2025 detectaron dos pecios dentro o cerca del área estudiada para Aurora Green. Estos trabajos utilizan sonido y otros instrumentos para dibujar el relieve del fondo marino, localizar obstáculos y conocer qué hay donde podrían colocarse cables, cimentaciones y subestaciones.
Iberdrola Australia compartió la información con los equipos de patrimonio del Gobierno federal y del estado de Victoria. Después, Southern Ocean Exploration envió buceadores técnicos al lugar el 6 de febrero de 2026 y confirmó que uno de los restos era el City of Hobart. El otro correspondía al SS Vicky, un naufragio ya conocido.
Se quedaron a 47 metros
Southern Ocean Exploration llevaba buscando el City of Hobart desde 2008. Hubo varias salidas al mar y años de trabajo con documentos históricos, pero ninguna consiguió cerrar el caso. Lo más llamativo es que una de aquellas campañas pasó a solo 47 metros del pecio.
«Con una pasada más lo habríamos encontrado entonces», recordó Mark Ryan, responsable del equipo de buceo. Esta vez, las coordenadas obtenidas durante los estudios eólicos llevaron a los buceadores directamente hasta la estructura, situada a unos 60 metros de profundidad. Tan cerca durante años y, aun así, tan lejos.
Un barco entre dos épocas
¿Por qué importa un casco cubierto de corrosión y vida marina? El City of Hobart fue construido en Glasgow en 1853, tenía un tonelaje de 645 toneladas y medía cerca de 55 metros. Contaba con casco de hierro, propulsión a vapor y tres mástiles preparados para utilizar velas auxiliares.
Esa combinación lo convierte en una pieza interesante de la transición entre los grandes veleros de madera y los buques de vapor. Durante años cubrió rutas entre Victoria y Tasmania, también realizó viajes hacia Nueva Zelanda y prestó un servicio postal entre Melbourne, Dunedin y Otago.
En 1875 fue vendido y pasó al transporte de carbón. Dos años después realizó su último viaje. En el fondo del estrecho de Bass quedó congelado un momento concreto de la historia naval, cuando el vapor ganaba terreno pero la vela todavía no había desaparecido.
Carbón abajo, viento arriba
El simbolismo es evidente, aunque no hace falta exagerarlo. El barco llevaba carbón desde Newcastle a Melbourne antes de que la propia región de Gippsland desarrollara su gran industria carbonera. Ahora, en esa misma franja marina, se analiza un proyecto pensado para generar electricidad sin quemar ese combustible.
«No son solo hallazgos fascinantes, son registros culturales importantes», señaló Renee Kurowski, responsable de participación y diálogo de Iberdrola Australia. En el fondo, la historia no enfrenta un barco contra un parque eólico. Lo que muestra es cómo un estudio energético puede aportar también información arqueológica.
Aurora Green se plantea con una potencia máxima de 3 gigavatios y hasta 150 aerogeneradores repartidos en tres fases. Según calcula la propia compañía, podría abastecer a un máximo de 2,25 millones de hogares y se situaría al menos a 25 kilómetros de la costa. No es poca cosa, pero todavía es una propuesta sometida a diseño, consultas y permisos.
El pecio estará protegido
El City of Hobart no queda libre para retirar piezas ni para mover su cargamento. La Ley de Patrimonio Cultural Subacuático de Australia protege automáticamente los naufragios que llevan al menos 75 años bajo el agua, junto con sus objetos asociados y su entorno inmediato.
En la práctica, no se puede alterar, dañar ni extraer material sin autorización. Iberdrola asegura que la amplitud de su licencia de viabilidad permite modificar el diseño y la distribución del parque para evitar los pecios. La idea es sencilla, producir energía sin borrar la historia que apareció durante la exploración.
Este punto es importante porque los proyectos marinos no solo deben medir viento y oleaje. También tienen que estudiar hábitats, rutas de fauna, características del fondo y patrimonio cultural antes de decidir dónde va cada elemento. Lo que aparece bajo el agua puede cambiar un plano.
El parque aún no está decidido
Aurora Green se encuentra en fase de viabilidad. Continúan los estudios de aves, mamíferos marinos, peces, sedimentos, ruido, viento y condiciones oceánicas, mientras avanza el proceso de evaluación ambiental y diseño técnico.
La propia compañía reconoce que el número final de turbinas, su altura y su distribución todavía pueden cambiar. Por eso, decir que se instalarán exactamente 150 aerogeneradores sería adelantarse. La cifra describe el escenario máximo de un proyecto que aún debe superar varios años de permisos.
El hallazgo deja una conclusión clara. Investigar el fondo antes de construir no es un simple trámite, porque puede proteger ecosistemas, evitar riesgos y recuperar capítulos perdidos de la historia.
El comunicado oficial sobre el hallazgo ha sido publicado por Iberdrola Australia.



