Ningún volcán ni ningún río fabrica oro. El metal que hay en un anillo o en una placa de móvil se formó fuera del sistema solar, en algunos de los sucesos más violentos del universo. La pista más sólida llegó en agosto de 2017, cuando los observatorios detectaron el choque de dos estrellas de neutrones, un suceso catalogado como GW170817. Un equipo encabezado por Daniel Kasen analizó la luz de aquella explosión y concluyó en la revista Nature que estas fusiones pueden ser una fuente dominante de los elementos pesados del universo, el oro y el platino entre ellos.
Desde entonces, la respuesta corta a cómo se forma el oro es esa: en la colisión de restos de estrellas muertas. Lo que sigue explica el resto del viaje, de esa explosión a la mina, y cuánto queda.
Una fábrica de átomos que dura segundos
Las estrellas corrientes, como el Sol, fabrican elementos ligeros al fusionar núcleos en su interior. Esa cadena se detiene en el hierro. Para pasar de ahí hacen falta condiciones extremas: una lluvia de neutrones tan densa que los núcleos atómicos los absorben más rápido de lo que tardan en desintegrarse. Los físicos lo llaman proceso r, de captura rápida.
Una estrella de neutrones es justo eso, el núcleo aplastado de una estrella que explotó. Cuando dos de ellas giran una alrededor de la otra y acaban chocando, lanzan al espacio materia cargada de neutrones. Ahí se forman los elementos pesados en cuestión de segundos. Su desintegración radiactiva produce un brillo débil, la kilonova, y eso es lo que estudió el equipo de Kasen. Según su modelo, la luz de GW170817 encaja con la de una kilonova y delata dos tipos de material expulsado, uno rico en elementos del proceso r más ligeros y otro en los más pesados.

El choque se detectó primero por las ondas gravitacionales que delataron la colisión de estrellas de neutrones, pequeñas sacudidas del espacio que viajaron millones de años hasta los detectores. Fue la primera vez que se pudo ver y «oír» a la vez el nacimiento de estos metales.
Esos átomos se dispersaron por la galaxia y se mezclaron con el gas y el polvo del que, mucho después, nacieron el Sol y sus planetas. El oro de la Tierra estaba en esa nube inicial, como el uranio, un elemento pesado cuya radiactividad estudió Marie Curie, que descubrió otros elementos pesados como el radio.
Por qué se encuentra en filones y en ríos
Cuando la Tierra era joven y estaba fundida, el hierro se hundió hacia el centro y arrastró consigo buena parte de los metales pesados. Por eso el oro es tan escaso en la corteza terrestre, la capa fina donde podemos excavar.
El que sí está a nuestro alcance se concentró después gracias al agua. Los fluidos calientes que circulan por las grietas de la roca disuelven pequeñas cantidades de oro y lo depositan al enfriarse, a menudo junto al cuarzo. Así nacen los filones, las vetas que explotan las minas subterráneas y a cielo abierto.

Cuando esas rocas se erosionan, el oro, muy denso, se queda atrás en los lechos de los ríos mientras el agua se lleva la arena. Son los placeres, los yacimientos donde se ha usado la batea durante siglos. Esa mezcla de origen remoto y concentración por azar geológico lo pone en la lista de otros minerales muy escasos que solo aparecen donde coinciden varias condiciones.
Dónde se encuentra el oro hoy
China es el país que más oro saca de sus minas. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estima en su informe Mineral Commodity Summaries 2026 que la producción mundial rondó las 3.300 toneladas en 2025, frente a las 3.280 de 2024. China lideró con unas 380 toneladas estimadas, seguida de Rusia (310), Australia (280), Canadá (200) y Estados Unidos (160). Entre los cinco suman el 41 % del total.
Detrás vienen Ghana (150 toneladas), México (140), Kazajistán y Uzbekistán (130 cada uno), Perú (110) e Indonesia y Sudáfrica (90 cada uno). Brasil cierra la lista con 80. El resto del mundo aporta unas 1.000 toneladas más.
Las reservas, el oro que se sabe que existe y que se puede extraer de forma rentable, cuentan otra historia. Según el mismo informe del USGS, el mundo guarda unas 66.000 toneladas. Australia encabeza la lista con 13.000 toneladas y Rusia la sigue con 12.000, muy por delante de Sudáfrica (5.000), Indonesia (3.600), Canadá y China (3.200 cada uno) y Estados Unidos (3.000). Brasil, Kazajistán, Perú y Uzbekistán rondan las 2.200-2.500 toneladas.
China produce mucho más de lo que sus reservas harían pensar, y Sudáfrica, que fue durante décadas la gran potencia aurífera, conserva mucho más de lo que extrae hoy. España no aparece desglosada en la tabla del USGS.
Cuánto oro se ha sacado y cuánto queda
El World Gold Council, la asociación de la industria aurífera, calcula en su recuento de existencias que había unas 222.600 toneladas de oro extraído sobre la superficie a finales del segundo trimestre de 2026. Unos dos tercios se sacaron después de 1950.
Casi la mitad, unas 99.700 toneladas, está convertida en joyas. Los lingotes y monedas suman unas 47.800 toneladas y los bancos centrales guardan unas 39.000. Otros usos industriales reúnen unas 22.100 toneladas, y el resto se reparte entre mercados no organizados (unas 10.000) y fondos cotizados (unas 4.000).
Bajo tierra, el mismo organismo calcula unas 61.000 toneladas de reservas y unas 114.400 de recursos, una categoría más amplia que incluye yacimientos aún no rentables o poco estudiados. La cifra de reservas difiere de la del USGS (66.000) porque cada institución usa su propio método.
Para qué se usa
La joyería se lleva la mayor parte del oro que se consume cada año. El USGS reparte el consumo mundial así, sin contar los fondos cotizados: joyería, el 40 %; lingotes, el 24 %; bancos centrales, el 21 %; monedas y medallas, el 7 %; electrónica, otro 7 %, y otros usos, el 1 %.
En los aparatos electrónicos se aprovecha que no se oxida y conduce muy bien la electricidad, por eso aparece en conectores y contactos. Las cantidades por aparato son mínimas, pero sumadas pesan tanto como todas las monedas y medallas que se acuñan.
En HoyEco hemos seguido varios hallazgos recientes de este metal: el núcleo de la Tierra que filtra oro a la superficie, la «cocina de la Tierra» donde se produce el oro y cómo llega el oro a la superficie.











