La mayor central nuclear de Japón ha vuelto a ponerse en marcha. La unidad 6 de la planta de Kashiwazaki-Kariwa, en la prefectura de Niigata, reinició su reactor el 9 de febrero tras casi catorce años parada desde el accidente de Fukushima. Es el primer reactor que la eléctrica Tokyo Electric Power Company (TEPCO) reactiva desde 2011. El gobierno presenta el regreso de esta central como una pieza para reducir la dependencia del gas importado y avanzar hacia la neutralidad climática en 2050. La cuestión es sencilla. ¿Qué se gana y qué se arriesga?
TEPCO arrancó por primera vez la unidad 6 el 21 de enero, pero la detuvo un día después cuando se activó una alarma en el sistema de monitorización. La empresa aseguró que se trataba de pequeñas variaciones en la corriente de un cable dentro de los márgenes de seguridad y cambió la configuración de la alarma antes de intentarlo de nuevo. Tras nuevas comprobaciones, la compañía volvió a iniciar el reactor el 9 de febrero y está elevando la potencia de manera gradual mientras revisa equipos clave. Si no aparecen nuevos problemas, la planta entrará en operación comercial plena a partir del 18 de marzo.
La unidad 6 es un reactor de 1 356 megavatios y, según estimaciones divulgadas por la Agencia de Información de la Energía de Estados Unidos (EIA), podría desplazar alrededor de 1,3 millones de toneladas de gas natural licuado al año. El mismo organismo calcula que, una vez a pleno rendimiento, generará cerca de 9 500 gigavatios hora anuales y sustituirá sobre todo electricidad producida con gas fósil. En gran medida, esto recorta emisiones de CO₂ y alivia la presión sobre un sistema eléctrico muy tensionado por los altos precios de los combustibles fósiles y el aumento de la demanda.
Sin embargo, la reapertura de Kashiwazaki-Kariwa se vive de forma muy distinta en parte de la sociedad japonesa. El Centro de Información Nuclear de Ciudadanos ha denunciado que el reactor se ha reactivado “contra la voluntad de la mayoría de los residentes de la prefectura” y recuerda que la declaración de emergencia nuclear por el desastre de Fukushima sigue en vigor. La organización señala incidentes recientes con barras de control, fallos de alarmas y problemas de seguridad que han erosionado la confianza en el operador y en el regulador. También recuerda simulaciones oficiales que dibujan evacuaciones muy complicadas en caso de accidente grave, sobre todo con nieve y carreteras bloqueadas, por lo que cuestiona si se ha construido una cultura de seguridad sólida o si pesa más la urgencia por asegurar suministro.
Todo esto ocurre mientras los expertos en energía insisten en que, para que Japón alcance sus metas climáticas, las energías renovables deberán convertirse en la columna vertebral del sistema eléctrico y la nuclear en un complemento limitado. Varios estudios apuntan a que solo un mix donde la eólica, la solar y otras fuentes limpias sean claramente mayoritarias resulta compatible con los objetivos de descarbonización a mitad de siglo. A corto plazo, sin embargo, cada reactor que vuelve a la red reduce la necesidad de quemar gas y carbón, por lo que el debate ya no es solo nuclear sí o nuclear no, sino con qué reglas y controles se toman estas decisiones y cuánta participación ciudadana se permite.
El comunicado oficial sobre el arranque del reactor de la central de Kashiwazaki-Kariwa ha sido publicado por TEPCO.












