El Centro de Astrobiología ha identificado eritrulosa en el interior de una nube molecular cerca del centro de la Vía Láctea. La eritrulosa es un azúcar simple que podemos encontrar en la Tierra en frambuesas y otros frutos rojos, y que también se usa en algunos autobronceadores.
Este hallazgo es único: jamás se había encontrado un azúcar de este tipo en el medio interestelar. No demuestra que la vida haya llegado del espacio, pero sí que muchos de los ingredientes que tenemos en la Tierra se pudieron formar fuera de ella, incluso antes de que naciera nuestro planeta.
Azúcar en el espacio
La eritrulosa no es el azúcar que usamos habitualmente para el café o para endulzar cualquier alimento; es un monosacárido de cuatro átomos de carbono y una molécula quiral. Esto quiere decir que puede adoptar formas que se parecen entre sí, del mismo modo que la mano izquierda y la derecha son reflejos idénticos a la vista sin llegar a ser exactamente iguales.
La familia de los azúcares está compuesta por moléculas esenciales que permiten obtener energía y construir estructuras como el ADN y el ARN. Izaskun Jiménez-Serra, investigadora del CAB y autora del estudio, explica en la nota oficial del CSIC que «nuestro trabajo muestra que los azúcares se pueden formar de manera natural en el espacio».
Cómo la encontraron
Este azúcar se localizó en la nube G+0.693-0.027 con el radiotelescopio de 40 metros del Observatorio de Yebes (Guadalajara) y el de 30 metros de IRAM, situado en Pico Veleta. Estos instrumentos están capacitados para captar las señales de radio específicas que dejan la huella propia de cada molécula.
En total, el equipo fue capaz de identificar doce conjuntos de señales compatibles con la eritrulosa, y seis de ellas no daban lugar a la duda. El hallazgo se comparó con las mediciones de laboratorio de la Universidad del País Vasco, al mismo tiempo que la Universidad de Extremadura y la Universidad Radboud estudiaban cómo podría formarse en estas superficies de polvo cubierto de hielo.
Qué cambia sobre el origen de la vida
Es cierto que la ribosa ya se había localizado anteriormente en meteoritos cídos a la Tierra en el año 2019, y que las propias muestras del asteroide Bennu también contenían ribosa y glucosa. Sin embargo, nunca se había detectado este tipo de azúcar directamente flotando en el espacio profundo.
Todo parece indicar que algunos azúcares se pudieron formar en nubes interestelares hace miles de millones de años. Después, los cometas que atravesaron estas nubes habrían quedado impregnados con restos de estas sustancias.
De hecho, los cálculos apuntan a que entre medio millón y 50 millones de toneladas de eritrulosa podrían haber llegado a la Tierra hace 4.000 millones de años, durante una etapa de constantes e intensos impactos meteoríticos. Por tanto, su relación con los primeros ingredientes para la formación de la vida es una vía clave de investigación.
La próxima búsqueda
La cetosa y la eritrulosa se pueden transformar en otros azúcares cuando entran en contacto con el agua. Por eso, el siguiente objetivo científico es dar con estos nuevos tipos de azúcares en el espacio para seguir completando el puzle sobre cómo empezó todo.
El estudio ha sido publicado en Nature Astronomy.



