La tortuga gigante de Española estuvo tan cerca de desaparecer que en su isla solo se encontraron 12 hembras y dos machos. Un tercer macho apareció a miles de kilómetros, en el zoológico de San Diego. Se llamaría Diego y acabaría formando parte de un programa que cambió el destino de su especie.
En octubre de 2025, Galápagos Conservancy informó de que la población superaba los 3.000 ejemplares y se reproducía de forma natural. Diego se convirtió en el rostro de esa recuperación, pero detrás hubo otros reproductores, décadas de cuidados y una tarea imprescindible. Había que recuperar también la isla donde vivirían.
Una isla al límite
Durante el siglo XIX, los balleneros y otros navegantes retiraron grandes cantidades de tortugas de Española. Su fácil acceso convirtió a esta isla de Galápagos, en Ecuador, en un lugar especialmente vulnerable a aquellas capturas.
A esa presión se sumaron las cabras introducidas, que competían por el alimento y deterioraban la vegetación. Cuando comenzaron las actuaciones de rescate, en los años sesenta, quedaban tan pocos animales que la continuidad de la población estaba comprometida. Los supervivientes fueron trasladados a un centro de cría en Santa Cruz.
El macho de California
Los responsables del programa buscaron por todo el mundo otros ejemplares que pudieran ayudar a ampliar el grupo reproductor. Encontraron a Diego en San Diego, donde había terminado después de ser extraído de Española décadas antes. Su traslado a Galápagos, en los años setenta, permitió reunir a los 15 fundadores del programa.
La recuperación exigía criar a sus descendientes y devolverlos a un hábitat donde pudieran sobrevivir. Las primeras tortugas nacidas en cautividad comenzaron a ser liberadas en 1975, cuando habían alcanzado un tamaño adecuado. Era un proceso de años, con trabajo diario mucho menos visible que la fama que alcanzaría Diego.
Lo que cuenta el ADN
El comunicado de 2020 atribuyó a Diego aproximadamente el 40 % de las crías repatriadas a Española. Es una aportación enorme, aunque esa estimación se refiere a los animales devueltos mediante el programa. Para entender cómo se repartía la descendencia, los investigadores recurrieron al ADN.
Un estudio publicado en 2004 analizó 134 tortugas muestreadas en la isla en 1994. Encontró un reparto muy desigual entre los progenitores y destacó la aportación de otro macho, identificado como E5. Diego figuraba como E15 y el tercer macho, E3, había contribuido muy poco a aquella muestra.
¿Por qué importa ese desequilibrio? Si unos pocos animales concentran buena parte de la descendencia, conservar la diversidad genética resulta más difícil. Los autores recomendaron equilibrar las aportaciones de los reproductores para proteger la variación que aún quedaba.
Crías nacidas en libertad
La señal más alentadora llegó cuando las tortugas liberadas comenzaron a tener descendencia en Española. Un estudio publicado en Evolutionary Applications en 2013 mostró que el 24 % de los ejemplares muestreados en 2007 había nacido en la propia isla.
Eso indicaba que la recuperación avanzaba más allá del centro de cría. Los investigadores subrayaron que una población podía recuperarse de forma notable, al menos a corto plazo, pese a su escasa diversidad genética. El resultado era esperanzador, aunque seguía siendo necesario prestar atención al parentesco y a la conservación de esa diversidad.
El regreso de Diego
El 15 de junio de 2020, los 15 reproductores originales regresaron a Española. Según el balance difundido entonces, cerca de 1.900 tortugas habían sido repatriadas mediante el programa y la población silvestre rondaba los 2.300 ejemplares, contando también las nuevas generaciones nacidas allí.
El último tramo del viaje se hizo a pie, con los guardaparques y científicos cargando las tortugas hasta Las Tunas. Era una zona con abundantes cactus Opuntia, una fuente fundamental de alimento para estos animales. Diego, al que entonces se atribuían más de cien años, volvía por fin a su isla.
Recuperar todo el hábitat
¿Qué cambia cuando regresan estos grandes herbívoros? Al alimentarse y desplazarse, ayudan a regular la vegetación de Española. La restauración también incluye actuaciones para mantener despejadas las zonas que los albatros utilizan para aterrizar, despegar y anidar.
En mayo de 2025, Galápagos Conservancy describió una nueva expedición para vigilar las tortugas, estudiar el hábitat y retirar vegetación de esas zonas. El regreso de los animales había abierto una nueva etapa de seguimiento y cuidados sobre el terreno.
“He visto poblaciones de tortugas quedar al borde de la extinción”, recordó el científico James Gibbs al explicar el trabajo acumulado durante décadas. El balance que sitúa la población de Española por encima de los 3.000 ejemplares fue publicado el 14 de octubre de 2025 en Galápagos Conservancy.
Imagen: E bailey / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)







