El billete de vuelta de Starship podría depender de lo que encuentre bajo el suelo y en el aire de Marte. El dióxido de carbono de su atmósfera y el hielo de agua contienen los ingredientes para fabricar metano y oxígeno, los productos que utilizan sus motores.
Pero disponer de esos ingredientes no garantiza el regreso. Transformarlos en líquidos listos para repostar exigiría una instalación con suministro eléctrico, extracción de agua, reactores y refrigeración, capaz de trabajar durante meses lejos de cualquier taller.
Las cifras del cohete
Según la ficha de SpaceX, el conjunto Starship y Super Heavy alcanza 124 metros de altura, comparable a un edificio de unos 40 pisos. Sus capacidades suman 5.250 toneladas de propelentes, el nombre que reciben el combustible y el oxidante necesarios para impulsar el cohete.
Esa cifra corresponde al sistema completo que despega desde la Tierra. La nave superior tiene capacidad para 1.600 toneladas y se separa del propulsor Super Heavy durante el ascenso. Esa capacidad tampoco determina por sí sola cuánto necesitaría para regresar de Marte.
Además, SpaceX contempla repostar en órbita terrestre antes del viaje interplanetario. Producir los líquidos en la superficie marciana resolvería otra necesidad distinta, la del regreso.
Cómo se fabricaría el metano
El proceso comienza con agua obtenida del hielo. Mediante electrólisis, la electricidad permite separarla en hidrógeno y oxígeno. Después, el hidrógeno reacciona con el dióxido de carbono para formar metano y agua, una transformación conocida como reacción de Sabatier.
El agua generada puede volver al circuito y aprovecharse de nuevo. Así, recursos locales podrían convertirse en combustible y en el oxígeno que necesita el motor para quemarlo. La NASA ha investigado tecnologías para combinar estas operaciones, aunque eso no equivale a haberlas demostrado a escala industrial en Marte.
El hielo decide dónde aterrizar
Encontrar agua utilizable condicionaría el lugar de llegada. El proyecto SWIM de la NASA reúne observaciones de varias misiones para localizar hielo enterrado, especialmente en latitudes medias del hemisferio norte. Estas zonas permiten buscar un equilibrio entre disponibilidad de agua y temperaturas menos extremas.
Ahora bien, un mapa no garantiza que una máquina pueda extraer todo lo necesario. Por eso, antes de dimensionar una fábrica, habría que comprobar la profundidad, cantidad y accesibilidad del hielo en el terreno elegido.
También hay dificultades en el aire. La presión atmosférica marciana es inferior al 1 % de la terrestre al nivel del mar, de modo que recoger el CO₂ necesario implica mover y comprimir grandes volúmenes de gas.
Lo que consiguió MOXIE
Una parte del camino ya se ha probado sobre el terreno. MOXIE, el instrumento que viajó con el róver Perseverance, produjo 122 gramos de oxígeno en 16 operaciones. Alcanzó un máximo de 12 gramos por hora, según el balance publicado por la NASA en septiembre de 2023.
“Es viable extraer oxígeno de la atmósfera de Marte”, señaló entonces Pam Melroy, administradora adjunta de la agencia, al valorar sus resultados. El experimento funcionó bajo distintas condiciones a lo largo de un año marciano.
Su alcance, sin embargo, era limitado. MOXIE obtenía oxígeno del CO₂, pero no fabricaba metano ni incorporaba el sistema completo para licuar y almacenar la producción. Para abastecer un cohete habría que pasar de gramos a cantidades industriales.
La energía sostiene la fábrica
Un estudio publicado en 2025 y recogido en el repositorio técnico de la NASA analizó dos plantas hipotéticas. Sus objetivos eran producir 30 y 300 toneladas de metano y oxígeno en conjunto durante un año marciano, equivalente a unos 687 días terrestres.
Los autores compararon sistemas de fisión nuclear con paneles solares y baterías. También estudiaron cómo influyen el aislamiento y otros componentes en la masa y las necesidades energéticas. Se trata de un modelo de viabilidad, no de una instalación construida ni de un cálculo específico para llenar Starship.
En la práctica, aprovechar los recursos locales cambiaría lo que habría que transportar desde la Tierra. En lugar de llevar todo el producto terminado, sería necesario enviar equipos capaces de fabricarlo y mantenerlos funcionando. La disponibilidad de electricidad sería una condición básica.
El reto de guardar lo producido
Después de fabricar los gases quedaría convertirlos en líquidos y conservarlos a temperaturas extremadamente bajas. El calor que entra en los depósitos puede evaporar parte del contenido y elevar la presión. La NASA investiga sistemas de refrigeración activa para reducir estas pérdidas durante el almacenamiento.
La consecuencia para una misión es clara. La planta tendría que acumular suficientes reservas y conservarlas hasta el repostaje, además de producirlas al ritmo previsto. Ese funcionamiento conjunto es el que permitiría transformar una posibilidad química en una ruta de regreso.
El análisis de las plantas de producción fue publicado el 22 de julio de 2025 como resumen ampliado para el congreso ASCEND. Puede consultarse en el repositorio técnico oficial de la NASA.
Imagen: Alexander Hatley / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)







