Ciencia

Por primera vez en la historia los científicos han visto el fondo del océano abriéndose en tiempo real con 160 millones de m3 de lava surgiendo a través de las placas tecnónicas

Científicos observan por primera vez cómo el fondo del océano se abre y crea nueva corteza con una gigantesca erupción de lava.

Por primera vez en la historia los científicos han visto el fondo del océano abriéndose en tiempo real con 160 millones de m3 de lava surgiendo a través de las placas tecnónicas

El suelo bajo el océano Índico se abrió, se hundió y recibió una enorme cantidad de lava mientras una red de instrumentos seguía cada cambio. Es la primera observación conocida desde el propio fondo de un episodio de expansión en una dorsal oceánica que reúne a la vez datos sísmicos, distancias acústicas, presión y nuevos mapas submarinos.

Todo comenzó el 26 de abril de 2024, cerca del límite entre las placas australiana y antártica. En seis días, el valle de la dorsal descendió 4,2 metros y la corteza se extendió varios metros, mientras unos 160 millones de metros cúbicos de lava salían al fondo marino durante cerca de 16 días. La conclusión cambia la imagen habitual de una tectónica lenta y constante.

Una red en el lugar exacto

El observatorio OHA-GEODAMS había sido desplegado a finales de febrero de 2024 sobre la dorsal del Sudeste Índico, cerca de los 37 grados de latitud sur. Más de veinte instrumentos cubrían una zona de unos 100 kilómetros con hidrófonos, balizas acústicas y un sensor de presión colocado directamente sobre el lecho marino.

La intención inicial era medir pequeños desplazamientos y entender cómo se acumula la tensión entre grandes episodios tectónicos. «No soñábamos con captar un episodio tan grande», explicó Jean-Yves Royer en declaraciones a ScienceAlert. El equipo esperaba medir apenas unos centímetros, pero terminó registrando metros de desplazamiento.

El aviso llegó con terremotos

A las 19.56 horas UTC del 26 de abril, los hidrófonos detectaron cinco pequeños eventos sísmicos. Poco después se produjo un terremoto de magnitud 4,9 y la actividad empezó a desplazarse primero hacia el sureste y luego hacia el noroeste del valle.

Ese recorrido no era aleatorio. Los investigadores lo interpretan como la propagación de diques, unas láminas de magma que avanzan abriendo fracturas en la corteza. El movimiento asociado se desplazó a unos tres metros por segundo, una velocidad muy alta frente a la escala habitual de estos procesos.

El suelo cayó 4,2 metros

El dato más llamativo apareció en el sensor de presión. El fondo del valle se hundió 4,2 metros en seis días y el 83 % de ese descenso ocurrió durante las primeras 16 horas. En el momento más rápido, el terreno bajó a unos cinco centímetros por minuto.

Después, el ritmo se frenó hasta unos 1,2 centímetros diarios. ¿Qué significa esto en la práctica? Que el cambio no fue una grieta uniforme, sino una mezcla de hundimiento, apertura de fracturas, movimiento de fallas y salida de magma.

Un depósito perdió presión

Los modelos indican que buena parte del hundimiento se produjo cuando un depósito de magma situado bajo el valle comenzó a vaciarse. Una de las soluciones que mejor encaja propone una reserva de unos 2,5 kilómetros de anchura, situada a unos 3,6 kilómetros bajo el fondo.

Al perder presión y volumen, el terreno que tenía encima se quedó con menos soporte y descendió. Al mismo tiempo, un dique ascendió hacia la superficie y una falla normal se deslizó. En el fondo, tres procesos distintos estaban tirando de la misma pieza de corteza.

La lava fabricó nueva corteza

Los mapas obtenidos antes y después del episodio revelaron grandes depósitos de lava que superaban los 90 metros de espesor en algunos puntos. El volumen total calculado se sitúa entre 148 y 160 millones de metros cúbicos, aproximadamente lo que cabría en unas 64.000 piscinas olímpicas.

La erupción principal habría durado alrededor de 16 días. Los hidrófonos registraron más de 2.150 señales breves relacionadas con el contacto de la lava caliente y el agua, además de un pequeño pulso posterior en junio. La roca fundida se enfrió y pasó a formar una nueva porción de suelo oceánico, oculta bajo miles de metros de agua.

Décadas de movimiento en días

La dorsal se abre a una velocidad media de unos 6,3 centímetros al año. Esa cifra parece indicar un avance suave, casi como el segundero de un reloj, pero el episodio demuestra que la realidad puede parecerse más a un resorte que acumula tensión y se libera de golpe.

Los modelos sitúan la extensión horizontal total entre 2,1 y 4 metros. En uno de los escenarios mejor ajustados, los 2,4 metros calculados equivalen a unos 38 años de expansión normal de la dorsal. No es poca cosa.

Una parte ocurrió sin terremotos

El trabajo también ayuda a explicar por qué algunas dorsales generan menos energía sísmica de la esperada. Según la estimación central del estudio, alrededor del 76 % del movimiento de la falla durante este episodio habría sido asísmico, es decir, se produjo sin liberar la señal de un terremoto equivalente.

Esto importa porque los catálogos sísmicos no siempre muestran todo lo que se mueve bajo el mar. Una dorsal puede deformarse mucho más de lo que sugieren únicamente sus terremotos. Y ahí entran en juego las mediciones directas sobre el fondo.

Por qué cambia lo que sabemos

Dos tercios de la superficie terrestre se han creado en el sistema mundial de dorsales oceánicas. Sin embargo, observar estos límites de placas es difícil por la profundidad, la distancia y el coste de mantener equipos funcionando durante años.

La nueva investigación demuestra que es posible seguir a la vez los terremotos, el movimiento horizontal, el hundimiento y la llegada de lava. Los expertos señalan que el siguiente paso será comparar este episodio con otras dorsales, incluidas aquellas donde predominan las fallas y hay menos aporte de magma.

La Tierra sigue fabricando superficie

No nació una isla ni apareció tierra visible. Lo que se formó fue una nueva franja de corteza oceánica en un lugar remoto, mientras sobre tierra firme nadie notaba nada.

Ese contraste es precisamente lo fascinante. El planeta parece sólido bajo nuestros pies, pero en las profundidades continúa rompiendo, desplazando y reconstruyendo su superficie.

El estudio científico fue publicado el 8 de julio de 2026 en Nature.

Relacionados