La “puerta al inframundo” de Siberia ya mide cerca de un kilómetro de largo y remueve cada año un millón de metros cúbicos de suelo congelado

Por HoyECO
Publicado el 22 de septiembre de 2026 a las 13:08
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Imagen de satélite del cráter de Batagaika en Siberia

Bajo Siberia crece cada año un millón de m3 un cráter al que los vecinos llaman ‘la puerta al inframundo’: ya mide un kilómetro de largo y hasta 50 metros de profundidad

Batagaika es el mayor megadeslizamiento de suelo congelado conocido. La enorme cicatriz de Yakutia ronda un kilómetro de longitud, alcanza unos 100 metros de profundidad y expone capas de permafrost formadas hace hasta 650.000 años.

En el remoto noreste de Siberia, el terreno parece abrirse lentamente bajo la taiga. La depresión de Batagaika, apodada «la puerta al inframundo», continúa ensanchándose a medida que desaparece el hielo que mantenía unidos los sedimentos de la ladera.

Pese a su nombre popular, no es un cráter producido por un meteorito ni una abertura hacia el interior del planeta. Se trata de un megadeslizamiento regresivo por deshielo, una formación que avanza pendiente arriba cuando el permafrost rico en hielo se descongela y deja de sostener el terreno.

La ESA publicó el 29 de mayo de 2026 una nueva imagen captada por Copernicus Sentinel-2. La agencia europea describe una cicatriz de aproximadamente un kilómetro de longitud y unos 100 metros de profundidad, con un crecimiento que en las zonas más activas ronda los 30 metros anuales. Batagaika forma parte de un fenómeno más amplio de deshielo que está transformando paisajes fríos y sacando a la superficie restos conservados durante milenios.

Qué es el cráter de Batagaika y por qué sigue creciendo

El origen de Batagaika demuestra que el calentamiento global no actúa solo. A mediados del siglo XX, la tala y la alteración de la cubierta vegetal dejaron parte del suelo sin la protección térmica proporcionada por árboles, arbustos y materia orgánica superficial.

Al recibir más radiación solar, la capa que se descongelaba cada verano aumentó de grosor. Durante la década de 1960 apareció un barranco que fue profundizándose hasta exponer grandes masas de hielo subterráneo. Desde entonces, el agua de deshielo arrastra los sedimentos y deja al descubierto nuevas superficies congeladas, lo que mantiene activo el colapso.

La perturbación humana inicial fue local, pero el aumento de las temperaturas favorece que el proceso continúe. Por eso Batagaika no debe presentarse únicamente como una consecuencia espontánea del cambio climático. Es el resultado de una alteración directa del paisaje que después quedó amplificada por un entorno cada vez más cálido.

Un millón de metros cúbicos de permafrost desaparece cada año

Un trabajo dirigido por el glaciólogo Alexander Kizyakov y publicado en 2024 en la revista Geomorphology combinó imágenes satelitales, vuelos con drones, observaciones de campo y un modelo geológico tridimensional.

Los investigadores calcularon que Batagaika moviliza alrededor de un millón de metros cúbicos de material cada año. Aproximadamente dos tercios corresponden a hielo subterráneo derretido y el tercio restante a sedimentos descongelados. Desde su formación hasta 2023, el megadeslizamiento habría movilizado unos 34,7 millones de metros cúbicos de terreno y cerca de 169.500 toneladas de carbono orgánico.

El estudio también estima que cada año quedan liberadas de su estado congelado entre 4.000 y 5.000 toneladas de carbono orgánico. Esta cifra describe materia movilizada por el deshielo, no una medición directa de gases que hayan llegado íntegramente a la atmósfera.

Tampoco existe contradicción entre el millón de metros cúbicos anual y los cerca de 30 metros mencionados por la ESA. La primera cifra mide el volumen total de hielo y sedimentos perdidos. La segunda describe el desplazamiento lineal de determinados sectores del borde, cuyo avance varía según la cantidad de hielo, la pendiente y las condiciones meteorológicas.

Batagaika conserva un archivo climático de hasta 650.000 años

Las paredes del megadeslizamiento han dejado expuestas capas de permafrost con una antigüedad estimada de hasta 650.000 años. El USGS considera Batagaika una ventana excepcional para investigar antiguos climas, ecosistemas y periodos glaciales del noreste de Siberia.

Esto no significa que la pared conserve una cronología continua de 650.000 años. La secuencia presenta interrupciones provocadas por antiguos episodios de erosión y deshielo. Aun así, sus sedimentos permiten comparar cómo se conservaron la vegetación, los microorganismos y la materia orgánica durante etapas glaciales e interglaciales.

Como ocurre con los núcleos sedimentarios recuperados bajo la Antártida, cada estrato funciona como una página incompleta de la historia terrestre. Su composición ayuda a reconstruir temperaturas, vegetación y condiciones ambientales que existieron mucho antes de las observaciones instrumentales.

El deshielo también ha revelado restos de animales. En 2018 apareció un potro de una especie extinta de caballo que llevaba congelado unos 42.000 años y que todavía conservaba piel, pelo y pezuñas. El hallazgo muestra la extraordinaria capacidad del permafrost para preservar tejidos, pero también la rapidez con la que ese patrimonio puede degradarse una vez expuesto.

El carbono del permafrost es el riesgo que no aparece en las imágenes

Conviene corregir una afirmación recurrente. El permafrost no almacena «la mitad de todo el metano de la Tierra». Lo que conserva en enormes cantidades es materia orgánica rica en carbono que permaneció congelada y apenas pudo descomponerse.

Cuando el suelo se descongela, los microorganismos vuelven a actuar sobre esa materia. Parte del carbono puede transformarse en CO₂ o metano, dependiendo de factores como la presencia de oxígeno, la humedad, la temperatura y el drenaje del terreno. Este proceso puede reforzar el calentamiento y favorecer nuevos episodios de deshielo.

Por ese motivo, no sería correcto convertir automáticamente las 4.000 o 5.000 toneladas de carbono movilizadas en Batagaika en la misma cantidad de metano emitido. El estudio cuantifica el carbono que sale del estado congelado, pero su destino posterior puede incluir la atmósfera, los cursos de agua, los sedimentos o la incorporación temporal a los ecosistemas.

Batagaika representa solo una parte visible de un problema mucho mayor. Investigaciones recientes sobre el carbono almacenado en los deltas árticos muestran que enormes reservas de materia orgánica permanecen encerradas en terrenos especialmente vulnerables al aumento de las temperaturas.

La puerta al inframundo seguirá vigilada desde el espacio

Batagaika no es un abismo que pueda crecer de manera ilimitada. Su evolución depende de la distribución del hielo subterráneo, la forma de la ladera, la retirada de los sedimentos y las temperaturas de cada temporada. Por eso no se puede prolongar indefinidamente la pérdida actual de un millón de metros cúbicos anuales ni fijar una fecha precisa para su estabilización.

Los satélites permiten comparar su contorno año tras año y distinguir qué sectores siguen activos. La imagen difundida por la ESA en 2026, elaborada con datos de Sentinel-2 obtenidos en 2025, confirma que el terreno continúa reorganizándose décadas después del primer colapso.

La verdadera amenaza no consiste en que una puerta sobrenatural esté abriéndose bajo Siberia. Batagaika importa porque demuestra cómo una alteración de la vegetación puede desestabilizar un suelo congelado y desencadenar un proceso que después se alimenta del calor, la erosión y el deshielo. Es una herida local que permite observar, casi en tiempo real, uno de los mecanismos más difíciles de frenar del Ártico actual.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Geomorphology.

Imagen: European Union , Copernicus Sentinel-2 imagery / Wikimedia Commons (Attribution)

HoyECO

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