Cada envío de bitcoins en 2021 costó, de media, 16.279 litros de agua. Es la cuenta que hizo Alex de Vries, economista y doctorando de la Universidad Libre de Ámsterdam (VU), sumando la electricidad de toda la red y el agua que hace falta para producirla. Con ese método, la huella hídrica de bitcoin llegó a 1.573,7 gigalitros en un año, un 166 % más que en 2020, y Kazajistán puso casi dos tercios.
El trabajo salió el 29 de noviembre de 2023 en Cell Reports Sustainability, una revista de Cell Press. En la nota de prensa, la editorial lo presentó como la primera estimación completa del agua de la criptomoneda y comparó cada operación con una piscina de jardín llena.
Centrales que evaporan agua
Según Cell Press, la red prueba unos 350 trillones de combinaciones por segundo para añadir cada bloque al registro compartido, y casi todas se descartan, porque «la respuesta correcta aparece cada 10 minutos», como resume De Vries. Ese trabajo pide electricidad, y las centrales de carbón y de gas evaporan agua para refrigerarse, igual que pierden agua los embalses de las hidroeléctricas. La refrigeración directa de las máquinas, que De Vries estima en Estados Unidos entre 8,6 y 35,1 gigalitros al año, es la parte pequeña de la cuenta.
De 591 a 1.573 gigalitros
El resumen del estudio da las cifras de dos años. En 2020 la red gastó 591,2 gigalitros, unos 5231 litros por transacción, y en 2021 llegó a 1.573,7 gigalitros (un gigalitro son mil millones de litros) y a 16.279 litros por operación. Cell Press añade que cada operación gasta unos 6,2 millones de veces más agua que un pago con tarjeta.
La cifra por envío no mide lo que gasta una operación concreta, porque sale de dividir la huella anual entre las transacciones registradas ese año.
En 2019, la Agencia Internacional de la Energía ya escribió en un análisis de George Kamiya que comparar por transacción «no tiene sentido» en redes como Bitcoin, cuya energía no depende de cuántas operaciones procesa.
Kazajistán pone casi dos tercios
Una figura del estudio reparte la huella de 2021 por países, con Kazajistán en cabeza con 997,8 gigalitros, seguido de Rusia (247,7), Canadá (81,8), Estados Unidos (70,9) y China (55,5).

El dato de Kazajistán depende del agua que el estudio asigna a cada kilovatio hora de su red. Cell Press recuerda que el país ya sufre escasez de agua y advierte de que la minería podría agravarla, así que importa tanto dónde funcionan las máquinas como de dónde sale su electricidad.
Para Estados Unidos, el estudio suma el agua de la electricidad y la de la refrigeración directa y obtiene entre 93,5 y 120 gigalitros al año, de los que Texas aporta entre 53,1 y 68,4. Según Cell Press, eso equivale al consumo de 300.000 hogares estadounidenses o de una ciudad como Washington D. C., y los reguladores de EE. UU. ya piden nuevas reglas para centros de datos y minería.
Inmersión o cambio de software
El estudio propone a los mineros la refrigeración por inmersión, que mete los equipos en líquidos que no conducen la electricidad, y el uso de fuentes que no gasten agua dulce, como la eólica y la solar. En refrigeración con menos agua hay otras vías, como el centro de datos submarino de China o las láminas del KIT y Tsukuba que usan el calor para enfriar.
Como tercera vía, De Vries plantea cambiar el software de Bitcoin para que la red pida menos energía y agua, porque lo de las renovables le convence menos. «¿De verdad quieres gastar energía eólica y solar en cripto?», se preguntó, ya que en muchos países esa energía es limitada y lo que se dedique a minar se cubrirá con fósiles en otro sitio.
Agua sin recalcular desde 2023
Los 16.279 litros son un promedio de 2021 y no valen tal cual para hoy. El propio estudio estimaba que, con datos de marzo de 2023, la huella anual podía llegar a 2.237 gigalitros.
El informe del Centro de Finanzas Alternativas de Cambridge de abril de 2025 habla de un 42,6 % de renovables y un 9,8 % de nuclear en la electricidad de la minería, aunque su encuesta solo cubría el 48 % de la potencia de cálculo mundial. Calcula que el consumo eléctrico de la red creció un 17 %, hasta 138 teravatios hora, pero no el agua.
Tampoco se mide el agua de cada granja, porque el cálculo de De Vries se apoya en dónde se mina y en el agua media que gasta la electricidad de cada país.
Foto: Marko Ahtisaari / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)









