Cinco orcas talladas en madera, con el tamaño y los contornos de cinco ejemplares reales que nadan en aguas noruegas, recibirán a quienes entren en The Whale, el museo de ballenas que se levanta en Andenes, en el extremo norte de la isla de Andøya (Noruega). Abrirá al público el 4 de junio de 2027 y sus entradas están a la venta desde el 22 de septiembre de 2026, según la empresa promotora, The Whale AS.
«The Whale no será un museo de historia natural tradicional, un museo de arte convencional ni un centro de experiencias al uso. Tampoco será una institución de investigación ni un centro de conocimiento, pero combinará lo mejor de este tipo de espacios y creará algo completamente nuevo», explicaba en 2020 Børre Berglund, entonces director general de The Whale AS, en una nota recogida por el medio noruego Bygg.no.
Andenes tiene ballenas durante todo el año
Andenes está unos 300 kilómetros al norte del círculo polar ártico, y a unos diez kilómetros de su costa el fondo cae hacia el cañón submarino de Bleik, al que en Noruega llaman Bleiksdjupet.
Allí las corrientes empujan hacia arriba agua fría y cargada de nutrientes, un fenómeno llamado afloramiento, que alimenta al plancton, a los peces y, al final de la cadena, a muchas ballenas, explica The Whale en su web.
Por eso se ven cachalotes en cualquier mes. Son machos que residen en la zona y bajan a cazar calamares; el cachalote, la mayor ballena dentada del mundo, puede alcanzar 18 metros de longitud y 45 toneladas, según el centro.
Andenes fue en 1988 el primer lugar de Noruega en organizar salidas para avistar ballenas y hoy recibe unos 50.000 visitantes al año con ese fin, siempre según The Whale.
El equipo de la exposición lo lideran el artista 3D Joakim Engel y la bióloga marina Hanne Strager, cofundadora del centro de ballenas de Andenes. «Me di cuenta de que, aunque no pudiera verlas, estaban en algún lugar debajo de mí, en el océano. Se estaban comunicando», recordaba Strager en 2023 en el pódcast Species Unite al evocar las llamadas de orcas que le llegaban por unos auriculares.
Un tejado de piedra que se puede recorrer
El edificio es obra del estudio danés Dorte Mandrup, que se impuso en el concurso de 2019. «Es poético y discreto y, al mismo tiempo, un edificio muy emocionante y poco habitual», dijo aquel año a Lonely Planet Berglund, que presidía el jurado.
Los arquitectos lo imaginan elevándose «como una suave colina sobre la orilla rocosa, como si un gigante hubiera levantado una fina capa de la corteza terrestre y hubiera creado una cavidad debajo».
«Una única lámina curva de hormigón forma la cubierta de The Whale», explica el estudio, que la proyectó cubierta de piedra de la zona; el centro habla ahora de pizarra noruega y vegetación local. «Gracias a esta forma parabólica, la estructura transmite las fuerzas a tres puntos de apoyo en las esquinas del edificio», lo que deja dentro una gran sala sin columnas.
Encima se podrá pasear. Visitantes y vecinos están invitados a subir para contemplar el archipiélago, el sol de medianoche reflejado en el océano o «la aurora boreal bailando en el cielo», según el texto del proyecto.
«Entrar en el edificio […] te da una sensación casi de catedral. El diseño del espacio y la vista panorámica hacia el océano son realmente únicos», afirmó el jefe del proyecto de construcción, Roger Pettersen, en una nota de prensa recogida por la revista Afar en septiembre de 2026.
Cinco orcas de madera y las 90 especies actuales
La zona A Killer Whale Family reúne a las cinco orcas, que el público podrá tocar, y en The First Encounter una escultura de ballena a tamaño real presentará su tamaño, sus sonidos y su comportamiento. «Estar entre sus aletas y posar las manos sobre sus lomos lisos es sentirse parte de su familia», escribe el centro al describir sus espacios expositivos.
La Species Gallery mostrará las 90 especies actuales de ballenas y recordará que sus antepasados se adaptaron al mar hace unos 50 millones de años, cuando perdieron el pelo y las patas traseras, como se contaba en la historia de las ballenas que caminaban a cuatro patas, un camino que delfines y orcas ya no podrían desandar.
Un corazón que puede bajar a dos latidos por minuto
La sala Under the Skin estará dedicada a la anatomía, con huesos, cráneos y barbas, las láminas flexibles con las que las ballenas sin dientes filtran el alimento. «Cientos de frascos contienen la sangre de una sola ballena», detalla el centro.
Un rincón permitirá sentir el ritmo lento del corazón de una ballena que bucea. Ese ritmo puede ser lentísimo, como mostró un trabajo de la Universidad de Stanford publicado en noviembre de 2019 en la revista PNAS, que registró por primera vez el pulso de una ballena azul en libertad, en la bahía de Monterey (California).
Durante las inmersiones, su corazón bajó a una media mínima de cuatro a ocho latidos por minuto, con un mínimo de dos, y en la superficie subió a entre 25 y 37, según la nota de la universidad.
«Los animales que funcionan en extremos fisiológicos pueden ayudarnos a entender los límites biológicos del tamaño», dijo entonces Jeremy Goldbogen, profesor adjunto de Biología en Stanford y autor principal del estudio.
Los cantos de las ballenas y el ruido de los barcos
Soundscape será una sala oscura con cantos de ballenas, sonidos del océano y luz. Algunas llamadas son tan graves que resuenan dentro del cuerpo y otras tan agudas que apenas se perciben, según el centro.
La agencia oceánica de Estados Unidos, NOAA, advierte de que el ruido humano puede «enmascarar sus llamadas, lo que les dificulta oírse entre sí», un problema descrito con las ballenas del estrecho de Gibraltar y que se sigue con hidrófonos como el de Monterey.
La sala Horizons proyectará un mapa con todos los océanos como una sola masa de agua, donde se cruzan las rutas migratorias y el tráfico marítimo. «Desde nuestra perspectiva puede que haya siete mares, pero desde la de una ballena solo hay uno», escribe el centro.
Lo que ocurre cuando una ballena muere y se hunde
Below the Surface recreará la vida bajo el agua, desde las ballenas que se lanzan sobre el krill o acorralan arenques hasta su muerte y su hundimiento hasta el fondo del mar.
Los biólogos llaman caída de ballena al cadáver que acaba en el fondo. Según NOAA, los carroñeros consumen los tejidos blandos en meses y el esqueleto «puede sostener comunidades ricas durante años o décadas». Sobre esos fondos los restos pueden acumularse durante muchísimo tiempo, como en el cementerio de ballenas que un sumergible chino encontró a 7000 metros en el Índico.
Lo que todavía falta por comprobar
El centro aún no ha abierto, y lo que se sabe de sus salas procede de The Whale y de sus diseñadores, Ralph Appelbaum Associates y Tamschick Media+Space. Las imágenes son recreaciones y la web avisa de que los horarios «pueden cambiar a medida que se acerque la fecha de apertura».
Las cifras de visitantes las aporta el propio centro, y el pulso de dos latidos por minuto corresponde a una sola ballena azul, así que no sirve como valor general para todas las especies.
Fechas, precios y avistamientos
«The Whale abre al público el 4 de junio de 2027», confirma su web, que promete abrir todo el año con horarios que variarán según la estación. La agencia alemana spot on news fecha la ceremonia oficial un día antes.
Las entradas para adultos parten de 540 coronas noruegas, unos 49,47 euros según el cálculo de Euronews, y las infantiles de 325 coronas, según Afar. Muy cerca del edificio está el faro de Andenes, que guía a los barcos desde 1859.
La nota de prensa sobre la venta de entradas se publicó el 22 de septiembre de 2026 en la web oficial de The Whale.
«The Whale va a generar con toda seguridad una gran atención, tanto nacional como internacional», decía en 2020 Kristian Adolfsen, uno de los propietarios del proyecto, que esperaba que pusiera Andøya «todavía más en el mapa como un destino que merece la pena visitar».
Imagen: Dorte Mandrup / MIR / The Whale (CC BY 3.0)













