Un diamante amarillo de 158,20 quilates ha aparecido en la mina Diavik, en los Territorios del Noroeste de Canadá, justo cuando esta explotación minera entraba en su tramo final. Rio Tinto lo presenta como uno de los mayores diamantes amarillos de calidad gema encontrados en el país, en una mina situada a unos 200 kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico.
La noticia parece de lujo, pero no va solo de una piedra muy rara. Diavik ya ha cerrado su producción tras 23 años y más de 150 millones de quilates extraídos, así que la pregunta de fondo es otra. ¿Qué ocurre con un paisaje frágil cuando se apagan las máquinas y empieza la restauración?
Un hallazgo de última hora
El diamante en bruto pesa 158,20 quilates y no es una pieza habitual en Diavik. Según Rio Tinto, es uno de solo cinco diamantes amarillos de más de 100 quilates hallados allí en 22 años de historia de la mina. Además, los diamantes amarillos representan menos del 1 % de su producción.
Ese dato explica por qué el hallazgo ha llamado tanto la atención. La mina producía sobre todo diamantes blancos de calidad gema, por lo que una piedra amarilla de este tamaño aparece como una rareza dentro de la rareza. No es poca cosa.
Matt Breen, director de operaciones de Diavik, lo resumió con una frase muy visual. «Este diamante natural canadiense de 2000 millones de años es un milagro de la naturaleza», afirmó la compañía en su comunicado.
Por qué brilla amarillo
Los diamantes amarillos deben su color, en gran medida, a la presencia de nitrógeno en su estructura. El Gemological Institute of America explica que esos átomos influyen en cómo la piedra absorbe la luz, haciendo que el ojo perciba tonos amarillos.
En la práctica, no todos los amarillos valen lo mismo. La intensidad del color, la pureza, la talla y el peso final tras el pulido pueden cambiar mucho su precio. Por eso conviene ir con cuidado con las cifras que circulan, porque Rio Tinto no ha publicado un valor oficial de venta para esta piedra.
La mina ya se apagó
Diavik celebró su último día de producción el 26 de marzo de 2026, después de agotar sus reservas económicas. La mina funcionó durante 23 años y extrajo más de 150 millones de quilates de diamantes en bruto, con explotación a cielo abierto y subterránea bajo la zona de Lac de Gras.
Esto cambia el sentido de la noticia. El diamante amarillo parece un premio final, pero llega en el momento en que la atención debe pasar del brillo a la tierra. Esa parte suele ser menos vistosa, aunque importa mucho más para el territorio.
El Gobierno de los Territorios del Noroeste recordó que Diavik fue un pilar económico durante más de 20 años, con más de 1100 empleos anuales y cerca del 10 % del PIB territorial. El cierre no es solo ambiental, también es social.
Energía en el hielo
Una mina tan aislada no funciona como una fábrica al lado de una ciudad. Llevar energía a un enclave subártico significa mover combustible, mantener equipos y asumir emisiones. En sitios así, cada litro de gasóleo pesa.
Rio Tinto señala que Diavik operó desde 2012 con una instalación híbrida eólica y diésel, y que en 2024 completó una planta solar. Según la compañía, el parque eólico generó 191 millones de kWh y evitó 118 000 toneladas de CO2, además de ahorrar 43,4 millones de litros de diésel.
La planta solar también tiene su papel. Rio Tinto calcula que producirá 4,2 millones de kWh al año, reducirá el consumo de diésel en alrededor de un millón de litros anuales y evitará 2900 toneladas de CO2 equivalente. Para una mina sin conexión fácil a la red, eso se nota.
Agua, tierra y comunidades
Cerrar una mina no consiste en poner un candado y marcharse. En Diavik, la compañía afirma que la clausura se planificó desde el principio, con edificios preparados para ser retirados y con la idea de recuperar los diques para que el agua del lago vuelva a entrar en las minas abiertas.
Los objetivos de cierre incluyen seguridad, uso del suelo, formas del terreno, agua, biodiversidad, capacidad comunitaria y desarrollo de recursos. Las actividades de cierre se prolongarán hasta 2029, y después llegará un periodo de seguimiento posterior.
También hay una dimensión indígena muy clara. En febrero de 2026, el Gobierno Tłı̨chǫ y Diavik firmaron un acuerdo de cierre que habla de restauración responsable y gestión a largo plazo de las tierras Tłı̨chǫ. Su gran jefe, Jackson Lafferty, destacó la «responsabilidad con la tierra, el agua y la fauna».
Lo que habrá que vigilar
La parte decisiva empieza ahora. La restauración tendrá que demostrar, con datos, si el agua mantiene una calidad adecuada, si los terrenos son seguros y si la fauna puede seguir usando el entorno. En una zona fría y delicada, los errores no se borran rápido.
El Gobierno territorial ha señalado que existe un plan de cierre y recuperación aprobado por el regulador, con años de restauración progresiva ya en marcha. Pero un plan no es el final del camino. Es el punto de partida para comprobar si la promesa se cumple.
Por eso, el diamante amarillo es una noticia llamativa, sí, pero no debería tapar la pregunta principal. ¿Puede una mina dejar atrás algo más que un agujero, residuos y recuerdos económicos? Esa es la prueba real.
Una joya y una lección
El hallazgo de Diavik tiene todos los ingredientes para atraer miradas. Es raro, antiguo, enorme y aparece justo al final de una mina que marcó la historia minera reciente de Canadá. Pero su brillo no puede separarse del lugar del que salió.
En el fondo, esta historia cuenta dos finales al mismo tiempo. Uno es el de una piedra amarilla que seguirá su camino hacia el mercado. El otro es el de un territorio que necesita limpieza, vigilancia y acuerdos duraderos con las comunidades. No hay diamante que brille si el coste queda enterrado en el agua o en la tundra.
El comunicado oficial sobre el hallazgo del diamante amarillo ha sido publicado por Rio Tinto.









