Fósiles de hace 250 millones de años revelan que monstruos marinos dominaron la Tierra tras la mayor extinción

Imagen autor
Publicado el: 14 de abril de 2026 a las 15:29
Síguenos
Recreación de depredadores marinos del Triásico temprano cazando tras la extinción masiva del Pérmico.

Hoy la región de Kimberley, en el noroeste de Australia Occidental, parece un lugar hecho para el polvo y el calor. Pero hace unos 250 millones de años era la orilla de una bahía poco profunda conectada a un océano enorme, justo después de la mayor extinción conocida. ¿Qué hace un depredador marino en medio de un paisaje que ahora es desierto?

Una revisión reciente de fósiles recogidos hace más de 60 años y recuperados tras décadas “perdidos” cambia la foto que teníamos. Donde se creía que solo había una especie de anfibio marino, ahora aparecen al menos dos, con un detalle llamativo. Uno de ellos tiene parientes documentados desde el Ártico hasta Madagascar.

El hallazgo que se dio por perdido

Los fragmentos de cráneo se encontraron en expediciones de los años sesenta y setenta en la estación ganadera de Noonkanbah, cerca de la localidad de Derby. En 1972, el material se describió como una única especie, Erythrobatrachus noonkanbahensis, y así se quedó durante décadas.

Con el tiempo, parte de los fósiles originales se extravió al estar repartidos entre museos de Australia y Estados Unidos. Esa ausencia activó una búsqueda en colecciones internacionales y, en 2024, uno de los ejemplares reapareció, lo que permitió reexaminar todo con técnicas modernas.

Un océano que intentaba rehacerse

La extinción del final del Pérmico ocurrió hace unos 252 millones de años y fue seguida por un calentamiento global extremo. En su resaca, al inicio del Mesozoico, empezaron a formarse ecosistemas marinos más complejos, con nuevos depredadores en la cima.

El problema es que la mayoría de fósiles de estos primeros cazadores marinos se conocen del hemisferio norte. Por eso los hallazgos del hemisferio sur, como los de Australia, son tan valiosos para entender qué pasó a escala global.

Dos depredadores en la misma bahía

Erythrobatrachus pertenecía a los trematosáuridos, un grupo de temnospóndilos con aspecto “cocodrilo” y parentesco lejano con ranas y salamandras. En los textos científicos se destaca que podían alcanzar unos 2 metros, y que aparecen en rocas costeras depositadas menos de un millón de años tras la extinción.

La sorpresa llegó al revisar los huesos con más detalle. Los fragmentos no correspondían todos a una sola especie, sino al menos a dos tipos distintos, Erythrobatrachus y otro atribuible al género Aphaneramma.

Los escaneos 3D apuntan a un cráneo de unos 40 centímetros en Erythrobatrachus y a un depredador de cabeza más ancha. Aphaneramma habría sido similar en tamaño, pero con hocico largo y estrecho, útil para atrapar peces pequeños. Compartían el agua, pero no tenían por qué competir por lo mismo.

Del Ártico a Madagascar

Erythrobatrachus, por ahora, solo se conoce en Australia. Aphaneramma sí aparece citado en depósitos de edad similar en Svalbard, el Extremo Oriente ruso, Pakistán y Madagascar, una distribución que sugiere una dispersión rápida por antiguos mares conectados.

El paleontólogo Lachlan Hart lo explicó de forma muy visual al decir que “hay una distancia enorme entre la Kimberley y Svalbard”, lo que indica que podía moverse por rutas oceánicas. También lo describió como un animal con “cabeza de cocodrilo” y “cuerpo de salamandra gigante”, claramente diseñado para cazar.

Lo que cambia en la historia de la recuperación

Este detalle importa porque tras una extinción masiva solemos imaginar un océano simplificado durante mucho tiempo. Sin embargo, encontrar dos depredadores distintos tan pronto sugiere que los nichos se estaban repartiendo antes de lo que se pensaba, al menos en este entorno costero.

También es un recordatorio de cómo funciona la ciencia de museo. Un fósil mal clasificado o guardado en un lugar equivocado puede distorsionar el relato durante décadas, hasta que aparece la pieza que faltaba. Hart llegó a decir que le “rompe el corazón” pensar en materiales “perdidos para la historia” dentro de colecciones.

Qué pasará ahora

Según los equipos implicados, los fósiles redescubiertos se están repatriando a Australia, y el trabajo abre la puerta a revisar otros restos del Triásico temprano del hemisferio sur. Si ya han aparecido dos especies donde se veía una, es razonable pensar que aún quedan sorpresas en los almacenes.

El estudio ha sido publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario