Científicos descubren un océano oculto a 660 km bajo la superficie terrestre con un tipo de agua que no se parece a la que está en los lagos subterráneos

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Publicado el: 20 de marzo de 2026 a las 23:42
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Agua bajo la superficie terrestre representando el océano oculto a 660 km en el manto terrestre.

¿Y si te dijeran que bajo tus pies hay agua para llenar, al menos en teoría, más de un océano? Suena a ciencia ficción, pero la geología lleva años siguiendo esa pista. La clave es que no hablamos de un mar subterráneo con olas, sino de agua “guardada” dentro de minerales, a cientos de kilómetros bajo tierra, en la llamada zona de transición del manto (entre 410 y 660 kilómetros, unas 250 a 410 millas).

Un océano que no es un océano

La noticia suele contarse como “hay un océano escondido”. En la práctica, lo que existe es hidrógeno y oxígeno atrapados en la estructura cristalina de minerales de alta presión, sobre todo wadsleyita y ringwoodita. Esta agua no está libre, sino ligada químicamente como grupos hidroxilo (OH).

Según el artículo de Nature, en estas condiciones esos minerales podrían alojar hasta alrededor del 2,5% de su peso en agua. Si esa capacidad se reparte en grandes volúmenes de roca, el “depósito” potencial sería enorme.

El diamante brasileño que encendió la luz

La confirmación más llamativa llegó en 2014, cuando un equipo liderado por el geoquímico Graham Pearson describió una inclusión de ringwoodita dentro de un diamante de Juína (Brasil). Era la primera evidencia directa de ringwoodita terrestre en una muestra natural.

Esa inclusión venía con sorpresa. Los datos mostraban que el mineral era “rico en agua” y apuntaban a que, al menos localmente, la zona de transición está hidratada en torno al 1% en peso. Pearson lo explicaba así. “Esta muestra confirma de forma muy sólida que hay zonas localmente húmedas en profundidad”, dijo al presentar el hallazgo.

Las ondas sísmicas también cuentan la historia

Un diamante es una prueba física, pero la gran pregunta era otra. ¿Es un caso aislado o hablamos de algo extendido? Ese mismo año, otro trabajo publicado en Science atacó el problema desde un ángulo distinto, usando terremotos como “escáner” del planeta.

Brandon Schmandt y Steve Jacobsen combinaron datos sísmicos de la red USArray en Norteamérica con experimentos de alta presión en laboratorio. Encontraron señales compatibles con pequeñas bolsas de fusión parcial justo por debajo de los 660 kilómetros (alrededor de 400 millas), un patrón que encaja con la llamada “fusión por deshidratación”.

Los autores añadían un cálculo orientativo. Si solo un 1% del peso de las rocas de esa franja fuera H2O, eso equivaldría a casi tres veces el agua de los océanos actuales.

La idea es sencilla. La roca de la zona de transición puede retener mucha agua, pero al bajar al manto inferior esa capacidad cae. En el laboratorio, el paso de ringwoodita hidratada a otros minerales genera un poco de fundido entre granos, y ese fundido frena las ondas sísmicas. Eso es lo que detectaron bajo parte de Norteamérica.

En ese contexto, Jacobsen dejaba un matiz importante. “No sabemos si la muestra única del diamante es representativa del interior de la Tierra”, señaló, aunque añadía que la evidencia sísmica iba en la misma dirección.

Qué significa esto para el planeta y para nosotros

Cuando pensamos en agua solemos imaginar ríos, lluvia o embalses. Pero este “almacén” profundo no es un recurso explotable, ni está al alcance de una perforación. Y, además, el agua no está en forma líquida.

Su importancia es otra. El agua en el manto cambia cómo se comporta la roca, puede facilitar la fusión y alterar su viscosidad. Eso influye en la convección del manto y, a largo plazo, en la tectónica de placas y el vulcanismo.

En el fondo, estas pistas apuntan a un ciclo del agua “de todo el planeta”, con parte del agua superficial entrando por subducción y devolviéndose con el tiempo. No resuelve la sequía de mañana, pero ayuda a entender por qué la Tierra ha mantenido agua en superficie durante tanto tiempo.

El estudio principal ha sido publicado en Nature.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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