El cempasúchil es Tagetes erecta, una planta de la familia Asteraceae (la misma de las margaritas y los girasoles). Es la flor naranja que llena altares, tumbas y mercados de México en el Día de Muertos. Su nombre viene del náhuatl cempohualxóchitl, «flor de veinte pétalos», según recoge Por Esto citando a la SADER y el SIAP. En 2025 México cosechó 14.594 toneladas, con un valor de 104,9 millones de pesos, y dos de cada tres salieron de Puebla, según las cifras de la DGSIAP que publicó Excélsior el 27 de octubre de 2026.
Esa es la respuesta corta. La larga va del campo al altar y de ahí al laboratorio donde se mide la luteína, el pigmento que le da el color.
Una flor para el regreso de los muertos
En las ofrendas, el cempasúchil cumple un papel concreto. Según la tradición, los pétalos sueltos marcan el camino que siguen las almas de los difuntos para volver a casa durante su visita anual. Por eso se ven senderos de pétalos desde la puerta hasta el altar, arcos de flores sobre las mesas con fotografías, velas, comida y bebida, y tumbas cubiertas de naranja en los cementerios.

La UNESCO inscribió esta celebración en 2008 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, aunque con un nombre más preciso que el popular: «fiestas indígenas dedicadas a los muertos». La ficha indica que ya había sido proclamada en 2003 y que en 2008 pasó a esa lista. Conviene precisar dos cosas que se repiten mucho y que la ficha oficial no dice. La primera es que el texto de la UNESCO habla de flores y pétalos, pero no nombra el cempasúchil, de modo que el reconocimiento es para la fiesta y no para la planta. La segunda es que tampoco fija días concretos: sitúa las celebraciones «a finales de octubre y principios de noviembre», coincidiendo con el cierre del ciclo anual del maíz.
Las fechas que maneja todo el mundo, el 1 y el 2 de noviembre, salen de la tradición. Coinciden con Todos los Santos y con el día de los Fieles Difuntos del calendario católico. En 2026 caen en domingo y lunes.

El naranja viene de los carotenoides
El color intenso del cempasúchil se debe a los carotenoides, la familia de pigmentos presente también en la zanahoria o en la yema del huevo. En los pétalos de Tagetes domina la luteína, sobre todo en forma de ésteres con ácidos grasos (luteína esterificada).
Un estudio publicado en la revista Foods en 2023, que analizó diez cultivares de Tagetes (resumen en PubMed), da una idea de lo mucho que varía la carga de pigmento. Los carotenoides totales iban de 25,62 microgramos por gramo de peso fresco en el cultivar Alaska a 2.723,11 en el Superboy Orange, que además fue el más rico en luteína. Los carotenoides más abundantes eran los diésteres de luteína, entre ellos el dipalmitato y el miristato-palmitato.
Puebla, la gran huerta del cempasúchil
La producción se concentra mucho. De las 14.594 toneladas de 2025 que recoge Excélsior a partir de la DGSIAP, Puebla puso 9.651 (el 66,1 %). Muy por detrás aparecen Hidalgo, con 1.200 toneladas, San Luis Potosí (996), Oaxaca (995) y Guerrero (800). Hay además un mercado aparte, el de la flor de corte, que se cuenta en manojos: según la misma información fueron 426.738, por valor de 27,8 millones de pesos, y Michoacán encabezó la lista con 182.772.
El cultivo es rápido. La planta necesita unos tres meses y medio antes de comercializarse, según Por Esto, y eso permite sembrarla para que esté lista en las semanas previas a la fiesta.
Son cifras de una fuente periodística que cita a la DGSIAP, y no conviene compararlas con las de años anteriores sin consultar antes el cierre agrícola del SIAP.
Del altar al gallinero, con matices
La luteína del Tagetes tiene una vida industrial que poco tiene que ver con las ofrendas. Es un pigmento valioso, y el mismo estudio de Foods mide los cultivares también por kilos de luteína por hectárea. El que más rindió fue el Durango Red, con 94,45 kilos por hectárea. Ese es el criterio de un cultivo industrial: lo que importa no es la flor, sino cuánto pigmento se puede extraer de cada parcela.
Uno de los destinos de ese pigmento es la alimentación animal. La Unión Europea autorizó los extractos de Tagetes erecta ricos en luteína como aditivo para piensos de aves de corral de engorde y ponedoras, salvo pavos, mediante el Reglamento de Ejecución (UE) 2020/1097, que se ha modificado después. Es un aditivo colorante: sirve para dar color a la yema y a la piel de las aves.
Aquí conviene matizar la idea de que las gallinas «comen flores de muerto». Lo que llega al pienso es un extracto, no la flor del altar. Son plantas del mismo género que el cempasúchil de las ofrendas, pero se cultivan para otro fin y con otros criterios. La luteína extraída de estas flores también se usa en suplementos alimenticios.
El cempasúchil en España
En España la planta no es ninguna desconocida, aunque casi nadie la llama por su nombre mexicano. En viveros y floristerías se vende como tagete, clavel de Indias o clavel moro, y es habitual en macetas y arriates de verano. Las guías de jardinería la tratan como una planta de temporada cálida, que pide sol y no aguanta las heladas, así que a finales de octubre ya no es momento de sembrarla en el exterior. Quien quiera tenerla en flor tendrá que esperar a la primavera de 2027.
Su papel en los cementerios españoles tampoco tiene nada que ver con el mexicano. Aquí el 1 de noviembre lo dominan los crisantemos de los cementerios españoles, y el naranja del cempasúchil se ve sobre todo en las ofrendas que montan las comunidades mexicanas.








