El deshielo mundial está revelando una paradoja que nadie esperaba: mientras destruye el planeta, el calentamiento actúa como máquina del tiempo y saca a la luz herramientas de hace 10.000 años, momias prehistóricas y yacimientos de minerales valorados en billones de dólares

Imagen autor
Publicado el: 22 de junio de 2026 a las 23:39
Síguenos
Arqueólogo sostiene un esquí prehistórico de 1.300 años hallado tras el deshielo de un glaciar en Noruega.

El hielo que durante siglos parecía inmóvil está empezando a contar historias que nadie esperaba leer tan deprisa. En Noruega, los Alpes, América del Norte y Siberia, el aumento de las temperaturas está dejando al descubierto esquís prehistóricos, rutas de montaña olvidadas, restos orgánicos y núcleos de hielo que guardan señales de la actividad humana. La parte emocionante es evidente. La preocupante también.

Cada pieza que aparece es una oportunidad para conocer mejor cómo vivían, se movían y comerciaban nuestros antepasados. Pero hay un problema muy sencillo de entender. Cuando un objeto sale del hielo, empieza a degradarse. Por eso los equipos de arqueología glaciar trabajan contra el reloj, porque lo que hoy asoma entre la nieve puede desaparecer para siempre en pocas temporadas.

Una ventana que se cierra

La arqueología glaciar ha crecido precisamente por una señal incómoda del presente. El hielo de montaña se derrite por el cambio climático y libera miles de objetos y materiales biológicos, algunos con hasta 10 000 años de antigüedad, según un trabajo publicado en Annals of Glaciology. No es poca cosa.

El hallazgo puede parecer una buena noticia para la ciencia, pero tiene trampa. Los objetos orgánicos se conservan bien mientras permanecen congelados, no cuando quedan expuestos al aire, al sol, al agua y a los microorganismos. El mismo estudio advierte de que, sin una recuperación rápida, se pierden tanto las piezas como la información histórica que contienen.

Noruega bajo el hielo

Uno de los casos más llamativos está en Innlandet, en Noruega. Allí, el programa Secrets of the Ice ha documentado miles de hallazgos en zonas de alta montaña. En el paso de Lendbreen, los arqueólogos encontraron una antigua ruta utilizada entre los siglos III y XVI, con un pico de uso hacia el año 1000, en plena época vikinga.

¿Qué había allí arriba? Ropa, herramientas, restos de trineos, herraduras, huesos de caballos y señales de antiguos desplazamientos comerciales. Lars Pilø, primer autor del estudio sobre Lendbreen, lo resumió como «un descubrimiento de ensueño» para la arqueología glaciar. Y se entiende. Era como encontrar una carretera olvidada, pero congelada durante siglos.

También en Noruega apareció un par de esquís de unos 1300 años en el parche de hielo de Digervarden. El primer esquí se halló en 2014 y el segundo siete años después, a solo unos metros. Lo importante no era solo la madera. También se conservaban partes de las fijaciones, justo el detalle que permite saber cómo se usaban realmente.

Los Alpes guardan memoria

Los Alpes llevan décadas demostrando que el hielo puede ser una cápsula del tiempo. Ötzi, el famoso «Hombre de Hielo», fue encontrado en 1991 entre Italia y Austria y vivió hace más de 5300 años. Su hacha de cobre, su ropa y sus herramientas abrieron una ventana directa a la vida en la Edad del Cobre.

Pero no todo son objetos arqueológicos. En la Weißseespitze, una cumbre de los Alpes austríacos, los científicos han reconstruido una secuencia de hasta 6000 años en el hielo restante usando datación con argón 39 y carbono 14. Lo más duro es el contexto. En 2019 quedaban unos 10 metros de hielo en el punto estudiado y las mediciones recientes apuntan a menos de 6 metros cerca de la zona de perforación.

Ese hielo también conserva rastros químicos de incendios, minería y contaminación anterior a la era industrial. Un estudio de Frontiers in Earth Science analizó elementos como plomo, cobre, arsénico o plata y vinculó algunos picos con actividades mineras y metalúrgicas medievales y modernas en Europa. Dicho de otra forma, hasta el humo del pasado quedó atrapado allí.

La advertencia de Siberia

El hielo no solo mira hacia atrás. A veces también señala lo que puede venir. En Siberia, un equipo internacional estudió depósitos minerales de cuevas formados hace 8,7 millones de años, durante el Mioceno tardío. La clave es sencilla. Esos depósitos solo pueden formarse cuando el agua se filtra por el suelo y las rocas, algo que no ocurre igual si el terreno está congelado.

Los investigadores concluyeron que, entonces, esa región del norte de Siberia no tenía permafrost y que la temperatura media global era unos 4,5 ºC superior a la actual. Sebastian Breitenbach, de la Universidad de Northumbria, lo llamó «una advertencia real para todos». Si el calentamiento llegara a ese nivel, gran parte del permafrost del hemisferio norte podría descongelarse.

Y aquí está el problema que no se ve a simple vista. El permafrost guarda enormes cantidades de carbono procedente de materia orgánica congelada. Si se descongela, parte de ese carbono puede volver a la atmósfera y alimentar aún más el calentamiento. Es una rueda difícil de frenar.

Una carrera real

En Noruega, la UNESCO recoge una proyección preocupante. Entre el 60 % y el 80 % del hielo de montaña podría desaparecer a finales de siglo incluso si las emisiones se detuvieran por completo hoy. Con los compromisos climáticos actuales, la pérdida podría llegar al 90 %.

Eso significa que los próximos años serán decisivos para recuperar y documentar lo que salga del hielo. No basta con encontrar una flecha, una sandalia o un fragmento de tejido. Hay que registrar dónde apareció, a qué profundidad, con qué otros materiales y en qué contexto. Sin esos datos, el objeto se queda casi mudo.

En la práctica, el deshielo está abriendo una biblioteca que nadie había pedido abrir tan deprisa. Cada verano cálido puede enseñar una página nueva, pero también arrancar otras antes de que alguien las lea. Y eso se nota.

Qué debemos mirar ahora

La lección más clara es que estos hallazgos no deben presentarse solo como tesoros curiosos. Sí, tienen valor histórico. Sí, nos permiten imaginar a una persona cruzando una montaña con esquís, una carga o un animal hace muchos siglos. Pero también muestran hasta qué punto el clima está cambiando paisajes que parecían estables.

Para la ciencia, la prioridad es actuar rápido y coordinar arqueólogos, glaciólogos y expertos en clima. Para el público, la idea de fondo es más cercana de lo que parece. Igual que una factura de la luz o un verano cada vez más pegajoso nos recuerdan el calentamiento en casa, estos objetos lo hacen desde las montañas. Son pruebas pequeñas de un cambio enorme.

El estudio científico sobre la arqueología de glaciares y parches de hielo ha sido publicado en Annals of Glaciology.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario