Hallazgo que reescribe lo que sabíamos de la gravedad en el Universo: descubren un «remanente» de agujero negro más pequeño que un electrón

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Publicado el: 9 de mayo de 2026 a las 08:02
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Primera imagen real de un agujero negro captada por el Event Horizon Telescope.

Un nuevo estudio publicado en 2026 plantea una idea tan extraña como importante. Algunos agujeros negros podrían no desaparecer por completo al final de su vida, sino dejar un resto microscópico capaz de conservar la información de todo lo que cayó en ellos.

La conclusión no debe leerse como una detección directa. Nadie ha visto uno de estos restos en el espacio. Lo que propone el trabajo es un modelo matemático en el que la gravedad, la física cuántica y unas posibles dimensiones extra encajan de una forma nueva. Y ahí está lo llamativo.

Qué se ha publicado

El trabajo está firmado por Richard Pinčák, Alexander Pigazzini, Michal Pudlák y Erik Bartoš. La investigación plantea una teoría de Einstein-Cartan en siete dimensiones, formulada sobre una estructura matemática conocida como variedad G2 con torsión.

La explicación oficial del Instituto de Física Experimental de la Academia Eslovaca de Ciencias lo resume de forma sencilla. En condiciones extremas, esa torsión geométrica generaría una fuerza repulsiva capaz de frenar la evaporación final del agujero negro.

En la práctica, esto significa que el agujero negro no acabaría en la nada. Se estabilizaría en un «remanente» con una masa aproximada de 9 × 10⁻⁴¹ kilogramos. Una cifra que no se entiende a simple vista, ni con calculadora al lado.

El atasco de Hawking

El problema viene de una de las ideas más famosas de Stephen Hawking. Según sus cálculos, los agujeros negros pueden emitir radiación de Hawking y perder masa poco a poco, hasta evaporarse con el paso del tiempo.

La dificultad aparece al hacer una pregunta muy simple. ¿Qué pasa con la información de todo lo que cayó dentro? Si desaparece para siempre, la mecánica cuántica queda en una posición incómoda, porque sus reglas indican que la información no debería destruirse.

Esta es la conocida paradoja de Hawking. No es un detalle menor. Es una de esas grietas donde los físicos intentan unir dos mundos que no terminan de llevarse bien, la relatividad general y la física cuántica.

Las siete dimensiones

El nuevo modelo propone que nuestro universo visible no tendría solo las cuatro dimensiones habituales, tres de espacio y una de tiempo. Habría tres dimensiones adicionales, compactas y retorcidas, tan pequeñas que no podríamos detectarlas de forma directa.

¿Suena a ciencia ficción? Un poco, sí. Pero las dimensiones ocultas aparecen desde hace décadas en distintos intentos de construir una física más profunda.

La torsión sería la clave. No se trata solo de que el espacio-tiempo se curve, como en la relatividad general, sino de que también pueda «retorcerse» en escalas extremas. Ese retorcimiento actuaría como una especie de freno cuando el agujero negro llega a su fase final.

El resto diminuto

La masa propuesta para el remanente es tan baja que cuesta compararla con algo cotidiano. Para hacerse una idea, la masa de un electrón es de unos 9,109 × 10⁻³¹ kilogramos, según los valores CODATA del NIST.

Eso significa que el remanente calculado por el modelo sería unos diez mil millones de veces más ligero que un electrón. Por eso conviene hablar de masa, no de tamaño visible. Aquí la intuición falla enseguida.

Lo más interesante es lo que supuestamente guardaría. Según el modelo, la información quedaría almacenada en modos cuasinormales, una especie de vibraciones muy duraderas dentro de la geometría del remanente. Como un disco duro cósmico, pero llevado al límite de la física.

El vínculo con el Higgs

El estudio añade otra pieza llamativa. Los autores relacionan esta geometría de siete dimensiones con la escala electrodébil, que ronda los 246 GeV y está asociada al campo de Higgs.

En palabras más llanas, la misma estructura geométrica que frenaría la evaporación del agujero negro también podría ayudar a explicar por qué las partículas elementales adquieren masa. No es poca cosa.

Aun así, este punto exige prudencia. El trabajo no demuestra que el Higgs nazca de esas dimensiones extra, sino que propone una vía matemática para conectar ambos asuntos. Y eso, en física teórica, es una pista interesante, pero todavía no una prueba.

Cómo podría comprobarse

El gran problema está en la escala de energía. Los efectos previstos por el modelo estarían muy lejos de lo que pueden alcanzar los aceleradores de partículas actuales. Dicho de otro modo, no parece algo que vaya a verse mañana en un laboratorio.

Por eso los autores apuntan a señales indirectas. Una posibilidad sería buscar huellas en ondas gravitacionales, sobre todo si existen agujeros negros primordiales o restos planckianos repartidos por el universo temprano.

También se menciona una conexión posible con la materia oscura. Si estos remanentes fueran reales y abundantes, podrían formar parte de ese componente invisible que afecta a las galaxias por su gravedad. El problema es el de siempre. Detectarlo no será fácil.

Por qué conviene tomarlo con calma

La idea es potente, pero sigue siendo una hipótesis teórica. No hay una imagen, una medición directa ni una señal confirmada de estos remanentes. Lo que hay es un marco matemático que intenta resolver un atasco muy profundo de la física moderna.

En el fondo, el valor del trabajo está en ofrecer una ruta comprobable. No basta con que una teoría suene elegante. Tiene que dejar pistas que puedan buscarse con observatorios cada vez más sensibles, ya sea en señales gravitatorias, en el fondo cósmico de microondas o en fenómenos ligados a la materia oscura.

Si esta hipótesis llegara a confirmarse, cambiaría mucho más que nuestra idea de los agujeros negros. También tocaría la forma en que entendemos el espacio, la gravedad, las partículas y el origen de la masa. 

El estudio completo ha sido publicado en General Relativity and Gravitation.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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