En la Tierra, muchos recuerdan mayo de 2024 por las auroras que se colaron en latitudes donde no son habituales, tan al sur como México. Mientras aquí era un fenómeno vistoso, en Marte el mismo episodio fue un golpe directo a su atmósfera y a los sistemas de varias naves espaciales.
Las mediciones indican que el planeta rojo recibió en apenas 64 horas una dosis de radiación comparable a unos 200 días “normales”. ¿Qué significa esto, más allá del titular? Que Marte es un entorno mucho más vulnerable cuando el Sol aprieta, y que planificar futuras misiones allí exige pensar en refugio, comunicaciones y tiempos de respuesta.
Qué ocurrió realmente aquel 20 de mayo
El 20 de mayo de 2024 se produjo una llamarada solar estimada como X12 a partir de datos de la misión Solar Orbiter, que es conjunta de la ESA y la NASA. Después llegó la eyección de masa coronal, una nube de plasma que arrastra partículas cargadas y puede viajar por el Sistema Solar como una ola invisible.
La NASA explica que los rayos X y gamma llegan primero, y que las partículas energéticas aparecen poco después, en cuestión de decenas de minutos. Esa diferencia de tiempo es pequeña, así que en la práctica el margen para “prepararse” en Marte es muy limitado.
La cifra que resume el golpe
El ExoMars Trace Gas Orbiter (TGO) lleva un monitor de radiación y, durante la supertormenta, registró una dosis equivalente a 200 días habituales en Marte, pero comprimida en 64 horas. Un análisis técnico de esa medición cuantifica la dosis en torno a 24,7 miligrays (mGy) solo en la fase principal.
Aquí conviene traducir la escala. Los grays miden energía de radiación absorbida por la materia, por eso se usan para hablar de dosis. Para que suene más cercano, en superficie el rover Curiosity registró unos 8.100 micrograys (µGy), un pico que la NASA comparó con 30 radiografías de tórax en una persona situada junto al vehículo, y no es poca cosa.
Por qué Marte lo sufre más
La Tierra tiene un campo magnético global que desvía parte de estas partículas y limita muchos de sus efectos a regiones concretas, además de una atmósfera densa. Por eso aquí vemos auroras y alteraciones geomagnéticas, pero no quedamos tan expuestos en superficie como en un planeta casi sin escudo.
Marte perdió su campo magnético interno en el pasado y su atmósfera es mucho más fina. En la práctica, eso permite que la radiación penetre con más facilidad y, además, que se altere con fuerza la ionosfera, que es la capa clave para que viajen bien las señales de radio.
La atmósfera marciana se llenó de electrones
Durante el episodio, los orbitadores de la ESA observaron un aumento enorme de electrones en dos capas de la atmósfera, alrededor de los 110 y 130 kilómetros de altitud. Las cifras fueron de un 45 por ciento y un 278 por ciento, respectivamente, el mayor registro en esa región hasta ahora.
El investigador de la ESA Jacob Parrott lo describió así. “El impacto fue notable, la atmósfera superior de Marte se inundó de electrones”, y añadió que fue “la mayor respuesta a una tormenta solar” vista en el planeta rojo. Para medirlo, el equipo usó radio ocultación entre Mars Express y TGO, una técnica que lee las capas atmosféricas siguiendo cómo se refracta una señal al cruzarlas.
Qué cambia para las misiones que vienen
La supertormenta también provocó errores informáticos en ambos orbitadores, un riesgo típico del “clima espacial” cuando llegan partículas muy energéticas. Se recuperaron rápido gracias a sistemas preparados para detectar y corregir fallos, pero el aviso es claro.
¿Y para una misión tripulada? La NASA plantea soluciones que suenan sorprendentemente terrenales, como buscar protección en el relieve. “Acantilados o tubos de lava proporcionarían protección adicional para un astronauta” durante un evento así, explicó Don Hassler, investigador principal del detector RAD de Curiosity.
El estudio ha sido publicado en Nature Communications.









