Los científicos creían que este ganso fósil era el antepasado directo de las aves gigantes de Nueva Zelanda: ahora descubren que su linaje se extinguió sin dejar descendencia

Publicado el 4 de agosto de 2026 a las 09:49
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Reconstrucción realista del ganso fósil Meterchen luti, una especie extinta descubierta en St Bathans (Nueva Zelanda).

Un pequeño conjunto de huesos recuperados en los antiguos depósitos lacustres de St Bathans, en Otago Central, ha obligado a revisar una vieja idea sobre las aves de Nueva Zelanda. Los restos pertenecen a una especie de ganso desconocida hasta ahora, Meterchen luti, pero no al antepasado de los enormes gansos no voladores que vivieron después en el país.

Puede parecer un simple cambio de etiqueta en una vitrina. En realidad, modifica la cronología de estas aves y refuerza una imagen mucho más dinámica de Zealandia, el continente casi sumergido del que forma parte Nueva Zelanda. Hubo llegadas, transformaciones rápidas y linajes que desaparecieron sin dejar descendientes.

Una especie escondida entre once huesos

El trabajo reunió a investigadores del Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa, la Universidad de Otago y la Universidad de Cambridge. El equipo volvió a estudiar once huesos fósiles atribuidos a gansos y los comparó con otras aves acuáticas de St Bathans y con una amplia colección de esqueletos actuales y extintos.

El resultado fue más complejo de lo esperado. Cuatro piezas pertenecían a Miotadorna sanctibathansi, mientras que otras cinco probablemente procedían de una anátida grande, el grupo que reúne a patos, gansos y cisnes. Solo uno o quizá dos huesos representaban al nuevo ganso.

«Determinamos que los huesos incluían una especie no descrita, del tamaño de un ganso pequeño», explicó Nicolas Rawlence, coautor del estudio y director del Laboratorio de Paleogenética de Otago. No parece mucho material, pero en paleontología una sola pieza bien comparada puede cambiar un árbol familiar entero.

Una madre gansa surgida del barro

Los investigadores bautizaron la especie como Meterchen luti. El nombre juega con la rima infantil anglosajona «Old Mother Goose» y con la imagen de una antigua madre gansa que vuelve a salir del barro donde quedó fosilizada.

Meterchen significa «madre gansa» en griego antiguo y luti puede traducirse del latín como «del barro». Los restos son fragmentarios y no permiten reconstruir con seguridad su aspecto completo o su conducta, pero su forma sí bastó para diferenciar al animal de otras aves acuáticas del yacimiento. La ciencia también consiste en saber dónde termina la evidencia.

La vieja teoría ya no encaja

Durante años se propuso que el ganso de St Bathans era un antepasado directo de Cnemiornis, el género de gansos gigantes y no voladores de Nueva Zelanda. Esa hipótesis implicaba que el linaje llevaba en Zealandia al menos 14 millones de años.

El nuevo análisis no encontró huesos con una afinidad clara con los gansos cereopsinos, el grupo que incluye a Cnemiornis y a su pariente australiano, el ganso de Cape Barren. En otras palabras, Meterchen luti ocupaba otra rama del árbol evolutivo. No era el eslabón que se buscaba.

Además, la teoría antigua chocaba con los datos genéticos. Esos cálculos apuntan a que los antepasados de Cnemiornis llegaron desde Australia hace unos siete millones de años, bastante después de la época representada en St Bathans. «Nuestra reevaluación rigurosa respalda la teoría de una llegada posterior», afirmó el autor principal, Alan Tennyson.

Un linaje que llegó y desapareció

Según la interpretación del equipo, los antepasados de Meterchen luti alcanzaron Zealandia antes de hace 14 millones de años. Sin embargo, aquella rama terminó desapareciendo y no dejó descendientes conocidos. El fósil no abre una línea directa hacia los gansos gigantes, sino un camino evolutivo que acabó en seco.

Los antepasados de Cnemiornis llegaron mucho más tarde y evolucionaron hasta producir aves de alrededor de un metro de altura y hasta 18 kilos de peso. Fueron los gansos más grandes conocidos. No es poca cosa.

¿Qué significa esto en la práctica? Que las islas pueden favorecer cambios corporales muy rápidos a escala geológica. El aislamiento y unas condiciones ecológicas distintas pueden empujar a los animales por caminos inesperados, aunque cada caso necesita sus propias pruebas.

Nueva Zelanda no fue un museo inmóvil

A menudo se imagina la fauna de Nueva Zelanda como una colección de linajes antiquísimos que quedaron aislados durante millones de años. El estudio dibuja algo bastante más movido. Algunas ramas permanecieron, otras se extinguieron y varias llegaron desde otros lugares en fechas sorprendentemente recientes.

Los autores señalan que los antepasados de aves como el takahē, el aguilucho de Forbes y el águila gigante de Haast pudieron llegar durante los últimos cuatro o cinco millones de años. Eso no reduce su singularidad. Al contrario, muestra hasta qué punto la evolución insular puede producir formas extraordinarias en un tiempo relativamente corto.

En el fondo, el fósil obliga a sustituir una historia lineal por otra llena de entradas y salidas. Zealandia no fue una cápsula del tiempo cerrada. Fue un escenario cambiante, marcado por su historia geológica, climática y, mucho después, humana.

Por qué St Bathans sigue siendo clave

Los depósitos fósiles de St Bathans conservan una gran diversidad de aves acuáticas del Mioceno temprano y medio. Muchos restos son pequeños, están separados y no forman esqueletos completos, por lo que identificarlos exige comparar cada detalle. Se parece más a ordenar piezas sueltas que a montar un puzle con la imagen en la caja.

Por eso fue importante revisar todos los huesos y no solo unos pocos ejemplares considerados representativos. Una clasificación antigua puede mantenerse durante años si nadie vuelve a contrastarla con colecciones más amplias. Aquí, esa segunda mirada reveló que varias piezas atribuidas a gansos pertenecían en realidad a animales diferentes.

Meterchen luti sigue siendo una especie conocida por muy pocos restos y nuevos fósiles podrían aclarar su anatomía y sus relaciones exactas. Lo que ya parece claro es que no fue el antepasado de los gigantes Cnemiornis, sino una rama más antigua e independiente que acabó desapareciendo.

El estudio ha sido publicado en Historical Biology.

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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