Buscaban agua supercrítica en Islandia y se toparon con magma a 900 grados, creando el pozo más caliente jamás medido y casi diez veces más potente de lo normal

Publicado el 20 de septiembre de 2026 a las 20:26
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Central geotérmica de Krafla con columnas de vapor en Islandia

Buscaban agua supercrítica en Islandia y se toparon por accidente con magma a 900 grados: el pozo resultante fue el más caliente jamás medido y generó casi diez veces más energía de lo normal

El pozo IDDP-1 alcanzó roca fundida a solo 2,1 kilómetros de profundidad en Krafla y llegó a producir vapor a más de 450 °C. El experimento demostró un enorme potencial energético, aunque la corrosión impidió convertirlo en una instalación comercial.

En 2009, un equipo que buscaba fluidos geotérmicos de alta temperatura en el noreste de Islandia encontró algo inesperado. La perforación atravesó una acumulación de magma a unos 900 °C cuando apenas había superado los dos kilómetros de profundidad.

El accidente ocurrió en la caldera volcánica de Krafla y terminó transformándose en uno de los experimentos geotérmicos más importantes realizados hasta ahora. La información de partida fue publicada por Daniel Moran el 23 de agosto de 2026 y reconstruye tanto el potencial energético del pozo como los problemas técnicos que provocaron su cierre.

El accidente de Krafla que llevó la energía geotérmica hasta el magma

El objetivo inicial del Iceland Deep Drilling Project era perforar más de cuatro kilómetros para alcanzar agua sometida a temperaturas y presiones extremas. Sin embargo, a unos 2.100 metros comenzaron a aparecer fragmentos de vidrio volcánico fresco entre los materiales extraídos. Era la señal de que la broca había entrado en contacto directo con roca fundida.

La profundidad del hallazgo ha sido confirmada por el proyecto oficial Krafla Magma Testbed, que identifica Krafla como el único lugar accesible donde se conoce con suficiente precisión la posición de un cuerpo magmático poco profundo. La organización sitúa el encuentro accidental del pozo IDDP-1 con el magma en 2009 y a unos 2,1 kilómetros bajo la superficie.

El descubrimiento también permitió conservar pequeñas muestras vitrificadas que posteriormente ayudaron a estudiar la presión, los gases y el comportamiento del magma. Esta perforación accidental de magma en Islandia abrió una nueva línea de investigación para la ciencia volcánica y la geotermia avanzada.

El pozo IDDP-1 mostró una potencia geotérmica hasta diez veces mayor

Los responsables del proyecto no clausuraron inmediatamente la perforación. Instalaron un revestimiento de acero cementado y dejaron que el sistema recuperara progresivamente su temperatura antes de realizar las pruebas de flujo.

El resultado fue vapor sobrecalentado a más de 450 °C y una presión cercana a 140 bares en la boca del pozo. Estas condiciones convirtieron al IDDP-1 en el pozo geotérmico de producción más caliente medido hasta entonces.

Las estimaciones realizadas a partir de las pruebas indicaron que podría haber generado hasta 36 megavatios eléctricos. Esa cifra representa entre cinco y diez veces la producción de un pozo geotérmico comercial convencional que trabaja a temperaturas inferiores.

La explicación está en la elevada entalpía del fluido. Cerca o por encima del punto crítico del agua desaparece la separación convencional entre líquido y vapor, lo que permite transportar una mayor cantidad de energía térmica hasta la superficie. El interés no consiste únicamente en obtener más electricidad, sino en hacerlo con menos perforaciones y una infraestructura potencialmente más compacta.

Otros proyectos avanzan en la misma dirección. En Estados Unidos ya se están probando sistemas geotérmicos de alta temperatura en Oregón, aunque sus temperaturas continúan lejos de las registradas junto al magma de Krafla.

La corrosión fue el límite de la geotermia supercaliente

El enorme rendimiento potencial no evitó que el experimento terminara fallando. El vapor transportaba gases ácidos, azufre y partículas de sílice que atacaron el revestimiento y los componentes instalados en la superficie.

En julio de 2012 fallaron varias válvulas. Los técnicos tuvieron que inyectar agua fría para controlar el pozo, pero el cambio brusco de temperatura contrajo y fracturó el revestimiento interior. El IDDP-1 no volvió a producir desde entonces.

Este desenlace explica por qué todavía no puede hablarse de electricidad ilimitada procedente del magma. Los ensayos fueron intermitentes, el pozo no había sido diseñado para encontrarse con roca fundida y nunca se construyó una central comercial que confirmara de manera continuada los 36 megavatios estimados.

La experiencia islandesa señala que el principal obstáculo no es localizar suficiente calor. El desafío está en fabricar cementos, aleaciones, sensores y válvulas capaces de soportar durante años las temperaturas extremas y la química corrosiva del subsuelo.

Krafla Magma Testbed prepara el primer observatorio de magma

El accidente del IDDP-1 se ha convertido en el punto de partida de un proyecto deliberado. El Krafla Magma Testbed pretende acceder nuevamente al cuerpo magmático y crear el primer observatorio permanente de magma del mundo.

El Programa Internacional de Perforación Científica Continental confirma que en Krafla existe magma riolítico cercano a los 900 °C entre 2,1 y 2,5 kilómetros de profundidad. La iniciativa busca estudiar directamente la interacción entre el magma, las rocas y los fluidos hidrotermales, además de probar tecnologías para aprovechar el calor extremo.

El proyecto también tiene una finalidad volcánica. Medir directamente la temperatura, la presión y el movimiento de los fluidos permitiría mejorar los modelos utilizados para vigilar los volcanes. Actualmente, gran parte de esa información debe deducirse mediante terremotos, deformaciones del terreno y emisiones de gases.

El futuro de la energía geotérmica depende de perforar mejor

El caso de Krafla no demuestra que exista una fuente de energía infinita lista para conectarse a la red. Sí demuestra que los recursos geotérmicos supercalientes pueden multiplicar la producción obtenida por cada perforación.

La carrera tecnológica incluye proyectos volcánicos, sistemas geotérmicos mejorados y perforaciones cada vez más profundas. Un ejemplo es el pozo geotérmico de 5.275 metros en Reino Unido, que refleja el creciente interés por producir electricidad renovable de forma estable durante las 24 horas.

La auténtica revolución de Krafla no está en perforar magma como un fin en sí mismo. Está en comprobar si la industria puede extraer mucho más calor con menos pozos, menor ocupación del territorio y una producción continua. Para conseguirlo, Islandia deberá resolver primero aquello que destruyó el IDDP-1 (la corrosión, el choque térmico y la estabilidad de los materiales).

El estudio científico ha sido publicado en Nature.

Imagen: Villy Fink Isaksen / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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