Durante años se ha repetido que las mujeres son mejores que los hombres haciendo varias cosas a la vez. Sin embargo, un estudio con una prueba más parecida a la vida cotidiana no encontró una ventaja general femenina en la multitarea.
La diferencia apareció en un punto muy concreto. Mientras cocinaban, buscaban información, vigilaban una pantalla y resolvían ejercicios, los hombres dejaron pasar muchas más preguntas de una conversación. Ese silencio también cambió la forma en que otras personas juzgaron todo su desempeño.
Una prueba más cercana a la vida real
La multitarea no siempre consiste en hacer dos cosas exactamente al mismo tiempo. También implica cambiar de actividad, recordar dónde se dejó cada una y atender interrupciones sin perder el hilo.
André J. Szameitat, de la Universidad Brunel de Londres, y Diana P. Szameitat, de City St George’s, Universidad de Londres, diseñaron cinco tareas repartidas por una sala con el apoyo de la Fundación BIAL. Querían superar las pruebas habituales frente a un único ordenador y reproducir mejor el pequeño caos diario.
Participaron 41 hombres y 37 mujeres, con una edad media cercana a los 23 años. Durante diez minutos tuvieron que seguir una receta simulada, buscar números de teléfono, emparejar letras y cifras, vigilar palabras en una pantalla y responder a una pregunta cada 20 segundos.
La presión fue aumentando
Los participantes permanecieron de pie y se movieron entre tres mesas. Además, un temporizador acortó progresivamente los intervalos desde 90 hasta 30 segundos, de modo que cada vez tenían menos tiempo antes de cambiar de actividad.
¿Suena familiar? Es como terminar la cena mientras suena el móvil y alguien pregunta algo. El laboratorio no reproduce toda una casa u oficina, pero sí introduce movimiento, interrupciones y presión.
Las preguntas exigían algo más que un sí o un no. Se pedía elegir entre dos situaciones y explicar el motivo, lo que obligaba a escuchar, decidir y formular una respuesta mientras continuaban las demás tareas.
La conversación marcó la diferencia
En cuatro de las cinco actividades no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre hombres y mujeres. El rendimiento fue similar al seguir la receta, buscar teléfonos, emparejar números y letras y controlar las palabras de la pantalla.
La excepción fue la conversación. Las mujeres respondieron de media a 24,76 de las 28 preguntas, mientras que los hombres contestaron a 20,24. Ellas dejaron sin respuesta el 11,6 % y ellos el 27,7 %, más del doble.
Eso no significa que los hombres respondieran peor cuando hablaban. La rapidez y la calidad de sus contestaciones fueron comparables a las de las mujeres. La diferencia estaba en cuántas veces la conversación se quedaba directamente sin atender.
Los demás también lo percibieron
El segundo experimento quiso comprobar si esa conducta podía alimentar el conocido estereotipo. Un total de 160 observadores vieron fragmentos de los vídeos sin conocer la pregunta real de la investigación y valoraron cómo parecía desenvolverse cada participante.
Las mujeres fueron percibidas con mayor control, mejor rendimiento, más esfuerzo, mayor alerta y un estado de ánimo más positivo. Al aumentar la presión, los hombres parecían perder más control y rendir peor ante los observadores.
Lo llamativo es que esas valoraciones estaban relacionadas con el desempeño conversacional, pero no con las otras cuatro tareas. Dejar de responder daba la impresión de que todo lo demás iba peor, aunque las mediciones objetivas no mostraban una caída general.
Así puede nacer un estereotipo
Una conducta visible puede pesar más que varias tareas realizadas correctamente. Si una persona sigue cocinando o buscando un número, pero deja de contestar, quien la observa puede pensar que está desbordada, distraída o poco implicada.
Los investigadores relacionan este efecto con una especie de arrastre negativo. Un fallo llamativo en un aspecto contamina la valoración del conjunto, como una mancha pequeña que acaba ocupando toda la fotografía.
«No existen diferencias sustanciales entre sexos en las tareas cognitivas visomanuales», señaló André Szameitat. La diferencia significativa apareció, según el investigador, al mantener una conversación durante una situación multitarea.
Qué significa en la vida diaria
El hallazgo no permite afirmar que todas las mujeres hablen más ni que todos los hombres se aíslen bajo presión. Habla de promedios observados en una muestra y una prueba concretas. No es poca cosa, pero tampoco es una regla universal.
Aun así, la comunicación importa. En casa, el silencio puede confundirse con falta de interés. En el trabajo, responder menos durante un momento de mucha carga puede parecer descortesía o falta de control, aunque la persona siga cumpliendo las demás tareas.
Los autores señalan que esta cuestión puede ser relevante en profesiones donde hablar forma parte de la seguridad. Los procedimientos entre pilotos y controladores están entrenados, pero una reducción de la comunicación podría resultar problemática ante situaciones nuevas o críticas.
Lo que todavía no sabemos
El estudio reunió a 78 jóvenes de una universidad británica. Los autores los clasificaron según su sexo biológico al nacer, por lo que los resultados no abarcan toda la variedad individual, cultural o de género.
Los investigadores plantean que, en promedio, las mujeres podrían mostrar una mayor disposición a mantener la comunicación social. Pero esa explicación no se comprobó directamente y debe tomarse como una hipótesis, no como una causa demostrada.
También será necesario repetir la prueba con grupos más amplios, distintas edades, otros países y conversaciones auténticas con turnos reales. Solo así podrá saberse si el patrón se mantiene y si el entrenamiento ayuda a conservar la comunicación cuando varias demandas compiten por la atención.
La diferencia está en seguir conectado
La conclusión es más matizada que el viejo tópico. Hombres y mujeres rindieron de manera similar en la mayor parte de una multitarea compleja, pero los hombres ignoraron más preguntas y esa ausencia de respuesta empeoró la impresión que causaban.
Quizá el estereotipo no nació porque las mujeres hagan mejor todo a la vez, sino porque mantienen una señal social muy visible mientras lo hacen. En medio del ruido, las prisas y las interrupciones, seguir contestando puede parecer la prueba de que todo continúa bajo control. Y eso se nota.
El estudio completo ha sido publicado en la revista Psychological Research.
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