Musk suelta la bomba en X y cambia el mapa de SpaceX: “La prioridad es asegurar el futuro de la civilización y ahora el objetivo rápido ya no es Marte, es la Luna”

Publicado el 26 de febrero de 2026 a las 12:42
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Lanzamiento de un cohete Starship de SpaceX tras el cambio de prioridad de Elon Musk hacia la Luna.

El fundador de SpaceX, Elon Musk, ha cambiado el orden de sus prioridades espaciales. Tras años defendiendo que su gran legado sería llevar humanos a Marte, ahora afirma que la prioridad inmediata será levantar una “ciudad de crecimiento autónomo” en la Luna, porque “la prioridad principal es asegurar el futuro de la civilización y la Luna es más rápida”, según explicó en un mensaje en la red social X.

En esa misma publicación detalló sus números. Viajar a Marte solo es posible cuando los planetas se alinean cada 26 meses y el trayecto dura unos seis meses. En cambio, se puede despegar hacia la Luna aproximadamente cada diez días y llegar en unas 48 horas. Eso, sostiene, permite “iterar mucho más rápido” y completar una ciudad lunar en menos de diez años, mientras que una ciudad marciana necesitaría al menos dos décadas. Aun así, Musk insiste en que la construcción de una ciudad en Marte podría empezar “en unos cinco a siete años”, aunque a menor ritmo.

Por qué la Luna “es más rápida”

Más allá del eslogan, el giro tiene una base técnica. Cuanto más frecuentes son las ventanas de lanzamiento y más corto es el viaje, más fácil resulta probar cohetes, sistemas de soporte vital, hábitats y tecnologías de reciclaje sin asumir tantos riesgos. Si algo falla en la Luna, el retorno de emergencia es cuestión de días. En Marte, de meses.

Además, una ciudad lunar puede abastecerse en buena parte de recursos locales. Agencias como la estadounidense NASA trabajan ya en tecnologías de utilización de recursos in situ para producir agua, combustible o materiales de construcción a partir del regolito, el polvo que recubre la superficie de la Luna. La idea es sencilla de entender aunque su ejecución sea compleja: cuanto menos tengas que lanzar desde la Tierra, menos caro y más sostenible será mantener gente viviendo allí arriba.

La Agencia Espacial Europea, ESA, ha llegado incluso a poner en marcha plantas piloto que extraen oxígeno de suelos lunares simulados, dejando como “residuo” metales que se podrían usar para imprimir piezas en 3D o construir estructuras. En la práctica sería algo parecido a instalar una pequeña fábrica circular sobre un desierto de roca gris.

Artemis, Starship y la nueva carrera lunar

El cambio de discurso también encaja con el calendario oficial. La empresa de Musk es el contratista seleccionado por la NASA para desarrollar el módulo de aterrizaje tripulado del programa Artemis, basado en una versión del sistema Starship, con un contrato de unos 2.890 millones de dólares.

Después de la misión no tripulada Artemis I en 2022, la agencia prevé lanzar Artemis II, el primer vuelo con astronautas alrededor de la Luna, a partir de 2026. El alunizaje de Artemis III se ha ido retrasando y los últimos planes sitúan ese hito hacia 2028, en parte por la complejidad de Starship y por la necesidad de encadenar varios repostajes en órbita.

En paralelo, la compañía rival Blue Origin también desarrolla un alunizador para futuras misiones, lo que alimenta una nueva carrera lunar con fuerte trasfondo geopolítico, especialmente frente a China. El reciente movimiento de Musk refuerza la idea de que buena parte del negocio espacial de las próximas décadas se jugará en la órbita y la superficie de la Luna.

Una ciudad lunar como laboratorio de sostenibilidad extrema

Desde una mirada ambiental, una “Moon City” plantea una paradoja interesante. Por un lado, su construcción exigirá multitud de lanzamientos, con el coste energético asociado y el debate abierto sobre el impacto climático del sector espacial. Por otro, una base autosuficiente en la Luna sería un banco de pruebas radical para la sostenibilidad que tantas veces echamos de menos aquí abajo.

Para sobrevivir allí no hay atajos. Harán falta sistemas cerrados de agua que reciclen prácticamente cada gota, producción local de oxígeno, agricultura en entornos controlados, escudos frente a la radiación y un uso milimétrico de la energía solar y del calor. Muchas de estas tecnologías se están desarrollando precisamente bajo el paraguas de los programas de utilización de recursos in situ, que buscan fabricar oxígeno, agua y combustibles con el propio regolito lunar.

Lo que se aprenda en ese contexto extremo puede alimentar soluciones en la Tierra, desde edificios más eficientes hasta sistemas de reciclaje avanzados o nuevas formas de almacenamiento de energía renovable. No sería la primera vez que una tecnología espacial termina haciendo más llevadera la factura de la luz o mejorando la gestión del agua en zonas secas.

¿Y la crisis climática qué lugar ocupa en todo esto?

La gran pregunta, claro, es qué sentido tiene hablar de refugios en la Luna cuando la emergencia climática se siente ya en olas de calor más largas, en cosechas afectadas o en ciudades que se llenan de coches en hora punta. Muchos expertos recuerdan que ninguna colonia fuera de la Tierra sustituye a la reducción urgente de emisiones de CO₂ ni a la protección de ecosistemas como bosques, océanos o humedales.

El propio Musk sitúa su proyecto lunar en clave de seguro existencial, preocupado por la posibilidad de una catástrofe natural o provocada que interrumpa los envíos desde la Tierra. Pero el “plan B” no puede servir de excusa para descuidar el “plan A”, que sigue siendo mantener un planeta habitable. Y eso pasa por reducir el uso de combustibles fósiles, acelerar las renovables y cuidar mejor de la única biosfera conocida.

En definitiva, que la prioridad espacial pase de Marte a la Luna no cambia esa realidad, pero sí reordena la forma en que la industria aeroespacial se prepara para un futuro fuera de la Tierra. Mientras tanto, la conversación sobre qué mundo queremos proteger, si este o uno nuevo en la Luna, apenas acaba de empezar.

El comunicado oficial en el que Elon Musk detalla este cambio de prioridades se ha publicado en la red social X.

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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