Congelar un cerebro y lograr que sus neuronas vuelvan a encenderse ya no suena a ciencia ficción y el gran misterio ahora son los recuerdos

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Publicado el: 1 de abril de 2026 a las 18:44
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Representación de un cerebro con neuronas activándose tras un proceso de congelación criogénica.

La idea de “pausar” la vida y reactivarla después suena a ciencia ficción, pero esta vez no hablamos de una película. Un equipo de la Friedrich-Alexander-Universität Erlangen-Nürnberg (FAU) y el Uniklinikum Erlangen (Alemania) ha conseguido que tejido cerebral de ratón recupere actividad eléctrica tras pasar por temperaturas criogénicas.

El trabajo, publicado en marzo de 2026 en PNAS, no significa que se pueda congelar un cerebro humano y “despertarlo” sin más. La idea se parece más a lo que hace la naturaleza cuando usa “anticongelantes” como el glicerol en algunos animales, recuerda la FAU, y plantea una pregunta sencilla, hasta dónde se puede “apagar” un tejido cerebral sin estropearlo. Aquí la clave es evitar el hielo, y con eso algunas neuronas pueden volver a comunicarse tras un congelado extremo.

Un cerebro en pausa a temperaturas criogénicas

Los investigadores trabajaron con el hipocampo de ratones adultos, una región clave para el aprendizaje y la memoria. Prepararon secciones finas, las cargaron con una solución crioprotectora y las enfriaron hasta temperaturas como las del nitrógeno líquido (−196 °C). Tras recalentarlas, comprobaron si las neuronas seguían respondiendo con señales eléctricas.

También probaron un paso más difícil, la vitrificación del cerebro entero “en su sitio”, dentro del cráneo, usando perfusión vascular de crioprotectores. En este caso, el cerebro se almacenó a −140 °C durante 1 a 8 días y luego se evaluó la función preparando de nuevo cortes del hipocampo. Conviene subrayarlo, aquí no se “revive” al animal, se recupera actividad en tejido cerebral a corto plazo.

La clave está en evitar el hielo

El gran enemigo de la criopreservación no es solo el frío, es el hielo. Es la misma lógica que la escarcha del congelador, pero a escala celular, cuando el agua forma cristales y estos pueden perforar membranas y desordenar estructuras microscópicas del cerebro. “La formación de cristales de hielo es la razón por la que el frío extremo suele ser tan dañino”, explica el neurólogo Alexander German.

Por eso el equipo no congeló el tejido de manera convencional, lo vitrificó. En la vitrificación, parte del agua se sustituye por crioprotectores y, al bajar de cierto umbral, el líquido se solidifica sin cristalizar, como un vidrio. “El tejido también se solidifica al enfriarse por debajo de −130 °C, pero el agua pasa a un estado parecido al vidrio”, resume German.

El hipocampo volvió a “hablar”

Tras el recalentamiento, las mediciones mostraron señales de recuperación. El tejido mantuvo su estructura y su respuesta metabólica, y las neuronas pudieron volver a generar actividad eléctrica. También se observó transmisión sináptica y plasticidad, que es esa capacidad de reforzar o debilitar conexiones.

Uno de los puntos más interesantes fue comprobar que seguía siendo posible inducir la potenciación a largo plazo (LTP), un refuerzo de conexiones que se activan repetidamente. “Este mecanismo es de importancia central para los procesos de aprendizaje y el almacenamiento de nuevos recuerdos”, señala German al hablar del resultado.

El equipo también usó microscopía electrónica para comprobar si la nanoestructura se mantenía. “Pudimos demostrar que la nanoestructura del tejido no se alteró por el proceso de congelación”, explica German. Y tras descongelar, añade, “las señales eléctricas volvieron a formarse de manera espontánea en el hipocampo y se propagaron con normalidad por las redes”. 

Lo que no demuestra este estudio

Es tentador pensar en “criónica” y en viajes espaciales, pero el propio trabajo pide freno. Se trata de tejido de ratón y de recuperaciones a corto plazo, no de un cerebro completo funcionando con conducta, conciencia o recuerdos intactos. Además, los crioprotectores pueden ser tóxicos para células sensibles, y esto aún está lejos de una criopreservación reversible de un cerebro humano.

El artículo también deja claro que hay límites físicos y técnicos muy serios. En cortes finos, el intercambio de calor es más fácil, pero en órganos grandes el reto crece y se necesita enfriar y recalentar con rapidez y uniformidad para evitar cristales. Por eso, antes de pensar en usos clínicos amplios, harán falta protocolos y tecnologías mejores para manejar volúmenes grandes de tejido.

Aplicaciones reales y una investigación más sostenible

Aun con esas limitaciones, el avance tiene usos más cercanos que “congelar personas”. La FAU apunta a un ejemplo claro, conservar tejido cerebral extraído en cirugías para analizarlo después. En epilepsia, por ejemplo, a veces se retiran neuronas durante una intervención, y esas muestras podrían ayudar años más tarde a probar medicamentos o a estudiar enfermedades neurodegenerativas.

Hay otro punto que conecta con cómo se hace ciencia hoy. El artículo en PNAS destaca que poder “guardar” tejido funcional permite repartir experimentos en el tiempo y entre laboratorios, algo que mejora la reproducibilidad. Y, de rebote, puede favorecer el bienestar animal, porque si una muestra se conserva y se comparte mejor, se reduce la necesidad de repetir procedimientos desde cero.

En la práctica, esto también cambia la logística del laboratorio. No todo tiene que ocurrir “a contrarreloj” el mismo día que se obtiene el tejido, y se pueden planificar análisis con más calma. Menos desperdicio de muestras, menos repeticiones, más eficiencia.El estudio se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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