Un submarino chino se sumerge a 7.000 metros en el océano Índico y encuentra un cementerio de ballenas con restos de hasta 5,3 millones de antigüedad

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Publicado el: 26 de junio de 2026 a las 20:42
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Restos fósiles de ballenas hallados por el submarino chino Fendouzhe en el cementerio de ballenas del océano Índico.

La mayor parte de las ballenas no muere en una playa ni ante las cámaras. Muere lejos, en mar abierto, y su cuerpo acaba descendiendo hasta el fondo del océano. Allí, donde no llega la luz y la comida escasea, una ballena muerta puede convertirse en un oasis de vida.

Ahora, un equipo internacional ha descrito el mayor y más profundo cementerio de ballenas conocido hasta la fecha. Está en la Zona de Diamantina, en el sureste del océano Índico, y se extiende unos 1200 kilómetros por el fondo marino, entre 4616 y 7001 metros de profundidad. Los científicos han documentado cinco caídas de ballena recientes y 476 restos fósiles, algunos con una antigüedad de al menos 5,3 millones de años. No es poca cosa.

Qué han encontrado

El hallazgo se produjo durante una expedición realizada en 2023 con el sumergible tripulado Fendouzhe, a bordo del buque de investigación Tansuoyihao. El equipo realizó 32 inmersiones para recorrer el eje de esta zona profunda y registrar los restos que aparecían en el fondo.

Lo que encontraron no fue un esqueleto aislado. Fue una acumulación enorme de restos de cetáceos, con cadáveres recientes y fósiles repartidos por una franja oceánica gigantesca. Según la Academia China de Ciencias, la densidad llegó hasta 759,5 individuos por kilómetro cuadrado en algunas zonas.

De ahí sale la cifra que más llama la atención. Peng Xiaotong, profesor del Instituto de Ciencia e Ingeniería de Aguas Profundas de la Academia China de Ciencias, explicó que «si esa cifra se extrapola a toda la zona, podría haber más de 10 millones de cadáveres de ballenas». Conviene subrayarlo bien. Es una estimación, no un recuento uno a uno.

Por qué hay tantas ballenas

La Zona de Diamantina parece reunir varias condiciones muy concretas. Está en una región profunda del Índico, con una topografía en forma de V que puede concentrar los cuerpos cuando se hunden. Es decir, el relieve actúa casi como un embudo natural.

Además, la zona podría ser un área importante de alimentación para los zifios, un grupo de ballenas de buceo extremo. Estos animales pueden bajar a grandes profundidades en busca de calamares y peces, pero esas inmersiones también tienen riesgos. La muerte natural, unida al esfuerzo de bucear tan abajo, pudo ayudar a alimentar este cementerio durante millones de años.

Hay otro detalle clave. En esa parte del fondo marino se acumula muy poco sedimento. Dicho de forma sencilla, los huesos no quedan enterrados tan rápido como en otros lugares. Por eso algunos restos han podido permanecer expuestos durante muchísimo tiempo.

Vida en plena oscuridad

Una ballena muerta no es solo un cadáver en el océano profundo. Es alimento, refugio y energía para animales que viven en uno de los ambientes más duros del planeta. En una zona donde cae poca materia orgánica desde la superficie, un cuerpo de varias toneladas cambia las reglas del juego.

Los investigadores encontraron gusanos comedores de hueso, estrellas frágiles, gasterópodos, crustáceos, moluscos y bivalvos capaces de vivir asociados a bacterias quimiosintéticas. En algunas zonas, la densidad de animales llegó hasta 2840 individuos por metro cuadrado. Imagínalo como una ciudad diminuta levantada sobre huesos de ballena.

Lo más llamativo es que muchas de esas especies podrían ser nuevas para la ciencia. El estudio señala que estas comunidades están muy especializadas y que algunas solo aparecían sobre huesos de ballena, no en los sedimentos cercanos. Y eso dice mucho sobre lo poco que conocemos aún del océano profundo.

Un archivo fósil bajo el mar

El cementerio de Diamantina no solo importa por la vida que mantiene ahora. También puede funcionar como un archivo fósil natural. Los restos analizados incluyen especies actuales de zifios y otras ya extinguidas, entre ellas una nueva especie descrita como Pterocetus diamantinae.

Para calcular la edad de los fósiles, los científicos usaron datación por isótopos de estroncio. Algunos restos dieron edades de hasta 5,26 millones de años, lo que sitúa estas caídas de ballena al menos desde el Plioceno temprano. En la práctica, esto permite mirar hacia atrás y estudiar cómo han cambiado estos cetáceos durante millones de años.

La conservación también tiene su explicación. Muchos fósiles proceden de hocicos de zifios, huesos especialmente densos y mineralizados. Esa dureza natural, unida a la baja sedimentación y a la acumulación de óxidos de hierro y manganeso, pudo protegerlos durante un tiempo difícil de imaginar.

Qué significa para el carbono

El hallazgo también tiene una lectura ambiental. Cuando una ballena muere y se hunde, parte del carbono que acumuló en vida baja con ella al fondo del mar. Allí puede quedar almacenado durante mucho tiempo, sobre todo si los restos se conservan o se integran en el sedimento.

La Academia China de Ciencias calcula que, si se asume una masa media de dos toneladas por zifio y un 25 % de lípidos, los cadáveres estimados en la Zona de Diamantina representarían unos 6,7 millones de toneladas de carbono secuestrado. La propia nota lo compara con unos 4700 años de «nieve marina» regional, esa lluvia lenta de partículas orgánicas que cae desde las capas superiores del océano.

Esto no significa que las ballenas muertas sean una solución mágica frente al cambio climático. Pero sí recuerda algo importante. El océano profundo participa en el ciclo del carbono de formas que todavía estamos empezando a medir.

Lo que falta por saber

El estudio deja una imagen fascinante, pero también muchas preguntas abiertas. ¿Cómo encuentran algunos animales un nuevo cadáver de ballena a cientos de kilómetros? ¿Cuántas especies desconocidas viven realmente en estos ecosistemas? ¿Hay otros cementerios parecidos bajo zonas como Sudáfrica, la península ibérica o las islas Crozet y Kerguelen?

Los autores creen que estas caídas de ballena podrían actuar como corredores de vida para comunidades quimiosintéticas del océano profundo. En otras palabras, cada cadáver funcionaría como una estación de paso en un territorio inmenso y oscuro. Suena extraño, pero en el fondo del mar la muerte puede ser una forma de conexión.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Nature.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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