Seguro que has visto la frase «Nada en la vida debe ser temido, solo comprendido» en redes sociales o en alguna taza de regalo, siempre con la firma de Marie Curie. Resuena bien, sobre todo en tiempos de miedo a la enfermedad o a las nuevas tecnologías. Pero antes de convertirla en eslogan conviene preguntarse quién fue realmente Curie y qué hay de cierto detrás de esa cita.
Curie nació en 1867 en Varsovia, en una Polonia bajo dominio ruso, y se trasladó a París con 24 años para estudiar Física y Matemáticas en la Sorbonne. Allí conoció a Pierre Curie, con quien describió la radioactividad, identificó el polonio y el radio y compartió el Nobel de Física en 1903 junto a Henri Becquerel. En 1911 recibió en solitario el Nobel de Química por aislar el radio y estudiar sus compuestos, convirtiéndose en la primera persona con dos premios Nobel científicos.
Su trabajo tuvo un impacto directo en la medicina. Durante la Primera Guerra Mundial impulsó unidades móviles de rayos X que recorrían el frente para localizar balas y fracturas, el precedente de las radiografías que hoy vemos en cualquier hospital. Más tarde dirigió institutos de investigación en París y en Varsovia que consolidaron la radioterapia y el uso clínico de isótopos radiactivos. Aquella exposición prolongada a la radiación terminó causándole una anemia aplásica que la llevó a la muerte en 1934.
La famosa frase encaja con esa biografía de ciencia al servicio de la gente, aunque su origen exacto no es tan claro. La formulación francesa «On ne doit rien craindre dans la vie, il suffit de comprendre» aparece recogida en un artículo de la revista médica canadiense «Laval médical» de 1951, donde se cita al hablar del momento en que Curie supo que tenía cáncer. No se conserva un discurso ni un manuscrito donde ella escriba la frase completa y varios repertorios de citas la marcan como «atribuida», lo que sugiere que la tradición oral fue antes que la prueba documental.
Otras frases suyas apuntan en la misma dirección, como «Nunca veo lo que se ha hecho, solo lo que queda por hacer» o «Debemos creer que estamos dotados para algo y que esto debe alcanzarse». Para cualquiera que se enfrenta hoy a un diagnóstico de cáncer, a una tecnología que asusta o a debates sobre energía nuclear, el mensaje va por ahí. Menos miedo y más comprensión, más preguntas y menos rumores.
La biografía oficial de la científica puede leerse en la web de los Premios Nobel.










