En 1912, cuando Andrómeda todavía se tenía por una simple nebulosa, los astrónomos ya habían detectado que se dirigía hacia nosotros. Más de un siglo después, un equipo de la Universidad de Pekín calcula que la Vía Láctea y Andrómeda tienen un 90 % de probabilidades de fusionarse en los próximos 10.000 millones de años.
La cifra, publicada este año en The Astrophysical Journal Letters, contrasta con el estudio que en junio de 2025 había rebajado esa probabilidad hasta cerca del 50 %. Andrómeda está a unos 2,5 millones de años luz y se acerca a nosotros a unos 110 kilómetros por segundo, casi 400.000 kilómetros por hora.
El cálculo de Pekín eleva la probabilidad al 90 %
El estudio lo dirigen Hao Wu, doctorando del Departamento de Astronomía de la Universidad de Pekín, y el profesor Huawei Zhang, con investigadores de la Universidad de la Academia China de Ciencias y de los Observatorios Astronómicos Nacionales de China. Reutilizaron el código público del equipo que firmó el trabajo de 2025 y lo alimentaron con datos nuevos.
El modelo incluye la Vía Láctea, Andrómeda (M31), el Triángulo (M33) y la Gran Nube de Magallanes, la mayor galaxia satélite de la nuestra. Con 20 parámetros observados y sus márgenes de error, el equipo generó 10.000 futuros posibles y siguió cada uno durante 10.000 millones de años.
En nueve de cada diez casos las dos grandes galaxias acaban unidas, con una fecha mediana de fusión de unos 6500 millones de años. «Nuestro resultado respalda, por tanto, la imagen anterior de que se espera que la Vía Láctea y M31 se fusionen en el futuro», escriben los autores.
El desplazamiento lateral de Andrómeda decide el choque
Que Andrómeda se acerque no basta para que haya colisión, porque todo depende de su velocidad transversal, es decir, de cuánto se desplaza de lado respecto a la línea que la une con nuestra galaxia. Cuanto menor es ese desplazamiento, más directo es el encuentro.
En 2012 las mediciones del telescopio espacial Hubble apuntaban a un movimiento lateral de solo unos 17 kilómetros por segundo. «Nuestros resultados son estadísticamente compatibles con una colisión frontal entre la galaxia de Andrómeda y nuestra Vía Láctea», declaró entonces Roeland van der Marel, del Space Telescope Science Institute de Baltimore.
El satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) complicó después ese cuadro, porque las estimaciones hechas con estrellas azules y rojas de Andrómeda diferían en unos 200 kilómetros por segundo.
Las supergigantes corrigen un sesgo de Gaia
El equipo de Pekín reunió estrellas supergigantes, tan luminosas que se distinguen incluso en galaxias vecinas, con espectros del telescopio chino LAMOST. Identificó 199 en Andrómeda y 84 en el Triángulo, y atribuyó el desacuerdo a diferencias sistemáticas entre dos tipos de soluciones astrométricas de Gaia (la astrometría mide la posición y el movimiento de las estrellas en el cielo).
Tras corregir esos desfases con cuásares lejanos como referencia, obtuvo una velocidad transversal de Andrómeda de 46,7 ± 24 kilómetros por segundo. Es un valor menor que el que usó el equipo de 2025 y, según los autores, hace la órbita entre ambas galaxias más radial.
La Gran Nube de Magallanes cambia de papel
El trabajo de 2025, dirigido por Till Sawala, de la Universidad de Helsinki, ejecutó 100.000 simulaciones con 22 variables y se publicó en Nature Astronomy. Su pieza clave era la Gran Nube de Magallanes.
«La masa adicional de M33, la galaxia satélite de Andrómeda, atrae a la Vía Láctea un poco más hacia ella. Sin embargo, también mostramos que la Gran Nube de Magallanes saca a la Vía Láctea del plano orbital y la aleja de Andrómeda», explicó Sawala en la nota de la NASA. «Eso no significa que la Gran Nube de Magallanes vaya a salvarnos de esa fusión, pero la hace un poco menos probable».
Con las velocidades revisadas, el estudio de Pekín obtiene el efecto contrario. La Gran Nube se funde con la Vía Láctea en una mediana de 1300 millones de años, siempre antes del primer encuentro con Andrómeda, y el retroceso que su masa provoca en nuestra galaxia vuelve la órbita todavía más radial.
Sawala ya subrayó que sus conclusiones no implicaban un error en los cálculos anteriores. «Cuando intentamos partir de los mismos supuestos, obtuvimos los mismos resultados. Simplemente hemos podido explorar un espacio de posibilidades mucho mayor», dijo en el comunicado de la Universidad de Helsinki.
Las fechas de 2012, 2019 y 2026 miden cosas distintas
La NASA hablaba en 2012 de un encuentro dentro de unos 4000 millones de años y de otros 2000 millones hasta completar la fusión. La previsión de unos 4500 millones procede de los datos de Gaia que la ESA difundió en 2019, y se refiere también al primer acercamiento.

En el modelo de Pekín, el primer paso cercano llega en una mediana de 5300 millones de años, a unos 94.000 años luz, y la fusión, hacia los 6500 millones. El equipo de Helsinki situaba la fecha más probable, en caso de unión, entre 7000 y 8000 millones de años.
Las estrellas de ambas galaxias no chocarían entre sí
Las dos galaxias están envueltas en enormes halos de materia oscura, una masa invisible que solo se detecta por su gravedad. En cada paso cercano, la fricción dinámica, un intercambio gravitatorio de energía entre esos halos, va reduciendo la separación.
«Por sí solas, la Vía Láctea y Andrómeda permanecerían en el mismo plano mientras orbitan una alrededor de la otra, pero eso no significa que tengan que chocar. Todavía podrían pasar de largo», explicó Sawala a la NASA en 2025.
«Las estrellas de las dos galaxias, incluido el Sol, no chocarán físicamente entre sí debido al enorme espacio que las separa», escribió en marzo Avi Loeb, director del Instituto de Teoría y Computación del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian. Loeb, que bautizó como «Milkomeda» a la futura galaxia en un artículo de 2007 con T. J. Cox, considera que el nuevo estudio restaura «a grandes rasgos la visión clásica».
Gurtina Besla, de la Universidad de Columbia, lo describió en 2012: «Los núcleos de las galaxias se fusionan y las estrellas se asientan en órbitas aleatorias hasta formar una galaxia de forma elíptica». Para entonces, según la nota de la NASA de 2025, que calcula que el Sol se apagará dentro de unos 5000 millones de años, nuestra estrella probablemente ya se habrá apagado.
Los autores admiten que el resultado aún no es definitivo
El propio equipo de Pekín reconoce que las mediciones actuales, «aunque favorecen una alta probabilidad de fusión, siguen sin ser concluyentes». Dentro del margen de error de dos sigmas en el movimiento de Andrómeda, la probabilidad oscila entre el 64,7 % y el 100 %.
Para cerrar el debate haría falta medir ese movimiento con un error de unos 2 microsegundos de arco al año o menos, entre tres y cuatro veces mejor que ahora. Los autores confían en el cuarto catálogo de Gaia, en el Hubble y en el futuro telescopio de la estación espacial china, el CSST.
«Es parte de la belleza del proceso científico que incluso los resultados ampliamente aceptados siempre puedan ser cuestionados y, posiblemente, revocados», dijo en 2025 Jehanne Delhomelle, de la Universidad de Toulouse, que participó en el trabajo de Helsinki. Sawala lo resumió así en la nota de la NASA: «La única manera de llegar a una nueva predicción sobre el destino final de la Vía Láctea será con datos aún mejores».
El estudio completo se ha publicado en The Astrophysical Journal Letters.
El resumen de la Universidad de Pekín señala que esta conclusión servirá de referencia para fijar los objetivos científicos del CSST.
Imagen: Adam Evans / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)











