El ‘agujero de gravedad’ de la Antártida ya no es misterio, científicos reconstruyen 70 millones de años y señalan un subidón brutal entre hace 50 y 30 millones, rocas que cambian densidad bajo el hielo y un efecto que puede alterar el nivel del mar

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Publicado el: 5 de marzo de 2026 a las 15:42
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Iceberg en la Antártida, región donde se encuentra el mayor agujero de gravedad del planeta.

Un nuevo estudio internacional ha reconstruido por primera vez la historia completa del llamado “agujero de gravedad” que se esconde bajo el hielo de la Antártida. Esta enorme anomalía, la más intensa del planeta, se ha ido moldeando durante al menos 70 millones de años por movimientos muy lentos de roca en el interior de la Tierra y podría ayudar a entender mejor la evolución de las capas de hielo y del nivel del mar en el extremo sur del mundo.

Qué es en realidad el “agujero de gravedad”

Lo primero es aclarar qué significa exactamente ese término tan llamativo. No hay un hueco bajo el continente ni un sitio donde una persona vaya a pesar notablemente menos. Los geofísicos hablan de una gran depresión del geoide, conocida como Antarctic Geoid Low, una zona en la que la gravedad es un poco más débil que la media global.

Ese pequeño cambio basta para que la superficie del océano alrededor del continente se sitúe unos 120 metros por debajo del valor medio del planeta según las estimaciones actuales. Para quien camina sobre el hielo la diferencia es invisible, pero para los océanos y para las capas de hielo no es un detalle menor. El agua tiende a acumularse donde la gravedad tira con más fuerza, así que un “bache” gravitatorio también se convierte en un bache en la superficie del mar.

Setenta millones de años de historia oculta bajo el hielo

El trabajo, liderado desde la Universidad de Florida y el Institut de Physique du Globe de Paris, combina registros de terremotos con modelos numéricos que simulan hacia atrás el movimiento del manto. Los autores lo comparan con hacer una especie de escáner médico al planeta, solo que las “imágenes” las proporcionan las ondas sísmicas que atraviesan rocas de distinta densidad a diferentes velocidades.

Al rebobinar la circulación interna de la Tierra, el equipo ha visto que la depresión gravitatoria ha estado presente al menos durante los últimos 70 millones de años. Al principio era más débil y estaba algo desplazada hacia el Atlántico sur. Entre hace unos 50 y 30 millones de años, su posición y su intensidad cambiaron de manera clara, justo en el mismo intervalo en que se produjo una desviación significativa del eje de rotación terrestre y comenzó la gran glaciación antártica que todavía hoy continúa.

El modelo apunta a un juego de fuerzas en profundidad. Por un lado, antiguas placas oceánicas muy densas se hundieron bajo el borde de la Antártida, cargando de peso el manto profundo. Por otro, una amplia pluma de material más caliente y ligero ha ido ascendiendo durante decenas de millones de años, ganando protagonismo en las capas superiores del manto y reforzando la anomalía de gravedad en los últimos 35 o 40 millones de años.

Qué tiene que ver la gravedad con el hielo y el nivel del mar

Aquí llega la pregunta clave. Si la gravedad cambia muy poco de un sitio a otro, ¿por qué debería importar esto para el hielo y para la subida del mar que nos preocupa en las costas habitadas?

Cuando oímos hablar de “subida del nivel del mar” solemos imaginar una línea azul que se eleva igual en todas partes. En la práctica, el relieve del geoide y estas anomalías de gravedad hacen que el océano no tenga la misma altura relativa en todos los puntos del planeta. Por eso, si la depresión bajo la Antártida se profundiza con el tiempo, el mar local puede bajar un poco respecto al continente, modificando la forma en que las capas de hielo se apoyan y flotan.

Los autores insisten en que aún no han demostrado una relación directa entre la evolución de este “agujero de gravedad” y el nacimiento o el crecimiento de la capa de hielo antártica. Ven una coincidencia en el tiempo y en la escala espacial y plantean una hipótesis que deberá probarse con nuevos modelos que acoplen gravedad, nivel del mar y deformación del propio continente. Recuerdan además que la glaciación del sur se debió en buena parte a la caída del CO₂, a cambios en la circulación oceánica y a la tectónica, no solo al interior de la Tierra.

Lo que viene ahora

El siguiente paso será comprobar hasta qué punto estas variaciones de gravedad han afectado a las condiciones en el borde de las plataformas de hielo. En el fondo, lo que busca el equipo es responder a una pregunta muy sencilla en apariencia y muy compleja en la práctica, en palabras de Alessandro Forte, entender “cómo se conecta nuestro clima con lo que ocurre dentro del planeta”.

Mientras llegan esos resultados, el nuevo mapa histórico de la anomalía más potente del geoide ayuda a separar el papel del interior de la Tierra del de la atmósfera y los océanos. Y también mejora las correcciones que usan los satélites cuando miden cuánto hielo pierde la Antártida y cómo cambian los océanos, algo que a la larga se nota en los modelos que hablan de centímetros de subida del mar.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Scientific Reports 


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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