La búsqueda de la cuna de nuestra especie tiene una nueva pieza en Marruecos. Un estudio publicado el 7 de enero de 2026 en Nature analiza fósiles de unos 773.000 años hallados en Casablanca y aporta pruebas sobre las profundas raíces africanas del linaje que acabaría dando lugar al Homo sapiens.
El hallazgo no permite señalar una cueva como el lugar exacto donde nacimos como especie. Los restos pertenecen a humanos mucho más antiguos y, junto con otras investigaciones, ayudan a reconstruir una historia de poblaciones, desplazamientos y paisajes cambiantes que todavía tiene capítulos abiertos.
Una pista anterior a nuestra especie
Los restos proceden de la Grotte à Hominidés, en el yacimiento Thomas Quarry I. El equipo estudió mandíbulas, dientes y vértebras que combinan rasgos antiguos con otros que recuerdan a poblaciones humanas posteriores.
Los investigadores consideran que podrían representar una forma evolucionada de Homo erectus. Su importancia está en que ofrecen información sobre poblaciones cercanas a la raíz de nuestro linaje, pero no son Homo sapiens de 773.000 años ni demuestran que esos individuos fueran nuestros antepasados directos.
Para situarlos en el tiempo, los científicos analizaron el registro del campo magnético terrestre conservado en los sedimentos. Identificaron señales de una inversión magnética ocurrida hace unos 773.000 años, una referencia que permite encajar los fósiles en una etapa especialmente poco documentada.

Los primeros sapiens conocidos
Otro yacimiento marroquí, Jebel Irhoud, conserva algunos de los fósiles más antiguos atribuidos a nuestra especie, de unos 315.000 años. Los resultados publicados en 2017 mostraron rostros bastante parecidos a los actuales, aunque la parte del cráneo que aloja el cerebro era más alargada.

Esa mezcla importa porque indica que nuestros rasgos no aparecieron todos a la vez. Encontrar restos tan antiguos en el norte de África también amplió una búsqueda que durante mucho tiempo se había concentrado en el este del continente.
“Mucho antes de la dispersión del Homo sapiens fuera de África, hubo una dispersión dentro de África”, explicó entonces el paleoantropólogo Jean-Jacques Hublin. La frase resume un cambio de perspectiva, estudiar también las conexiones entre regiones africanas para entender cómo surgimos.
Poblaciones que se mezclaban
El ADN añade otra clase de pistas. Un estudio publicado en Nature en 2023, encabezado por Aaron Ragsdale, comparó modelos de historia demográfica con datos genéticos de poblaciones africanas, incluidos nuevos genomas de 44 personas nama del sur del continente.
Sus resultados respaldan un escenario con dos o más poblaciones ancestrales poco diferenciadas que intercambiaron genes durante cientos de miles de años. En términos sencillos, distintos grupos mantuvieron conexiones a lo largo del tiempo, en lugar de permanecer completamente aislados.
Eso no dibuja un mapa definitivo de los primeros sapiens. Los propios autores advierten de que las conclusiones dependen de los modelos utilizados y de que todavía faltan datos fósiles y genéticos para reconstruir con precisión aquella historia.
El paisaje también cambiaba
Para entender esos movimientos hay que mirar el entorno. El estudio de Casablanca recoge semejanzas entre su fauna y la de otras regiones africanas, compatibles con periodos en los que el Sáhara permitió intercambios entre el norte y otras zonas del continente.
Durante fases más lluviosas, la expansión de paisajes de sabana podía abrir conexiones que hoy cuesta imaginar al pensar en el desierto. Esto ayuda a explicar cómo podían desplazarse animales y poblaciones humanas, aunque no identifica por sí solo el lugar donde apareció nuestra especie.
Adaptarse antes de salir
Una investigación publicada en Nature en junio de 2025 aporta otra pieza ambiental, correspondiente a una etapa mucho más reciente. El equipo reunió información arqueológica y climática de África para estudiar qué tipos de hábitats utilizaban los humanos durante los últimos 120.000 años.
Los resultados indican que, desde hace unos 70.000 años, aumentó de forma notable la variedad de ambientes aprovechados, incluidos bosques y desiertos áridos. Los autores proponen que esa flexibilidad ayudó a la posterior expansión de nuestra especie fuera de África.
¿Qué significa esto en la práctica? La interpretación del equipo apunta a que aprender a desenvolverse en ambientes distintos pudo dar a aquellas poblaciones más recursos para afrontar las condiciones que encontrarían al llegar a nuevos territorios.
Un origen todavía abierto
La evidencia respalda las raíces africanas del Homo sapiens, pero la localización exacta y la forma en que se relacionaron sus poblaciones ancestrales siguen en debate. Conviene distinguir el lugar donde aparece un fósil del lugar donde se originó toda una especie, porque no son necesariamente el mismo.
Los restos de Casablanca permiten investigar una parte mucho más antigua de esa historia y compararla con descubrimientos posteriores. El estudio sobre estos fósiles de unos 773.000 años ha sido publicado en Nature.
Foto: Hamza Mehimdate / Programme Préhistoire de Casablanca







