Llevaban años pensando que era una montaña pero la NASA ha encontrado un cráter gigante que se ve desde el espacio y ya saben lo que hay dentro

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Publicado el: 12 de marzo de 2026 a las 23:26
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Imagen satelital del cráter de Yilan en China detectado por la NASA, un impacto de meteorito oculto bajo el bosque.

La NASA ha puesto el foco en el noreste de China y, desde cientos de kilómetros de altura, ha confirmado algo que un bosque denso llevaba miles de años ocultando. Bajo las copas de los árboles se esconde el cráter de Yilan, una huella de impacto de unos 50 000 años que podría ser uno de los cráteres más jóvenes de este tamaño identificados en la Tierra y el mayor con menos de 100 000 años de antigüedad, abierto por un meteorito similar a otros objetos que la ciencia sigue de cerca, como el asteroide Bennu.

Un anillo casi perfecto camuflado entre árboles

El cráter se encuentra a unos 20 kilómetros de la ciudad de Yilan, en la cordillera de Lesser Xing’an, en la provincia de Heilongjiang. Desde el suelo, quienes viven allí lo conocían simplemente como “Quanshan”, algo así como “cresta montañosa circular”. A pie parece una especie de anfiteatro natural cubierto de vegetación. Desde el espacio, las imágenes del satélite Landsat 8 revelan una depresión casi circular, con un anillo norte bien marcado y un tercio sur desaparecido. Ese borde preservado se eleva unos 150 metros sobre el fondo del cráter y la cavidad alcanza un máximo de unos 1,85 kilómetros de diámetro.

La clave de que se les escapase tanto tiempo a los geólogos está en esa cubierta forestal. A simple vista se confunde con una colina más. Solo al combinar datos de satélite y trabajo de campo se ha podido reconstruir su verdadera forma, una tarea que encaja con el esfuerzo global por vigilar mejor el impacto de los objetos que llegan del espacio.

Lo que esconden 438 metros bajo el suelo

Para confirmar que no era solo una curiosidad geológica, un equipo chino perforó el centro de la estructura hasta unos 438 metros de profundidad. Bajo más de 100 metros de sedimentos de antiguo lago y pantano aparecieron centenares de metros de granito fracturado. En esas rocas encontraron cuarzo “chocado”, granito fundido y fragmentos vítreos con burbujas de gas, señales típicas de presiones y temperaturas extremas asociadas a un impacto de meteorito contra la superficie terrestre, el mismo tipo de proceso que deja fragmentos vagando en órbita como el trozo de Luna descubierto recientemente.

La edad se ha estimado mediante carbono 14 en restos de carbón y sedimentos orgánicos del antiguo lago que ocupó la depresión. Los resultados sitúan la formación del cráter entre hace 46 000 y 53 000 años, una cifra muy parecida a la del cráter Barringer, en Arizona, pero con un tamaño mayor, ya que ese cráter estadounidense mide unos 1,2 kilómetros de ancho. Hoy, parte del interior de Yilan está ocupada por campos de cultivo y zonas húmedas. Los sedimentos del antiguo lago guardan un archivo natural del clima y de los ecosistemas del final de la última glaciación, un periodo en el que ya había humanos en la región y en el que el Sistema Solar se parecía mucho al que conocemos hoy.

China suma cráteres a su mapa de impactos

Hasta hace pocos años, el único cráter de impacto confirmado en el país era el cráter de Xiuyan, de 1,8 kilómetros, reconocido en 2009. La identificación de Yilan como estructura de impacto abrió la puerta a revisar otras formas “sospechosas” y, desde entonces, se han descrito dos cráteres adicionales en el noreste chino, Baijifeng y Hailin, que elevan a cuatro el número de impactos confirmados en la región y se suman a otros escenarios extremos que marcan la geología del planeta, como los supervolcanes o los grandes cráteres lunares que ayudan a explicar misterios sobre nuestro satélite y su historia de colisiones.

Para la ciencia del clima y del medio ambiente, estos hallazgos no son una simple curiosidad astronómica. Ayudan a calcular mejor cada cuánto se producen impactos capaces de alterar ecosistemas enteros y a entender cómo se recuperan los paisajes después de una perturbación extrema, algo clave cuando se analizan desde otros puntos del vecindario cósmico los riesgos que afronta la Tierra. En el caso de Yilan, el cráter alberga hoy suelos fértiles, bosques y humedales, un ejemplo de cómo la Tierra recicla incluso sus cicatrices más violentas.

Además, el caso ilustra el papel de los satélites de observación terrestre. Las mismas imágenes que usamos para seguir incendios, pérdida de bosques o sequías permiten también localizar estructuras enterradas y mejorar los mapas geológicos, algo clave cuando se planifican infraestructuras o se evalúan riesgos naturales, del mismo modo que otras misiones ayudan a localizar cuasilunas y objetos que pasan silenciosamente cerca de nuestro planeta, como el descrito en la historia de la cuasi-luna 2025 PN7.

La nota oficial de la agencia espacial puede consultarse en la página del Earth Observatory de la NASA,


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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