Calentar Marte de forma artificial podría dejar una huella que persistiría durante décadas. Una simulación indica que las partículas liberadas para retener calor modificarían el movimiento del agua y la distribución del hielo, con efectos que continuarían después de detener la emisión. El planeta no volvería inmediatamente a su estado anterior.
El trabajo, firmado por Ashwin S. Braude, Edwin S. Kite y otros tres investigadores, incorpora el ciclo del agua a un modelo climático tridimensional llamado MarsWRF. Sus resultados muestran noches más cálidas y días de invierno más fríos en determinadas regiones. La versión disponible es un manuscrito preliminar difundido en marzo de 2026, y sus cifras describen escenarios simulados.
Un calentamiento sobre el papel
La propuesta parte de utilizar partículas diminutas diseñadas para dificultar que el calor de la superficie escape al espacio. Un estudio publicado en 2024 en Science Advances analizó varillas microscópicas de aluminio o hierro capaces de absorber y dispersar radiación infrarroja. La idea permitiría que buena parte de la luz solar siguiera llegando al suelo.
El nuevo trabajo explora qué ocurriría con el agua al aplicar ese calentamiento durante 20 años marcianos. Para hacerlo utiliza un aerosol idealizado, con propiedades ópticas elegidas para estudiar la respuesta del clima. Todavía falta demostrar que una partícula real reúna las características necesarias para emplearla en Marte.
Más vapor en la atmósfera
Durante los dos primeros años marcianos simulados, cada aumento de 20 grados en la temperatura media global multiplicó aproximadamente por diez el vapor de agua atmosférico. El artículo expresa ese incremento térmico en kelvin, pero una diferencia de 20 kelvin equivale a una de 20 grados Celsius.
El origen estaba en el borde del casquete polar norte, donde el hielo pasaba directamente a vapor al calentarse durante el verano. Ese proceso se llama sublimación. Aunque la cantidad de aerosoles se estabilizaba en menos de tres años marcianos, el agua y las nubes seguían acumulándose durante décadas.
Noches cálidas, días más fríos
¿Cómo pueden unas mismas nubes calentar y enfriar? Por la noche, absorben parte de la radiación infrarroja y devuelven energía hacia el suelo, como una manta que reduce la pérdida de calor. El resumen del estudio sitúa ese calentamiento nocturno entre unos 5 y 10 grados en latitudes bajas, próximas al ecuador.
Durante los días de invierno, las nubes densas reflejan luz solar e impiden que tanta energía llegue a la superficie. En las latitudes medias, situadas entre el ecuador y los polos, el modelo obtuvo descensos de hasta 40 grados frente a una simulación equivalente que excluía el efecto radiativo de las nubes.
La comparación es fundamental para entender el dato. Se trata de una diferencia regional, estacional y diurna entre dos versiones de un Marte calentado artificialmente. No significa que todo el planeta se enfriara 40 grados ni que los aerosoles dejaran de calentarlo.
El hielo cambia de sitio
El agua movilizada tampoco regresaba siempre al lugar del que había salido. Las simulaciones calcularon una transferencia neta desde el hemisferio norte al sur de entre 5.000 y 10.000 millones de toneladas por año marciano. Alrededor del polo sur se formaba un nuevo depósito de hielo de agua que sobrevivía al verano.
Además, aumentaba la escarcha estacional y se extendía hacia latitudes más bajas. El nuevo depósito austral liberaba parte de su agua durante el verano y pasaba a alimentar el ciclo atmosférico. Por eso, mover el hielo también cambiaba la evolución de la humedad a lo largo de las estaciones.
Detener la emisión no basta
Para comprobar si esos cambios podían revertirse, los investigadores interrumpieron la liberación de partículas después de cinco años marcianos y continuaron la simulación otros quince. El calentamiento causado directamente por los aerosoles desaparecía en menos de cuatro años marcianos. El agua respondía mucho más despacio.
Quince años marcianos después de detener la emisión, persistía un enfriamiento invernal superior a 20 grados asociado a las nubes en latitudes medias. Ese intervalo equivale aproximadamente a 28 años terrestres, porque un año en Marte dura 687 días. La redistribución del hielo dejaba una especie de memoria climática.
Lo que falta por comprobar
Las cifras dependen de supuestos que requieren más investigación. El modelo fija el tamaño de las partículas de las nubes y omite interacciones entre los aerosoles artificiales, el polvo y la formación de hielo. Esas limitaciones podrían modificar tanto las temperaturas calculadas como la duración de los efectos.
Además, un Marte más cálido seguiría teniendo una atmósfera muy tenue. Como explica la NASA, la escasa presión dificulta que el agua líquida permanezca mucho tiempo en la superficie. Este estudio no demuestra que aumentar la temperatura baste para crear un entorno habitable.
“Se necesitan muchos más datos antes de que calentar Marte pueda ser viable”, señalan los autores. El estudio se ha difundido como manuscrito preliminar en arXiv, con fecha del 2 de marzo de 2026.
Imagen: NASA/JPL-Caltech/MSSS/Simeon Schmauß / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)







