Cambio climático

No es nostalgia, es física: una experta desmonta el argumento de que el calor de ahora es igual al de hace décadas y explica qué hay detrás de los récords

Una física desmonta el mito del calor de antes y revela por qué las olas de calor baten récords cada vez con más frecuencia.

No es nostalgia, es física: una experta desmonta el argumento de que el calor de ahora es igual al de hace décadas y explica qué hay detrás de los récords

Cada verano vuelve la misma frase. La escuchamos en la calle, en redes sociales, en una comida familiar o mientras alguien mira el termómetro del coche marcando una cifra que parece imposible. “Hace 40 años también hacía calor”. Y sí, es verdad. Antes también había veranos duros, noches pesadas y días en los que el asfalto parecía respirar fuego.

El problema no está en recordar que antes hacía calor. Está en usar ese recuerdo para negar lo que está pasando ahora. La física Gabriella Greison lo ha explicado con una idea sencilla, el cambio climático no se entiende mirando un día aislado, sino observando cómo cambia el comportamiento completo del sistema. La Organización Meteorológica Mundial acaba de advertir de que la ola de calor de finales de junio de 2026 en Europa ha batido numerosos récords y ha afectado a la salud, los ecosistemas, la agricultura, las infraestructuras y la productividad laboral. No es poca cosa.

No va de un día caluroso

Decir que “en verano siempre ha hecho calor” es una media verdad. Sirve para una conversación rápida, pero se queda corta cuando hablamos de clima. El tiempo atmosférico es lo que ocurre hoy. El clima es la película completa.

¿Puede hacer mucho calor un día de julio de 1983? Claro. ¿Puede haber una tormenta fuerte en un clima que se calienta? También. Pero la pregunta importante es otra. ¿Cuántas veces se repiten esos extremos, cuánto duran y con qué fuerza llegan?

El dado está cambiando

Greison utiliza una comparación muy clara. Si lanzas un dado y sale un seis, no pasa nada raro. Si lo lanzas muchas veces y el seis aparece mucho más de lo normal, entonces ya no estás ante una casualidad. Algo ha cambiado en la distribución.

Eso es lo que la ciencia está viendo con el calor. El IPCC considera un hecho establecido que las emisiones humanas de gases de efecto invernadero han aumentado la frecuencia o la intensidad de algunos extremos meteorológicos y climáticos, especialmente los extremos de temperatura. Además, incluso pequeños aumentos del calentamiento global provocan cambios importantes en los extremos. Es matemática. No nostalgia.

España ya lo nota

En España no hace falta irse muy lejos para entenderlo. Según datos divulgados por AEMET sobre la ola de calor de junio de 2026, el aeropuerto de Bilbao superó los 40 ºC tres veces en el mismo mes, algo que no había ocurrido allí en un mismo año. El 24 de junio alcanzó 42,7 ºC, su valor más alto para un mes de junio o julio.

La serie de olas de calor también cuenta otra historia. Entre 1975 y 2025, AEMET contabiliza 78 olas de calor en España, sin incluir la actual de 2026. Hasta el año 2000 sumaron 129 días en situación de ola de calor. Entre 2001 y 2025 fueron 329 días. Más del doble. Ahí está la diferencia entre “también hacía calor” y “ahora ocurre mucho más”.

La campana se ha movido

Imaginemos una campana de probabilidad. En el centro están los días normales. En los extremos, los días raros, esos que antes salían muy de vez en cuando. Si esa campana se desplaza un poco hacia temperaturas más altas, los días extremos se multiplican mucho más de lo que parece.

Por eso un aumento medio de uno o dos grados no significa simplemente que todos los días sean un poco más cálidos. Significa que los extremos ganan terreno. Más noches tropicales, más olas de calor, más estrés térmico y más riesgo para personas mayores, niños, trabajadores al aire libre o cualquiera que viva en una casa mal aislada. Y eso se nota en la factura de la luz, en el sueño y en la salud.

La clave es la energía

La temperatura es lo que sentimos en la piel. La física, en cambio, mira la energía. Cuando aumentan los gases de efecto invernadero, el sistema climático retiene más energía. Esa energía no desaparece. Se reparte entre la atmósfera, los océanos, los suelos, los hielos y las corrientes.

La OMM señaló en su informe sobre el estado del clima mundial de 2025 que el desequilibrio energético de la Tierra alcanzó su nivel más alto en una serie de 65 años. También indicó que el océano ha absorbido, durante las dos últimas décadas, una cantidad de energía equivalente a unas 18 veces el consumo energético anual de la humanidad cada año. Dicho de otra forma, el planeta no solo “se calienta”. Está acumulando energía.

El suelo también responde

Cuando llega una ola de calor, el suelo seco puede empeorar la situación. Un terreno con poca humedad evapora menos agua. Si evapora menos, refresca menos el aire. Entonces se calienta más. Y al calentarse más, se seca todavía más.

Es un círculo que se alimenta a sí mismo. Lo mismo puede ocurrir con los anticiclones persistentes, la falta de nubes o la entrada de aire muy cálido desde otras zonas. Por eso el clima no funciona como un termómetro simple que sube y baja sin más. Funciona como una red de piezas conectadas.

No basta con discutir el termómetro

La frase “también hacía calor hace 40 años” mira hacia atrás, pero el clima responde a lo que estamos haciendo ahora. Copernicus confirmó que 2025 fue el tercer año más cálido registrado, solo por detrás de 2024 y prácticamente empatado con 2023. También señaló que los últimos 11 años han sido los 11 más cálidos de la serie. Esa es la señal de fondo.

La salida no pasa por discutir cada récord como si fuera una anécdota. Pasa por reducir las emisiones, mejorar la eficiencia energética, preparar las ciudades para el calor, proteger a las personas vulnerables y reforzar los sistemas de alerta. En el fondo, no se trata de tener razón en una conversación de sobremesa. Se trata de entender cómo funciona el planeta antes de que el calor decida por nosotros.

El comunicado oficial más reciente sobre esta ola de calor en Europa ha sido publicado por la Organización Meteorológica Mundia.

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