Pascual Sánchez, neurólogo: «Es un error pensar que la demencia es una enfermedad de mayores, a partir de los 27 años el cerebro envejece»

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Publicado el: 31 de marzo de 2026 a las 09:42
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Mujer joven con dolor de cabeza trabajando con ordenador, relacionada con envejecimiento cerebral y demencia precoz.

Pensamos en la demencia como algo que llega “cuando toca”, casi siempre en edades avanzadas. Pero el deterioro cognitivo se va construyendo durante décadas y, en buena parte, empieza cuando todavía nadie está mirando. El neurólogo Pascual Sánchez-Juan, director científico de la Fundación CIEN, lo resume con una frase que sorprende por lo directa que es, “en torno a los 27 años, el cerebro se encuentra en su máximo esplendor, en su máxima potencia, y a partir de ahí los estudios coinciden en que se produce un empeoramiento”.

La parte esperanzadora es que hay margen de maniobra. La OMS calcula que en 2021 vivían con demencia 57 millones de personas en el mundo y que cada año aparecen casi 10 millones de casos nuevos. Aun así, la Comisión de The Lancet estima que actuar sobre 14 factores de riesgo modificables podría retrasar o reducir hasta un 45% de los casos, y entre esos factores ya está la contaminación del aire.

La demencia no es solo cosa de mayores

Cuando Sánchez-Juan habla del “pico” en torno a los 27 no se refiere a un cambio brusco de un día para otro. La idea es más simple, el cerebro rinde muy alto en la juventud y luego entra en un desgaste lento que el estilo de vida puede acelerar o frenar.

Por eso insiste en que “es un error pensar que la neurodegeneración es una enfermedad de viejos, al contrario, es una enfermedad que empieza en los jóvenes y se manifiesta en los adultos mayores”. En el fondo, la prevención es una carrera larga y se corre mejor cuando se empieza pronto.

Los 14 factores que más pesan según la evidencia

La actualización de 2024 de la Comisión de The Lancet pone un número encima de la mesa, hasta un 45% de los casos podrían retrasarse o reducirse abordando factores modificables. En esa lista se añaden dos elementos nuevos que mucha gente no asocia con demencia, la pérdida de visión y el colesterol LDL (el llamado “malo”) elevado.

El informe también insiste en mirar la vida por etapas, con un peso grande de la educación en la infancia, de los hábitos en la edad media (aproximadamente de 18 a 65 años) y de la soledad, la contaminación del aire y la visión en la vejez. ¿Traducción rápida? No todo depende de una “pastilla”, también dependen el barrio, los hábitos y el acceso a revisiones.

Cuidar el corazón es cuidar el cerebro

La OMS recuerda que entre los factores de riesgo están la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y la inactividad física. Es decir, lo que daña las arterias también puede acabar dañando la memoria con los años.

En su entrevista, Sánchez-Juan lo baja al terreno de lo cotidiano cuando recomienda “pasear, como mínimo un paseo de una hora al día”. No hace falta convertirlo en una obsesión, pero sí en rutina, como lavarse los dientes o mirar el móvil al despertarse.

Y aquí hay un giro con sabor ecológico que conviene no perder. Caminar más y depender menos del coche, cuando se puede, reduce emisiones y también recorta estrés de tráfico, ruido y humo, ese combo que todos reconocemos en un atasco. Son pequeñas decisiones que suman para el planeta y para la cabeza.

Sueño, estrés y sustancias que pasan factura

Si has encadenado semanas durmiendo mal, sabes lo rápido que se resiente la concentración. Sánchez-Juan advierte de que “fumar, beber alcohol, dormir mal y el estrés” pueden contribuir a acelerar el envejecimiento cerebral, sobre todo cuando se vuelven costumbre.

La prevención aquí no va de “hacerlo perfecto”, va de bajar el volumen. Priorizar el descanso, reducir tabaco y alcohol, y buscar ayuda si el estrés o el ánimo se desbordan suele ser más útil que perseguir trucos virales. Y, cuando hay dudas, el punto de partida sensato es hablarlo con un profesional de salud.

La investigación que necesita cerebros reales

Otra pieza clave es la ciencia que se hace fuera del foco. El Banco de Tejidos CIEN (BT-CIEN) funciona como un biobanco de tejido cerebral y otras muestras de interés neurológico, y nació en 2010.

En una de sus comunicaciones recientes, la propia CIEN destaca que cuenta con un biobanco con aproximadamente 800 donantes de cerebro. Estos recursos sirven para entender mejor qué ocurre en el cerebro y para mejorar señales de diagnóstico precoz, antes de que los síntomas sean evidentes. 

La actualización de 2024 de la Comisión de The Lancet sobre prevención de demencia ha sido publicada en The Lancet.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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