Alerta mundial: el colapso de las corrientes del Golfo es inminente y va a alterar el sistema climático

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Publicado el: 8 de abril de 2026 a las 09:41
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Imagen satelital de la Corriente del Golfo con temperaturas del océano mostrando su desplazamiento en el Atlántico Norte.

La Corriente del Golfo es famosa por llevar agua cálida desde el Caribe hacia el Atlántico Norte, pero su importancia va mucho más allá de un mapa. Si su ruta se mueve, puede afectar al reparto de calor del océano y a lo que ocurre en superficie, desde ecosistemas marinos hasta temporales.

Un nuevo trabajo científico sugiere que esa ruta también puede ser una pista útil para anticipar cambios más profundos. El 26 de febrero de 2026, investigadores de la Universidad de Utrecht publicaron un estudio en Communications Earth & Environment en el que simulan un debilitamiento progresivo del gran sistema de corrientes del Atlántico. En ese experimento, la Corriente del Golfo cerca de Cabo Hatteras se desplaza hacia el norte y, antes del colapso del sistema, pega un salto abrupto de 219 kilómetros en solo dos años.

Un sistema llamado AMOC

La clave está en la AMOC, la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico. Es como una cinta transportadora gigante que lleva calor hacia el norte en superficie y devuelve agua fría hacia el sur por las profundidades, con una intensidad actual estimada en torno a 17 Sverdrups. El propio estudio recuerda que este sistema se considera un posible “punto de inflexión” del clima.

Cuando entra demasiada agua dulce en el Atlántico Norte, el agua se vuelve menos salada y menos densa, y se hunde peor en las zonas frías. El IPCC ya avisa de que la AMOC muy probablemente se debilitará durante este siglo, aunque considera muy poco probable un colapso abrupto antes de 2100 y reconoce incertidumbre en el ritmo exacto.

Por qué Cabo Hatteras es clave

Cabo Hatteras, en Carolina del Norte, es el punto donde la Corriente del Golfo se separa de la costa y se lanza al océano abierto. Es un lugar sensible porque allí se “encuentran” procesos de superficie y corrientes profundas asociadas a la AMOC, algo que no pasa igual en cualquier tramo del océano.

Dicho de otra forma, si la rama profunda que regresa hacia el sur pierde fuerza, la corriente de arriba puede cambiar de carril. Y como la posición de la Corriente del Golfo se puede seguir con satélites, esa zona se convierte en un sitio práctico para vigilar sin tener que “bajar” instrumentos a miles de metros.

El salto de 219 km en el modelo

En el estudio, el equipo usa una simulación oceánica de alta resolución (0,1 grados) y aumenta lentamente el aporte de agua dulce hasta que la AMOC colapsa en el modelo. Primero aparece un desplazamiento gradual hacia el norte cerca de Cabo Hatteras, una señal que se va acumulando poco a poco.

Después llega la parte que llama la atención. La Corriente del Golfo da un salto hacia el norte de 219 kilómetros en dos años, y ese cambio rápido ocurre unas décadas antes del colapso simulado de la AMOC. En la práctica, sería como ver una aguja que se mueve lentamente y, de repente, pega un tirón.

Qué dicen los datos reales

Los autores comparan el modelo con observaciones y encuentran una tendencia hacia el norte en la posición de la Corriente del Golfo cerca de Cabo Hatteras en datos satelitales desde 1993 hasta 2024. También encuentran coherencia con observaciones de temperatura bajo la superficie desde 1965 hasta 2024, que ayudan a confirmar que no se trata solo de una “foto” superficial.

Una nota divulgativa de la propia Universidad de Utrecht añade un dato fácil de imaginar. Desde 1993, el desplazamiento observado ronda los 50 kilómetros hacia el norte, lo que encaja con la primera fase gradual que aparece en el modelo. ¿Es una prueba definitiva? No, porque la Corriente del Golfo también responde a vientos y a variabilidad natural, así que el contexto importa.

Europa ante un Atlántico más débil

Cuando la conversación llega a Europa, conviene aplicar un filtro de calma. Un debilitamiento fuerte de la AMOC podría hacer que algunas zonas europeas se calienten menos que el resto del planeta o incluso se enfríen en invierno, mientras el calentamiento global sigue avanzando. Suena raro, pero es el tipo de efecto regional que preocupa a los climatólogos.

La idea importante es otra. Vigilar la Corriente del Golfo no es un ejercicio académico, es una forma de mejorar la anticipación para costas, recursos marinos y decisiones sobre emisiones de CO2, porque el océano cambia poco a poco, hasta que de repente cambia más.

El estudio ha sido publicado en Nature


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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