El mundo está instalando paneles solares y aerogeneradores a una velocidad enorme, pero se está encontrando con un problema incómodo. A veces se produce tanta electricidad limpia que la red no puede absorberla en ese momento. Entonces se recorta, se pierde o se deja sin usar. Y eso duele, sobre todo cuando hablamos de energía que ya se ha generado.
Ahí vuelve una tecnología muy antigua, sin aspecto futurista y sin litio. Se llama hidroeléctrica de bombeo, aunque su nombre más claro es «batería de agua«. Según Reuters, con cifras preliminares de la Asociación Internacional de Energía Hidroeléctrica (IHA), hay unos 570 GW de capacidad de bombeo en desarrollo en todo el mundo. El último informe público de la IHA eleva esa cartera global a unos 600 GW, una diferencia que muestra que el sector se mueve rápido.
Qué es una batería de agua
El funcionamiento es más sencillo de lo que parece. Cuando sobra electricidad, normalmente solar o eólica, se usa para bombear agua desde un depósito bajo hasta otro situado más arriba. Cuando la red necesita energía, el agua baja por gravedad, mueve turbinas y vuelve a producir electricidad.
En el fondo, es guardar energía en forma de altura. No hay una reacción química como en una batería de litio, sino agua, desnivel y gravedad. Puede sonar viejo, pero precisamente por eso funciona. Es una tecnología conocida, robusta y pensada para durar décadas.
La IHA señala que el bombeo hidroeléctrico ronda ya los 200 GW instalados y aporta más del 90% del almacenamiento energético de larga duración en el mundo. Su World Hydropower Outlook 2025 situó la capacidad global de bombeo en 189 GW a finales de 2024 y habló de 600 GW en cartera de desarrollo.
Por qué vuelve ahora
La razón no es solo climática, también es muy práctica. Si una red eléctrica recibe más energía de la que puede transportar o almacenar, los operadores tienen que recortar producción. Es como llenar una bañera con el grifo abierto y sin desagüe suficiente.
Reuters recoge casos muy claros. Brasil llegó a desechar el 20% de su energía solar, mientras que Alemania, Francia y Países Bajos redujeron en conjunto 3,9 TWh de producción renovable. Dicho de otra forma, electricidad limpia que existía, pero que no pudo aprovecharse.
Eddie Rich, director ejecutivo de la IHA, lo ha resumido como una advertencia. El mundo está construyendo generación limpia muy rápido, pero ahora debe levantar también la infraestructura para usarla o almacenarla. La frase que mejor lo explica llegó en el último informe de la asociación: «El único recurso que nos falta es tiempo».
China pisa el acelerador
China es el gran protagonista de esta nueva carrera. Reuters apunta que alrededor del 40% de la capacidad mundial de bombeo en desarrollo se encuentra en el país asiático. Además, China ya supera los 50 GW instalados y cuenta con Fengning, la mayor central de bombeo del mundo, con 3,6 GW de potencia.
La propia IHA informó en 2025 de que China añadió 7,75 GW de bombeo en 2024 y elevó su capacidad instalada a 58,69 GW. También indicó que había más de 200 GW de proyectos de bombeo en construcción en el país, lo que ayuda a entender la escala real del movimiento.
La comparación con Europa deja claro el salto. La Muela II, cerca de Valencia, aparece en la información de Reuters como la mayor planta europea de bombeo, con 850 MW. Es una instalación importante para el sistema español, pero queda lejos de las dimensiones que está alcanzando China.
No compite con el litio
Las baterías de litio siguen siendo esenciales. Sirven para coches eléctricos, autoconsumo, apoyo rápido a la red y picos cortos de demanda. Cuando la red necesita reaccionar en minutos, son una herramienta muy valiosa.
Pero el bombeo juega en otra liga. Reuters recuerda que el almacenamiento de larga duración empieza a ser clave cuando se necesitan más de cuatro horas de respaldo. Una batería de agua puede sostener grandes sistemas eléctricos durante muchas horas, algo útil cuando cae el viento, llega la noche o sube la demanda por el aire acondicionado en pleno verano.
Por eso no tiene sentido plantearlo como una guerra entre tecnologías. El litio trabaja muy bien en lo pequeño, rápido y distribuido. El bombeo hidroeléctrico sirve para otra escala, la de una red nacional que necesita respirar cuando la meteorología cambia.
El reto no es técnico
El mayor obstáculo no está en entender cómo funciona. Está en construir estas infraestructuras a tiempo, con permisos claros, financiación y garantías de ingresos. Son obras caras, largas y muy visibles en el territorio, así que también generan dudas ambientales y oposición local.
Los proyectos de circuito cerrado intentan reducir parte de ese impacto. En vez de intervenir directamente en ríos naturales, usan depósitos artificiales entre los que el agua se recicla una y otra vez. El proyecto Goldendale, en el estado de Washington, recibió en enero de 2026 una licencia para un proyecto cerrado de 1.200 MW, con hasta 12 horas de almacenamiento y capacidad para abastecer a unos 500.000 hogares.
Reino Unido también quiere aprovechar esta tecnología. Reuters señala que el país planea 10 GW de bombeo hacia mediados de la década de 2030, mientras que SSE Renewables desarrolla Coire Glas, en Escocia, con hasta 1.300 MW y unas 30 GWh de almacenamiento. No es poca cosa.
La pieza que faltaba
La transición energética ya no consiste solo en instalar más renovables. La siguiente fase será más incómoda y menos vistosa. Harán falta redes más fuertes, almacenamiento de larga duración y normas que permitan pagar por una función que no siempre se ve, pero que evita apagones y desperdicio.
Las baterías de agua no son una solución mágica. Necesitan buenas ubicaciones, evaluación ambiental seria y años de obra. Pero tienen algo difícil de igualar: pueden guardar enormes cantidades de electricidad usando un principio tan simple como subir agua a una montaña.
Puede que no tengan el brillo de una batería de última generación, pero su lógica es poderosa. Si el mundo quiere aprovechar más sol y más viento sin tirar electricidad limpia por el camino, esta vieja tecnología puede convertirse en una pieza central del sistema eléctrico. El informe oficial más reciente sobre el avance mundial de esta tecnología ha sido publicado por Hydropower.









