Un joven de 27 años desafía a las multinacionales con un negocio de construcción de casas de hormigón impresas en 3D en solo 48 horas

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Publicado el: 25 de junio de 2026 a las 23:31
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Impresora 3D de hormigón construyendo la estructura de una vivienda de 120 metros cuadrados en una obra

La construcción está empezando a mirar hacia una máquina que, hasta hace poco, parecía más propia de un laboratorio que de una obra. Mateo Salvatto, emprendedor argentino de 27 años y cofundador de Grondplek, asegura que una vivienda de 120 m² puede tener lista su obra gris en 48 horas gracias a una impresora 3D de hormigón. El matiz es importante. No hablamos de una casa terminada y lista para vivir, sino de la estructura principal.

La noticia llega en un momento delicado para el sector. Edificios y construcción representan alrededor del 37 % de las emisiones globales de CO₂ y casi la mitad de la extracción mundial de materiales, según el informe 2025-2026 de UNEP y GlobalABC. Por eso, cualquier tecnología capaz de reducir plazos, desperdicios y consumo de recursos merece atención. Pero también exige prudencia. No todo lo rápido es automáticamente sostenible.

Una casa en dos días con letra pequeña

«Una vivienda de 120 m² puede tener la obra gris lista en 48 horas», declaró Salvatto en el podcast Experiencia que construye, según recogió La Nación. La frase impresiona, sobre todo si uno piensa en una obra tradicional, con semanas de albañiles, camiones, polvo y retrasos. Pero la propia explicación deja claro dónde está el límite.

La impresora levanta la obra gris, es decir, muros, estructura, paredes, escaleras, canteros e incluso algunas superficies de hormigón. Después faltan las instalaciones eléctricas, la fontanería, las carpinterías, los baños, la cocina, la pintura y todos esos remates que convierten una estructura en un hogar.

Ese punto cambia mucho la lectura. La promesa no es que alguien entre a vivir a las 48 horas. Lo que cambia es el ritmo de una fase dura, repetitiva y físicamente exigente. No es poca cosa.

Cómo imprime el hormigón

Según la información publicada sobre Grondplek, la máquina mide unos 11 metros por 11 metros y alcanza aproximadamente 7 metros de altura. Funciona con una mezcla de cemento y aditivos, que una planta mezcladora compacta envía a una bomba y después al cabezal de impresión. La estructura va apareciendo capa a capa.

El sistema no usa ladrillos colocados a mano ni encofrados tradicionales para cada pared. El cabezal deposita el material necesario y se hacen pausas entre capas para que el hormigón fragüe correctamente. Grondplek explica en su web que la impresión 3D de hormigón automatiza estructuras mediante sistemas industriales pensados para operar directamente en obra, aunque la viabilidad depende de la escala, el proyecto y la organización del terreno.

Salvatto sostiene además que estas viviendas pueden tener doble pared con cámara de aire y características antisísmicas. Conviene leerlo como una declaración técnica del proyecto, no como una garantía universal para cualquier casa impresa. Cada obra deberá cumplir normas locales, cálculos estructurales y controles de calidad.

El punto ecológico

La parte ambiental es una de las más interesantes. Grondplek presenta esta tecnología como una forma de reducir desperdicios y optimizar material mediante diseño algorítmico. En su web habla de una reducción del 60 % en desperdicios, una cifra relevante si se confirma en cada tipo de obra y con mediciones comparables.

¿Por qué importa esto? Porque en una obra tradicional se pierde material por cortes, errores, sobrantes, moldes y cambios sobre la marcha. Aquí el sistema imprime lo que necesita en cada zona, con más precisión. Es un poco como pasar de cocinar a ojo a usar una receta medida al gramo.

Pero hay que decirlo claro. El hormigón sigue teniendo una huella ambiental, especialmente por el cemento. Por eso, la sostenibilidad real dependerá de la mezcla usada, la durabilidad de la vivienda, el aislamiento, el transporte de materiales y la energía consumida durante todo el proceso. La impresión 3D puede ayudar, pero no convierte por sí sola al hormigón en un material inocuo.

Trabajadores y obra real

Uno de los miedos habituales con estas tecnologías es el empleo. Salvatto ha insistido en que la impresora «no busca reemplazar a los trabajadores», sino cambiar algunas tareas y reducir trabajos muy pesados. La operación, la supervisión y las terminaciones siguen dependiendo de personas formadas.

En la práctica, esto significa que la obra necesita menos esfuerzo físico en algunas fases, pero más perfiles técnicos. Alguien debe preparar la mezcla, controlar la máquina, revisar el trazado y resolver imprevistos. La construcción seguirá necesitando manos expertas, aunque algunas tareas cambien.

Argentina entra en la carrera

Grondplek se presenta como la primera empresa de Latinoamérica dedicada por completo a la impresión 3D en construcción y como distribuidora oficial de COBOD en la región. COBOD afirma que Grondplek opera impresoras y puede construir desde proyectos de infraestructura hasta viviendas ecológicas en tiempos reducidos. Además, señala a Techint como su primer cliente en la región.

Techint Ingeniería y Construcción también confirmó en junio de 2025 la incorporación de una impresora 3D de hormigón en Argentina, con pruebas realizadas en su centro logístico de General Pacheco. La compañía destacó aplicaciones industriales como muros perimetrales, cámaras, trincheras de drenaje, fundaciones menores y encofrados perdidos. No hablamos solo de casas.

COBOD indica que sus impresoras trabajan con hormigón de origen local y no obligan a usar una mezcla propietaria. También señala que el sistema BOD2 sirve para edificios grandes de hasta tres plantas.

Qué hay que mirar ahora

La pregunta de fondo es sencilla. ¿Puede esta tecnología cambiar la forma de construir viviendas asequibles y con menos impacto ambiental? Puede ayudar, pero todavía no conviene venderla como una solución cerrada. La escala real, los costes finales, la regulación, el mantenimiento y el comportamiento de las viviendas con los años serán los verdaderos exámenes.

También habrá que ver si el ahorro del 30 % planteado por Salvatto se mantiene en distintos países, con otros precios de mano de obra, otros códigos técnicos y otros materiales. Una cosa es imprimir bien en un entorno controlado. Otra, levantar barrios enteros con calidad, seguridad y buen aislamiento.

Aun así, el avance merece atención. En un sector que consume tantos materiales y pesa tanto en las emisiones, imprimir solo lo necesario puede abrir una vía para construir con menos residuos y más precisión. No es una varita mágica, pero sí una herramienta potente. Y eso ya empieza a notarse.

La información oficial sobre la tecnología de construcción 3D de hormigón ha sido publicada por Grondplek.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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