En 1980 el lago Peigneur, en Luisiana, desapareció en unas doce horas por un agujero en su fondo mientras una plataforma buscaba petróleo, y un canal que iba hacia el mar empezó a correr al revés formando una cascada de 45 metros

Adrian Villellas
Publicado el 29 de septiembre de 2026 a las 22:02
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La casa de Joseph Jefferson en Jefferson Island, junto al lago Peigneur

El 20 de noviembre de 1980, el lago Peigneur, en Luisiana (Estados Unidos), comenzó a desaparecer bajo tierra mientras una plataforma contratada por Texaco buscaba petróleo. El agua entró en una mina de sal situada debajo y desencadenó un hundimiento que arrastró instalaciones, embarcaciones y parte de la orilla.

Todos los trabajadores lograron escapar, pero el paisaje quedó transformado. El canal conectado con el lago invirtió su corriente y contribuyó a rellenarlo con agua salina, convirtiendo aquel entorno de agua dulce en uno salobre. La escena duró horas y sus consecuencias permanecen décadas después.

Dos industrias superpuestas

Para entender lo ocurrido hay que mirar debajo del agua. Allí se encuentra el domo salino de Jefferson Island, una enorme masa de sal que ascendió entre los sedimentos y que Diamond Crystal Salt Company explotaba mediante galerías subterráneas.

Sobre ese mismo entorno se desarrollaba la búsqueda de petróleo. La minería de sal y la perforación petrolífera compartían espacio, aunque trabajaban a distintas profundidades y con objetivos diferentes.

Esta coincidencia tiene una explicación geológica. Los domos salinos pueden favorecer la acumulación de petróleo y gas en las rocas de su entorno, por lo que atraen actividades que necesitan conocer con precisión qué hay bajo sus instalaciones.

Un desagüe bajo el lago

¿Cómo puede vaciarse un lago por una abertura en su fondo? La clave está en la combinación de las cavidades de la mina, la entrada de agua y un material que se disuelve con facilidad.

La sal no se comporta como una pared impermeable e inalterable cuando recibe agua dulce. Su disolución puede ampliar los huecos y debilitar las estructuras, mientras el flujo arrastra materiales y agrava el hundimiento.

En Peigneur, el proceso acabó formando un enorme remolino. El Servicio Geológico Británico recoge que el lago se había drenado en unas doce horas y que, durante los días posteriores, los sedimentos de los alrededores cayeron dentro del cráter y terminaron sellando la abertura.

El canal empezó a fluir al revés

El descenso del nivel del agua cambió también lo que sucedía fuera del lago. El canal Delcambre, que normalmente conducía agua hacia el golfo de México, empezó a alimentar la depresión en sentido contrario.

La reconstrucción oficial del Área de Patrimonio Nacional de Atchafalaya describe una cascada temporal de unos 45 metros. El agua del canal tardó alrededor de dos días en rellenar el lecho casi vacío.

El hundimiento se llevó unas 26 hectáreas de terreno, incluida parte de los jardines de la zona. Cuando las presiones se equilibraron, nueve de las barcazas hundidas volvieron a aparecer en la superficie.

La evacuación salvó vidas

Bajo tierra, los trabajadores se enfrentaban a una inundación que avanzaba por sus lugares de trabajo. Conseguir que todos salieran exigía avisar, localizar a los compañeros y llegar a los medios de subida a la superficie.

Una revisión científica publicada en 2023 destaca el papel de los procedimientos de evacuación conocidos por la plantilla y de la comunicación con el operador del ascensor. También relata que los supervisores fueron a buscar a cuatro personas que estaban fuera del alcance de las señales de aviso.

Ese análisis sitúa la evacuación en unos 50 minutos. El caso permite extraer una lección concreta sobre seguridad laboral, porque conocer la salida y saber cómo avisar a los demás puede resultar decisivo cuando el agua empieza a entrar.

Una causa sin cerrar

La explicación más difundida relaciona la perforación petrolífera con la entrada de agua en la mina. Sin embargo, el informe de la Administración de Seguridad y Salud Minera de Estados Unidos (MSHA), publicado en 1981, advirtió de las dificultades para determinar la causa precisa.

Las galerías inundadas no podían inspeccionarse y la información disponible era circunstancial. El documento examinó tanto posibles problemas estructurales de la explotación como la secuencia de incidentes en el equipo de perforación.

Por eso, atribuirlo todo a una desviación concreta del pozo o a un error cartográfico demostrado iría más allá de lo establecido. La incertidumbre sobre el desencadenante exacto forma parte de esta historia y conviene conservarla al contarla.

El agua volvió, el lago cambió

La consecuencia ambiental más clara fue la transformación de un lago somero de agua dulce en un entorno más profundo y salobre. Recuperar una superficie cubierta de agua no significó recuperar las condiciones anteriores.

Para entender su impacto hay que mirar también el terreno perdido, el nuevo fondo y la conexión con las aguas del entorno. Esa es la lección que deja Peigneur para quienes evalúan actividades industriales bajo un paisaje que, visto desde la orilla, puede parecer tranquilo.

La historia sigue vinculada a los jardines Rip Van Winkle, junto al lago. La reconstrucción del accidente y de sus efectos está publicada en la web oficial del Área de Patrimonio Nacional de Atchafalaya.

Imagen: Bart Everson / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Adrian Villellas

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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