Más de un centenar de terremotos pequeños sacudieron Newdigate y otras zonas de Surrey. Fueron de magnitudes entre 1.34 y 3.18, y se fueron conociendo detalles por los vecinos que informaban de las grietas, de los objetos caídos o de las camas que se movían.
Un estudio realizado por Matthew Fox y Philip Meredith, de University College London (UCL), considera que la extracción de petróleo en Horse Hill puede ser el motivo de tantos movimientos sísmicos, ya que se sitúan a una distancia de entre cinco y diez kilómetros de las marmitas. Sin embargo, los autores de la investigación no demuestran una conexión directa y dejan abierta la posibilidad de una coincidencia.
Un enjambre inesperado
Los sensores registraron un total de 168 terremotos en una zona que no presenta actividad sísmica desde hace varias décadas. Los primeros movimientos se produjeron antes del inicio de la fase principal de extracción de petróleo, lo que en un primer momento hizo pensar que se trataba de un origen natural.
Un estudio publicado en 2019 ubicó a los terremotos a más de tres kilómetros de distancia de los pozos y a cerca de 2,5 kilómetros de profundidad, bastante por debajo de las capas que son explotadas. Asimismo, detectó un desplazamiento horizontal de las fallas que sus investigadores consideraron como compatible con un fenómeno natural.
La presión bajo tierra
La extracción de petróleo afecta la presión que ejercen los fluidos que están atrapados en los poros de las rocas. Esa variación en la presión se podría propagar por las posibles redes de fracturas que puede haber en el subsuelo, siguiendo un camino «fácil», hasta que llegue a una falla que ya esté sometida a tensión y eso puede ayudar a provocar un terremoto.
El tiempo necesario varía en función de las propiedades de las rocas. La formación Portland es alrededor de 1 millón de veces más permeable que la Kimmeridge, de modo que la presión sería cuestión de días en el primer caso y semanas en el segundo.
Esto podría explicar que los terremotos no tengan relación directa con las actividades de extracción de petróleo.
Más de un millón de simulaciones
Fox y Meredith idearon un modelo matemático que relacionaba las fechas y el volumen de extracción con la frecuencia de los terremotos. Tras realizar más de un millón de simulaciones, las predicciones generadas por el modelo reproducían, con un éxito razonable, la evolución de los posibles terremotos.
Otra de las conclusiones que se extrae es que los primeros temblores podrían clasificarse como resultado de trabajos anteriores, por ejemplo, las pruebas de presión que se practicaron en el pozo.
Por ello, los autores consideran como una opción real, la relación entre la extracción y los terremotos, y aunque reiteran que con los datos disponibles no se puede demostrar, los datos no apuntan en esa dirección. La operadora de Horse Hill, UK Oil & Gas, ya defendió en el año 2019 que los terremotos tenían origen natural.
Vigilar antes de perforar
Una de las principales dificultades es la instalación de los sismómetros más sensibles después de que se produjeran los primeros terremotos importantes. Esto supone un impedimento a una evaluación completo por falta de datos detallados en el inicio del episodio y en todos los movimientos de menor intensidad.
Meredith sostiene que las regiones donde se quiere extraer petróleo deberían ser monitorizadas antes de iniciar los trabajos, y así poder tener una referencia previa que les permita monitorizar la relación entre la actividad natural y los potenciales efectos industriales.
El estudio se ha publicado en Geological Magazine.



