El 8 de marzo de 2015, investigadores de la Universidad de Florida introdujeron unos 19 litros de colorante rojo fluorescente en el manantial principal del río Silver. Querían seguir el movimiento del agua para entender un problema que preocupaba a los científicos (el avance de las algas en ecosistemas conocidos por sus aguas transparentes y su vegetación sumergida).
El experimento permitió estudiar cómo circulaba y se mezclaba el agua, una pieza necesaria para investigar esos cambios ecológicos. Los resultados y las investigaciones posteriores apuntaron a que la velocidad de la corriente también influye en las condiciones que favorecen a determinadas algas.
Un río marcado de rojo
El equipo del laboratorio de David Kaplan liberó cinco galones estadounidenses de rodamina, aproximadamente 19 litros, en la surgencia Mammoth. Instaló nueve estaciones de seguimiento, con tres aparatos que medían la fluorescencia del tinte y seis dispositivos automáticos para recoger muestras.
Más de 20 estudiantes voluntarios colaboraron en el trabajo, que incluyó 318 muestras adicionales recogidas durante la noche. El despliegue permitía seguir la señal del colorante aguas abajo y reunir datos sobre su paso por distintos puntos del río, según explicó la Universidad de Florida.
Qué significan las 11,5 horas
Una presentación del equipo en 2016 recogió una estimación de unas 11,5 horas para el transporte por la corriente en un tramo de 8,15 kilómetros durante el ensayo de marzo de 2015. La velocidad calculada rondaba los 0,20 metros por segundo, unos 0,72 kilómetros por hora.
¿Significa eso que toda el agua completó el trayecto al mismo tiempo? No, se trata de un valor del modelo que resume el desplazamiento por el cauce, donde también hay mezcla y retenciones temporales. La misma presentación estimó unas 14,6 horas para ese tramo en octubre de 2015, lo que muestra que una medición aislada no describe el comportamiento del río en cualquier momento.
El agua también se entretiene
Los investigadores compararon ensayos de octubre de 2009, marzo de 2015 y octubre de 2015. Sus resultados preliminares indicaron que, con mayor caudal, disminuía el tiempo medio de permanencia del agua en el sistema, mientras aumentaba el llamado almacenamiento transitorio.
Este término describe el intercambio temporal de agua con zonas donde circula más despacio. Aunque el flujo principal avance con rapidez, una parte puede demorarse antes de reincorporarse a él. Esa diferencia importa porque condiciona el transporte de nutrientes y el tiempo disponible para que se produzcan transformaciones químicas y biológicas, como recoge el resumen científico de 2016.
Mucho más que un colorante
El ensayo formaba parte de CRISPS, una investigación de tres años impulsada por el Distrito de Gestión del Agua del Río St. Johns y la Universidad de Florida. El programa estudiaba las lluvias, el agua subterránea, los nitratos y el funcionamiento de los manantiales para orientar su protección.
Una de sus preguntas era si reducir los nitratos bastaría para recuperar el equilibrio entre las algas y la vegetación acuática. Por eso se combinaron distintas líneas de trabajo, en lugar de atribuir todo el deterioro a una única causa. El organismo responsable explica ese planteamiento en la descripción oficial del proyecto.
La pista de las plantas
Un estudio publicado en 2019 profundizó en la relación entre corriente y algas con observaciones de 16 manantiales y experimentos en el río Silver. Encontró que, por encima de unos 0,22 metros por segundo, disminuía la abundancia de las algas adheridas a las plantas, conocidas como algas perifíticas.
El equipo también redujo artificialmente la velocidad del agua en pequeñas zonas y observó cómo aumentaba esa cobertura. Al restablecer la corriente, la acumulación volvió a niveles anteriores. Los autores propusieron que el movimiento y el roce entre las hojas ayudaban a desprender las algas.
Pero el resultado tiene límites que conviene tener presentes. No se identificó un umbral equivalente para las macroalgas del fondo ni para las propias plantas acuáticas. Por tanto, esa cifra no debe presentarse como una velocidad universal capaz de resolver cualquier proliferación.
Medir para poder recuperar
¿Qué aporta todo esto a la protección de un río? Los datos del trazador sirvieron para ajustar y comprobar un modelo informático del movimiento del agua, con el que investigar las relaciones entre flujo, vegetación y algas. Es una forma de contrastar las explicaciones con lo que realmente ocurre en el cauce.
El conjunto de los trabajos sugiere que la recuperación debe considerar tanto la calidad del agua como su circulación. El estudio posterior sobre corriente y comunidades vegetales se publicó el 24 de abril de 2019 en Geophysical Research Letters.
Imagen: Anoldent / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)







