Los científicos no se lo creen: un agricultor chino crea un submarino casero con capacidad para 2 tripulantes

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Publicado el: 2 de abril de 2026 a las 20:48
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Agricultor chino probando su submarino casero Big Black Fish en un río.

Hay historias que empiezan en un taller pequeño y acaban en un río delante de todo el pueblo. Zhang Shengwu, un agricultor de la provincia china de Anhui, se ha hecho viral tras probar un submarino artesanal de unas cinco toneladas, bautizado como “Big Black Fish” (Gran Pez Negro), capaz de sumergirse hasta unos ocho metros y permanecer bajo el agua alrededor de 30 minutos por inmersión.

La anécdota, vista desde Europa, tiene una segunda lectura. El agua también es transporte, y el transporte también es CO2, ruido y calidad del aire. La pregunta es sencilla, qué parte de esa movilidad puede electrificarse sin trasladar el problema a otro sitio.

Del taller al río

Según el reportaje de CCTV News recogido por medios estatales, la chispa se encendió en 2014, cuando Zhang vio un programa de televisión sobre construcción de submarinos. Él lo explicó con una frase muy de “toda la vida”, “he visto barcos de madera y de acero, pero nunca uno que pudiera ir bajo el agua”.

Su primer prototipo fue más modesto de lo que sugiere el vídeo del sumergible actual. Arrancó con unos 5.000 yuanes (aproximadamente 700 dólares) para comprar placas de acero, baterías y un motor, y construyó una primera versión de unos seis metros y dos toneladas que acabó dando problemas de filtraciones.

A partir de ahí hizo lo que hacen muchos inventores, insistir, corregir y volver a probar. Zhang terminó invirtiendo más de 40.000 yuanes en una segunda versión más grande, con cabina para dos personas, dos tanques de lastre y alrededor de dos toneladas de hormigón como contrapeso para ganar estabilidad.

Electricidad bajo el agua

El detalle que conecta esta historia con la agenda ambiental es la propulsión. En el caso del “Big Black Fish”, el sistema se apoya en baterías que alimentan un motor eléctrico, lo que evita la combustión de combustible a bordo y, con ello, los gases de escape en el punto de uso.

En puertos y zonas urbanas costeras, esa lógica se parece mucho a lo que se está empezando a exigir en Europa con la conexión eléctrica a tierra (shore power). Un estudio reciente recuerda que este tipo de suministro reduce emisiones y ruido durante el atraque, justo donde más gente respira cerca de los barcos.

Eso sí, la electricidad no es magia. Por eso los reguladores insisten cada vez más en mirar el ciclo completo de la energía (desde dónde se genera hasta lo que ocurre a bordo). La Organización Marítima Internacional también incorpora este enfoque en su estrategia climática para el sector.

El contexto del CO2 en el mar

Conviene poner números sobre la mesa. En 2018, las emisiones globales del transporte marítimo se estimaron en 1.076 millones de toneladas de CO2, alrededor del 2,9% de las emisiones globales causadas por actividades humanas.

Con esa escala, un submarino artesanal no cambia el mundo, pero sí ayuda a entender hacia dónde sopla el viento. La OMI, por ejemplo, fija una reducción de la intensidad de carbono del transporte marítimo internacional de al menos un 40% para 2030 (frente a 2008) y plantea alcanzar emisiones netas cero “en torno a 2050”.

En la Unión Europea, el reglamento FuelEU Maritime establece límites a la intensidad de gases de efecto invernadero de la energía usada por los buques de más de 5.000 toneladas de arqueo bruto que hacen escala en puertos europeos. La senda arranca con una bajada del 2% en 2025 y se endurece hasta un 80% en 2050.

Seguridad y residuos

La historia de Zhang también es un recordatorio de que el agua no perdona improvisaciones. A ocho metros de profundidad, la presión ya aumenta de forma apreciable, aproximadamente una atmósfera adicional por cada 10 metros de descenso. Eso exige soldaduras perfectas, sellos fiables y pruebas serias, aunque desde fuera parezca “solo un río”.

El propio inventor lo admitió tras su primera salida, “se sentía como un sueño”, pero tenía miedo a que entrara agua. En proyectos domésticos, esa es la línea fina entre la curiosidad y el riesgo, y la ausencia de certificaciones forma parte del problema cuando hablamos de sumergibles.

Y hay otra pieza que a veces se olvida en las historias virales, los residuos. Baterías, sellantes y componentes eléctricos no pueden acabar en cualquier sitio cuando fallan o se sustituyen, porque un mal manejo puede convertirse en contaminación. Innovar está bien, pero hacerlo con responsabilidad lo está aún más.

El reportaje sobre el submarino “Big Black Fish” ha sido publicado en People’s Daily Online a partir de una pieza de CCTV News.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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