¿Y si las cicatrices gigantes de Venus no fueran restos inmóviles de un pasado remoto? Un nuevo estudio dirigido desde la ETH Zúrich sostiene que Ganis, Dali y Devana Chasmata podrían seguir activos o haberlo estado hace unas decenas de millones de años.
La conclusión nace de modelos tridimensionales comparados con la topografía obtenida por la sonda Magellan. No muestran el terreno moviéndose en directo, pero sus bordes encajan mejor con grietas jóvenes que con estructuras apagadas desde hace más de cien millones de años.
Qué es un valle de rift
Un valle de rift es una depresión larga que aparece cuando la corteza se estira y se rompe mediante fallas. Es algo parecido a tirar lentamente de una tableta de chocolate hasta que el centro se hunde y los lados quedan elevados, aunque la roca se deforma de una forma mucho más compleja.
En Venus, estas estructuras también se llaman chasmata y pueden alcanzar unos 10.000 kilómetros. En conjunto, las zonas de rift sumarían cerca de 40.000 kilómetros y ocuparían alrededor del ocho por ciento de la superficie del planeta.
Un Venus recreado en tres dimensiones
El autor principal es Xi Yang, que desarrolló la investigación durante sus estudios de máster en la ETH Zúrich. El equipo incluye a Taras Gerya, profesor de geodinámica en esa institución, y a Anna Gülcher, vinculada a la Universidad de Friburgo y a la Universidad de Berna.
Los científicos simularon cómo se estiran distintas clases de corteza bajo las condiciones de Venus. Probaron rocas de diferente resistencia, varios espesores de la capa exterior rígida y ritmos de apertura de uno, tres y diez centímetros al año.
También estudiaron qué ocurre después de detener la extensión. Ese paso permite comparar la forma de un rift activo con la de otro que lleva millones de años relajándose, una diferencia que los modelos anteriores no habían analizado con este nivel de detalle.
La pista está en los flancos
Cuando un rift joven se abre, sus bordes forman elevaciones amplias llamadas flancos. En la práctica, son hombros de terreno levantado a ambos lados del valle y conservan una anchura considerable mientras el movimiento continúa o ha cesado hace relativamente poco.
Dali Chasma presenta flancos de unos 110 kilómetros de anchura media, Ganis alcanza cerca de 160 y Devana supera los 180. Esas formas se parecen a las producidas por las simulaciones de rifts activos en una corteza fuerte.
Las configuraciones que mejor encajan requieren una apertura de entre tres y diez centímetros al año. No es una velocidad medida directamente en Venus, sino la que permite reproducir mejor el relieve observado. Parece poco a escala humana, pero para una corteza planetaria no lo es.
Una superficie que se relaja
En la Tierra, el agua, el hielo y el viento desgastan el relieve. Venus no tiene lluvia ni océanos que trabajen de esa manera, por lo que sus flancos pierden altura sobre todo cuando la corteza caliente se reajusta lentamente bajo su propio peso.
En algunas simulaciones, los flancos se estrechan con fuerza durante los primeros quince millones de años y quedan muy reducidos tras unos cien millones. Por eso, unos bordes anchos funcionan como una especie de reloj geológico.
“Los resultados nos ayudan a evaluar mejor la actividad tectónica de Venus”, afirmó Gerya. Aun así, la lectura de ese reloj sigue dependiendo de las características de la corteza introducidas en el modelo.
Lo que todavía no sabemos
El estudio no demuestra que una falla venusina se esté desplazando hoy ante una cámara. Sus autores comparan simulaciones con mapas de radar tomados hace más de tres décadas, de modo que “reciente” puede significar actividad actual o sucedida durante las últimas decenas de millones de años.
También hay límites. El modelo parte de una corteza bastante uniforme, aplica la extensión en una dirección y no reproduce toda la variedad de plumas calientes, deslizamientos y diferencias regionales que podrían modificar el relieve real.
Más señales de un planeta activo
La idea no aparece aislada. En 2023, Robert Herrick y Scott Hensley identificaron un conducto volcánico de Maat Mons que cambió de forma entre febrero y octubre de 1991, la primera prueba directa de actividad volcánica reciente en Venus.
Otro análisis publicado en 2024 encontró cambios compatibles con nuevas coladas de lava cerca de Sif Mons y en Niobe Planitia. Son estudios volcánicos, no mediciones de estos valles, pero refuerzan la imagen de un planeta cuyo interior todavía libera calor y remodela la superficie.
EnVision pondrá la idea a prueba
La misión EnVision de la Agencia Espacial Europea tiene previsto despegar en noviembre de 2031. Llevará seis instrumentos y estudiará la superficie, el subsuelo, la atmósfera y la estructura interna de Venus con una resolución muy superior a la disponible ahora.
Taras Gerya y Paul Tackley participan con colaboradores en sus preparativos. Los nuevos modelos pueden ayudar a señalar Ganis, Dali y Devana como zonas prioritarias y, de paso, mejorar nuestra comprensión de cómo evolucionan los planetas rocosos dentro y fuera del sistema solar.
El estudio principal se ha publicado en Nature Geoscience.



