Investigadores alertan: tsunamis submarinos con olas gigantes están acelerando el deshielo de glaciares en Groenlandia

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Publicado el: 6 de abril de 2026 a las 12:48
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Ola gigante en el océano similar a los tsunamis submarinos que aceleran el deshielo de glaciares en Groenlandia.

En los fiordos del sur de Groenlandia está ocurriendo algo que a simple vista no se ve. Cuando un glaciar se rompe y suelta un iceberg, no solo levanta una ola en la superficie. También dispara un movimiento oculto dentro del agua que mezcla capas frías y cálidas y lleva calor justo hasta la pared de hielo.

Un equipo liderado por la Universidad de Zúrich y la Universidad de Washington ha podido medir este efecto con mucho detalle gracias a un cable de fibra óptica tendido en el fondo del fiordo. La conclusión es incómoda. El propio desprendimiento del hielo puede actuar como un «multiplicador» del deshielo submarino, justo donde los satélites no pueden mirar.

El deshielo que no se ve desde arriba

La parte más delicada de un glaciar que acaba en el mar suele estar bajo el agua. Ahí el océano «muerde» la base, crea un saliente y deja el frente de hielo cada vez más inestable. Cuando ese bloque termina cayendo, la energía del impacto pone el fiordo en marcha durante minutos e incluso horas.

Según explica Andreas Vieli (Universidad de Zúrich), el agua más cálida «aumenta la erosión por fusión» y va debilitando la base del muro de hielo, lo que favorece nuevos desprendimientos. Es un círculo de retroalimentación, un evento prepara el siguiente. Y eso se nota.

No es solo un tsunami en la superficie

Tras un gran desprendimiento aparece el clásico «tsunami» de fiordo, una ola superficial que agita las capas altas. Pero lo más llamativo llega después, cuando la superficie vuelve a parecer tranquila. Dentro del agua siguen viajando olas internas entre capas de distinta densidad (agua de mar más cálida y densa abajo, agua de deshielo más fría arriba).

En el estudio, esas olas internas llegaron a desplazar las capas de temperatura hasta unos 60 metros de arriba abajo (de cresta a valle). Para hacerse una idea, es una altura parecida a la de un edificio de unas 20 plantas. Además, el equipo estima que este vaivén puede impulsar tasas de fusión submarina que, sumadas a lo largo del día, podrían rondar 1 metro diario en condiciones de baja corriente de fondo, y no es poca cosa.

Un cable de fibra óptica que «escucha» el fiordo

Medir todo esto no es sencillo. Acercarse a un frente de glaciar es arriesgado por la caída de hielo y por la presencia de icebergs, y la teledetección por satélite no ve lo que pasa bajo la superficie. Por eso el equipo optó por algo poco habitual, convertir un cable de fibra óptica en una línea de sensores en el fondo marino.

El cable medía 10 kilómetros y se desplegó a pocos cientos de metros del frente del glaciar Eqalorutsit Kangilliit Sermiat (sur de Groenlandia), bajo unos 300 metros de agua. Durante unas tres semanas registró vibraciones y cambios de temperatura a lo largo de su recorrido, usando «detección acústica distribuida» (DAS) y «detección de temperatura distribuida» (DTS). En la práctica, cada metro del cable funciona como un pequeño sensor.

Dominik Gräff, autor principal, lo resume así, «esto nos permite medir los muchos tipos de olas que se generan después de que se desprendan los icebergs». Y para explicarlo sin jerga lo comparó con un vaso con cubitos, si remueves el agua rompes la capa fría que protege al hielo y se derrite antes.

Por qué importa fuera de Groenlandia

Este glaciar en concreto libera alrededor de 3,6 kilómetros cúbicos de hielo al mar cada año, así que es un buen laboratorio natural para ver el problema en acción. Pero el mensaje va más allá de un fiordo remoto. Si la capa de hielo de Groenlandia llegara a fundirse por completo, el nivel del mar subiría varios metros (en torno a 7 metros según estimaciones citadas por el propio equipo), y aunque no ocurra mañana, el riesgo acumulado existe.

¿Qué significa esto, en la práctica, para alguien que vive en España? Sobre todo, que el deshielo puede afectar a corrientes oceánicas que influyen en el clima europeo y a la subida del nivel del mar, dos cosas que acaban teniendo impacto en nuestras costas. Por eso entender estos aceleradores invisibles ayuda a afinar modelos y proyecciones, y la idea clave es simple, no basta con mirar el hielo desde el aire, también hay que vigilar lo que hace el océano justo debajo.

El estudio ha sido publicado en Nature.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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