La isla de Desecheo, en Puerto Rico, necesitó 10 años y dos campañas para quedar libre de ratas en 2017 y este año una pardela ha puesto el primer huevo en una caja nido

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Por HoyECO
Publicado el 13 de octubre de 2026 a las 18:45
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Vista de la isla de Desecheo, en Puerto Rico, desde el mar

En abril de 2017, un año después de la última campaña contra las ratas, un equipo de biólogos volvió a la isla de Desecheo, frente a la costa oeste de Puerto Rico, y repartió cientos de dispositivos de detección, entre ellos trampas, túneles de huellas, tablillas de mordeduras y cámaras con sensor de movimiento.

Tras diez días sobre el terreno y decenas de miles de fotografías revisadas, no apareció ni rastro de ratas negras (Rattus rattus), el objetivo que se perseguía desde que empezó a planificarse el proyecto en 2007.

«Con gran entusiasmo anunciamos este histórico logro de conservación: las operaciones para librar al refugio de Desecheo de las dañinas ratas invasoras son un éxito», declaró entonces Susan Silander, responsable del Complejo de Refugios Nacionales de Vida Silvestre de las Islas del Caribe del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS), en el comunicado difundido por Island Conservation.

Casi una década después, el boletín de julio de 2026 del Grupo de Trabajo sobre Aves Marinas del Caribe recoge más nidos de dos aves marinas y el primer huevo de pardela de Audubon en una caja nido artificial, aunque, como precisa el propio texto, «el huevo no era viable».

La mayor colonia de piqueros del Caribe

Desecheo es una isla escarpada de unas 117 hectáreas en el canal de la Mona, cubierta de bosque seco, cactus y pastizales. Según la revisión publicada en 2021 en Ecological Solutions and Evidence por José Luis Herrera-Giraldo y otros seis investigadores de Island Conservation y el USFWS, allí llegaron a estimarse hasta 15.000 piqueros pardos reproductores, y en 1927 se citaron unos 10.000 piqueros patirrojos.

Se calcula que las ratas llegaron con los europeos en el siglo XV, y a ellas se sumaron las cabras introducidas en 1788 y los gatos y macacos rhesus soltados en 1966, mientras la isla servía de campo de tiro y bombardeo en torno a la Segunda Guerra Mundial.

Desde 2008, cinco de las siete especies que criaban históricamente en Desecheo se consideran extinguidas como reproductoras, y las otras dos mantienen menos del 2 % de sus poblaciones históricas. El piquero pardo, escriben los autores, pasó «de 15.000 individuos reproductores (en 1931) a cero en solo 60 años».

Las especies introducidas dañan a las aves autóctonas de formas diversas, como hicieron los pájaros japoneses de ojos blancos que Hawái llevó en 1929, y en Desecheo actuaron por depredación y pérdida de hábitat.

Antes de ir a por las ratas, el USFWS y sus socios retiraron los gatos en 1987, las cabras en 2003 (la revisión de 2021 las sitúa en la isla hasta 2010) y dejaron a los macacos funcionalmente extinguidos entre 2009 y 2015, según el artículo técnico que David Will y sus colegas publicaron en 2019 en un volumen de la UICN. Las cabras, que también deterioraron la vegetación en la isla de Española, en Galápagos, habían degradado aquí el bosque nativo. Aun así, los autores advierten que la recuperación del ecosistema «no sería posible hasta que se eliminaran las ratas».

El intento de 2012 fracasó por la lluvia y el cebo

En marzo de 2012 un helicóptero esparció sobre la isla cebo con brodifacoum, un raticida anticoagulante, pero doce días después de la segunda aplicación apareció una rata viva junto al campamento.

La revisión posterior señaló como causas más probables «una disponibilidad inusualmente alta de alimentos alternativos derivada de unas lluvias superiores a la media, y una disponibilidad de cebo insuficiente», según Will y sus colegas. Los ensayos previos ya habían mostrado que los cangrejos ermitaños, con una densidad media de 696 por hectárea, y las hormigas se comían parte de los gránulos.

La segunda campaña cambió el reparto del cebo

En 2016 el equipo fijó antes puntos de decisión para seguir adelante o detenerse según las condiciones ambientales, y lanzó el cebo en dos aplicaciones separadas por 22 días, con una tasa objetivo de 34 kilos por hectárea y una dosis extra en acantilados y valles, para asegurar una cobertura suficiente en una isla con pendientes de entre 20 y 35 grados.

«Resulta tremendamente satisfactorio calificar este proyecto como un éxito», dijo en 2017 David Will, jefe de la operación de erradicación de 2016 en Island Conservation.

Otras restauraciones de islas tropicales, como la del atolón de Tetiaroa, en la Polinesia Francesa, también han incluido la retirada de ratas invasoras de varios islotes.

Las primeras señales de recuperación llegaron en 2017

«Registramos hechos poco probables en presencia de mamíferos invasores, posiblemente señales tempranas de recuperación», relató José Luis Herrera, de Island Conservation y responsable del viaje de confirmación, tras una primavera lluviosa en la isla.

El equipo documentó un nido de ostrero americano con dos huevos, dos pollos volanderos de cernícalo americano y hasta 30 piqueros pardos alimentándose cerca. Según Herrera, el sotobosque «rebosaba de lagartos endémicos y cangrejos terrestres». La isla alberga tres lagartos que no viven en ningún otro lugar, entre ellos el geco enano Sphaerodactylus levinsi.

El higo chumbo sigue catalogado como amenazado

Desecheo es uno de los tres refugios naturales del higo chumbo (Harrisia portoricensis), un cactus columnar endémico de Puerto Rico que solo crece de forma silvestre en Mona, Monito y Desecheo y que figura como especie amenazada desde 1990.

Higo chumbo (Harrisia portoricensis), cactus amenazado de Puerto Rico
El higo chumbo (Harrisia portoricensis), un cactus amenazado que solo crece en tres islas de Puerto Rico. Foto: Jan P. Zegarra / USFWS (dominio público)

La revisión quinquenal del USFWS de mayo de 2023 recoge una estimación de 550 ejemplares en la isla en 1994, apenas 5 en 2000 y 9 en 2006. En el censo de Island Conservation de 2017 aparecieron 73 plantas, 30 muertas y 43 vivas, frente a unos 59.000 ejemplares contados en Mona en 2013.

El USFWS concluye que el cactus sigue amenazado por las plagas de insectos y las enfermedades, la competencia de gramíneas invasoras y los huracanes. Como seguro, el Jardín Botánico de Naples, en Florida, guarda unas 62.200 semillas de frutos recogidos en Desecheo y Mona entre 2020 y 2021.

Altavoces y señuelos para atraer a las aves marinas

En febrero de 2018 el equipo instaló señuelos de plástico, espejos y sistemas de sonido con paneles solares que reproducen grabaciones de colonias reales durante 12 horas al día. En dos años se documentaron siete nidos de charrán embridado y la visita de una y dos pardelas de Audubon a un altavoz, el primer registro de la especie en la isla.

«Los esfuerzos de atracción social en Desecheo parecen una actividad viable que puede ayudar a la recolonización de las aves marinas», concluyeron los autores del estudio de 2021.

«Durante una visita al refugio de Desecheo en 2023 se encontró un único huevo en la base de un altavoz usado para la atracción social», explicó después Silmarie Padrón, responsable del Complejo de Refugios Nacionales de Vida Silvestre de las Islas del Caribe. El Laboratorio de Identificación de Plumas del Smithsonian confirmó que las plumas recogidas eran de pardela de Audubon, en el primer nido de la especie registrado en la isla.

El boletín de 2026, con información del USFWS, añade que ha aumentado la anidación del charrán embridado y de la tiñosa común, que se han observado nidos de pardela durante los últimos tres años y que este año se documentó el primer huevo en una de las cajas nido artificiales instaladas para la especie. «Aunque el huevo no era viable, este hito demuestra la eficacia de las estrategias integradas de restauración para las poblaciones de aves marinas en Desecheo», señala el texto.

Las iguanas y las tormentas frenan la recuperación

Según el estudio de 2021, en marzo de 2018 un temporal arrastró 29 de los 30 señuelos de charrán, y en una colonia de señuelos cerca del 86 % de las fotos captó iguanas verdes, una especie invasora registrada en la isla desde 2012.

También reconocen que no tuvieron zonas de control para comparar, que estas aves tardan entre 3 y 7 años en criar por primera vez y que las poblaciones regionales son pequeñas. Un huevo no viable tampoco equivale a un pollo, y el refugio mantiene un programa de bioseguridad para evitar que vuelvan los mamíferos invasores.

«La esperanza es lo último que se pierde; en unas pocas generaciones de aves marinas, puede que volvamos a ver las nubes negras de miles de aves marinas cubriendo de sombra esta isla tan especial», dijo Herrera en 2017.

La actualización más reciente se ha publicado en el boletín de julio de 2026 del Grupo de Trabajo sobre Aves Marinas del Caribe, difundido por BirdsCaribbean.

«Las aves marinas que anidan, por ejemplo, aportan nutrientes que favorecen la salud de los ecosistemas marinos y, de forma indirecta, del resto del planeta», resumió en 2024 Herrera-Giraldo, ya como jefe de proyecto de Island Conservation.

Imagen: USFWS / Wikimedia Commons

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