La mano humana parece diseñada para escribir, coser, manejar herramientas o sujetar un teléfono móvil con una precisión casi automática. Pero un nuevo estudio sugiere que, dentro de la muñeca, seguimos conservando señales anatómicas mucho más antiguas, heredadas de un pasado compartido con chimpancés y gorilas.
La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society B, vuelve a abrir una pregunta clásica de la evolución humana. ¿Nuestro ancestro común con los grandes simios africanos caminaba apoyándose sobre los nudillos? Los autores no dicen que la respuesta esté cerrada, pero sí que la muñeca humana guarda pistas difíciles de ignorar.
Una pista escondida
El trabajo se centra en los huesos carpianos, las pequeñas piezas que forman la muñeca. Son huesos diminutos, irregulares y poco llamativos a simple vista, pero controlan buena parte de la estabilidad y la movilidad de la mano.
Durante mucho tiempo, la historia de nuestra evolución se explicó mirando el cráneo, la pelvis o las piernas. Tiene sentido, porque el bipedismo cambió nuestra forma de movernos. Pero la muñeca también cuenta una historia. Y no es poca cosa.
Miles de huesos comparados
El equipo dirigido por Laura E. Hunter comparó huesos de muñeca de primates actuales y de homininos fósiles. Según la información publicada sobre el estudio, el análisis incluyó más de 2.000 piezas de primates vivos y 55 fósiles de homininos, una muestra amplia para estudiar una zona tan compleja.
Para hacerlo no bastaba con mirar los huesos en una vitrina. Los investigadores usaron modelos tridimensionales, un método matemático llamado armónicos esféricos y sistemas de clasificación automática. En la práctica, esto permite comparar la forma completa de cada hueso, incluso detalles que el ojo humano puede pasar por alto.
Parecidos inesperados
Los resultados apuntan a una similitud notable entre la muñeca humana y la de los grandes simios africanos. El estudio destaca especialmente dos huesos, el semilunar y el piramidal, que son muy parecidos en humanos, gorilas y chimpancés.
Esto no significa que los humanos actuales caminemos como ellos, claro. Pero sí sugiere que parte de nuestra muñeca podría venir de una anatomía antigua, quizá relacionada con formas de locomoción en las que la mano soportaba peso. Ahí está la clave.
El rastro de los nudillos
Chimpancés y gorilas se desplazan muchas veces apoyando el peso del cuerpo sobre los nudillos. Para eso necesitan una muñeca fuerte y estable, capaz de resistir presiones repetidas sin lesionarse.
El nuevo estudio plantea que algunos rasgos compartidos por humanos y grandes simios africanos podrían estar relacionados con ese tipo de locomoción. La propia Hunter lo resumió con cautela al explicar que existen rasgos que pudieron ser ventajosos para caminar sobre los nudillos en el ancestro común.
Pero aquí conviene frenar. Que una estructura sirva para una cosa en un animal no significa que siempre haya tenido exactamente esa función. En evolución, una pieza puede cambiar de uso con el tiempo, como una herramienta vieja que acaba sirviendo para una tarea nueva.
La mano no apareció de golpe
Uno de los puntos más interesantes del trabajo es que la mano humana no habría evolucionado como una transformación limpia y rápida. Más bien parece un mosaico, con huesos que cambiaron antes y otros que conservaron rasgos antiguos durante mucho más tiempo.
Los autores señalan que algunas especies fósiles muestran combinaciones extrañas. En Homo naledi, por ejemplo, la anatomía de la muñeca parece variar bastante entre individuos, lo que sugiere que sus capacidades manuales no eran tan uniformes como en humanos modernos y neandertales.
El pulgar ganó peso
La parte más moderna de nuestra muñeca aparece sobre todo en el lado del pulgar. Allí se reorganizaron varios huesos, aumentando la estabilidad y facilitando movimientos finos.
Ese cambio es importante porque el pulgar es el gran protagonista de la precisión humana. Gracias a él podemos pinzar, sujetar, girar y fabricar objetos. En el fondo, la evolución no borró la muñeca heredada de los antiguos simios africanos, sino que la modificó poco a poco para otra vida.
Herramientas y evolución
El estudio también sugiere que las adaptaciones más claras para un uso sofisticado de herramientas pudieron fijarse tarde en la evolución humana. Es una idea potente, porque solemos imaginar que la fabricación de utensilios avanzados apareció como una línea recta desde los primeros homininos.
La realidad parece más complicada. Algunos huesos conservaban rasgos antiguos mientras otros empezaban a mostrar características modernas. La evolución rara vez trabaja con prisas. Va probando, ajustando y reutilizando.
El debate sigue vivo
Aun así, los autores insisten en que no hay una prueba definitiva. La muñeca aporta una pista fuerte, pero no basta para reconstruir por completo cómo se movía el último ancestro común de humanos y chimpancés.
También podría haber otras explicaciones, como la escalada vertical o comportamientos en los árboles. Por eso Hunter recordó una frase muy útil para no exagerar el hallazgo, «el título es una pregunta, no una afirmación».
Lo que falta por encontrar
El gran problema sigue siendo el mismo de siempre. Faltan fósiles del momento exacto en el que se separaron las líneas evolutivas de humanos y chimpancés. Sin esos huesos, la escena completa seguirá teniendo zonas borrosas.
Pero la pista es fascinante. La misma estructura que hoy nos permite escribir, cocinar, dibujar o usar una herramienta pudo tener raíces en un pasado en el que nuestros ancestros se movían de una forma mucho más parecida a la de los grandes simios africanos.
El estudio completo ha sido publicado en Proceedings of the Royal Society B.









